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La inteligencia emocional y las emociones de género / Tribuna Feminista / Mujeres para la salud

Creado Domingo 03 de Diciembre de 2017 por Ana Mary Risso Ramos
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La inteligencia emocional y las emociones de género

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Por: Tribuna Femenina

Las emociones son una respuesta natural de nuestro cerebro a las situaciones que día a día vivimos. Cambiantes en función de lo que experimentemos en un momento dado, en ocasiones las personas tenemos dificultades a la hora de reconocerlas y gestionarlas. Ésta es la capacidad que se conoce como inteligencia emocional, una capacidad que, como afirma Pilar Farelo, facilitadora del Taller de Inteligencia Emocional en un balneario que organiza la Asociación Mujeres para la Salud, “requiere de práctica y entrenamiento para su adecuado desarrollo”. Reconocer y gestionar las emociones se complica aún más cuando entran en juego las llamadas emociones de género.

Precisamente es en torno a cómo las mujeres manejamos nuestra inteligencia emocional y cómo nos relacionamos con determinadas emociones sobre lo que gira la actividad que propone Mujeres para la Salud para el puente de diciembre. Una actividad realmente completa en la que las mujeres asistentes aprenderán a trabajar y entender las emociones que no se permiten experimentar por su educación de género y la forma en que han aprendido a ser mujeres, iniciando un proceso de sanación de sus cargas emocionales y adquiriendo herramientas y habilidades que minimizarán la creación de nuevas cargas futuras.

La actividad, además, se desarrolla en un hotel balneario y el taller de inteligencia emocional se complementará con los tratamientos termales y una estancia todo incluido para que las mujeres no tengan que preocuparse por nada durante los cinco días de duración, que ya en bastantes cosas tenemos que pensar durante el resto del año. Una experiencia completa que conduce de manera inevitable a un camino de autocuidados y renovación.

Pero ¿por qué es tan importante el adecuado desarrollo de la inteligencia emocional?

Pilar Farelo, experta en inteligencia emocional, nos contesta.

Comienza su explicación recordando la definición de inteligencia emocional que realizó Daniel Goleman: “la capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones para dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, logrados y compartirlos con los demás”. No siempre resulta fácil reconocer las emociones, de ahí que a veces, por ejemplo, no sepamos reconocer si estamos más tristes o más enfadadas y, sobre todo, resulta difícil aceptarlas y expresarlas de un modo adecuado.

“Las emociones no son positivas ni negativas”, forman parte del sentir humano. Algunas, como por ejemplo la alegría, producen un estado de ánimo agradable, mientras que otras, como el enfado, la tristeza o el miedo, se experimentan con malestar y desagrado. “Las emociones aparecen y desaparecen, se reciclan. Pero cuando no se saben manejar, cuando se bloquean o se cronifican, generan daño, pueden ser destructivas.”

Una de las razones por las que las personas bloqueamos nuestras emociones es precisamente la educación de género que recibimos. Entran aquí en juego las llamadas emociones de género, que son emociones que “se aprenden a expresar o a inhibir en el aprendizaje de género y la interiorización de los mandatos sociales”. Por ejemplo, a las mujeres se nos enseña, durante los primeros años de vida, a inhibir la rabia y el enfado, por ser emociones que están mal vistas en nosotras, y a manifestar con facilidad el miedo y la tristeza. “Pero con frecuencia el miedo y la tristeza ocultan la cólera, que si no manifestamos hacia fuera podemos hacerlo contra nosotras mismas, comenzando un proceso de autodestrucción”, advierte la facilitadora del Taller de Inteligencia Emocional en un balneario de Mujeres para la Salud.

Porque, afirma, “manejar de forma inadecuada e inhibir las emociones puede provocar las denominadas cargas emocionales”, definidas como “heridas emocionales infectadas que se quedan almacenadas en el cuerpo emocional”.

La importancia de trabajar la inteligencia emocional

Por eso, trabajar y entrenar la inteligencia emocional supone “iniciar un proceso de sanación de las cargas emocionales, así como adquirir herramientas y habilidades que minimicen la creación de nuevas cargas de cara al futuro”. Desarrollar una adecuada inteligencia emocional “supone, en definitiva, el aprendizaje de una nueva forma de vivirnos y colocarnos en el mundo”.

No son pocas las ventajas de desarrollar una adecuada y completa inteligencia emocional. Supondrá un fomento “de la autoestima, el equilibrio emocional, las relaciones armoniosas y el bienestar psicológico”. Además, la inteligencia emocional proporciona, también, estrategias de defensa positivas ante la tensión y el estrés.

“Un buen conocimiento emocional favorece nuestro propio autoconocimiento, ayudándonos a aumentar la confianza en nosotras mismas. Si sabemos cómo nos sentimos, sabremos cómo tratarnos”, afirma Pilar Farelo.

También es importante trabajar la inteligencia emocional en grupo, tal y como propone la Asociación Mujeres para la Salud con su Taller de Inteligencia Emocional. Porque la inteligencia emocional no sólo “mejora las relaciones interpersonales, favoreciendo la creación de redes de apoyo, tan necesarias en nuestras vidas” y por tanto nos permitirá “conocer y entender tanto nuestras emociones como las de las personas que nos rodean”, lo que nos ayudará “a manejar de forma más eficaz los conflictos”, sino que además, al entrenarlas en grupo y en compañía de otras mujeres, “se crea un espacio de sororidad que dará paso a la creación de redes de apoyo y de familias afectivas, permitiendo en algunos casos salir del aislamiento”.

Y si encima el trabajo de la inteligencia emocional se realiza en un entorno como el del balneario de Ourense, a orillas del río Miño, se acompaña de fantásticos tratamientos termales y de relajación, y se complementa con que durante cinco días no tengamos que pensar en nada más que en nosotras mismas y en querernos… ¿qué mejor plan puede haber?

Las emociones son una respuesta natural de nuestro cerebro a las situaciones que día a día vivimos. Cambiantes en función de lo que experimentemos en un momento dado, en ocasiones las personas tenemos dificultades a la hora de reconocerlas y gestionarlas. Ésta es la capacidad que se conoce como inteligencia emocional, una capacidad que, como afirma Pilar Farelo, facilitadora del Taller de Inteligencia Emocional en un balneario que organiza la Asociación Mujeres para la Salud, “requiere de práctica y entrenamiento para su adecuado desarrollo”. Reconocer y gestionar las emociones se complica aún más cuando entran en juego las llamadas emociones de género.

Precisamente es en torno a cómo las mujeres manejamos nuestra inteligencia emocional y cómo nos relacionamos con determinadas emociones sobre lo que gira la actividad que propone Mujeres para la Salud para el puente de diciembre. Una actividad realmente completa en la que las mujeres asistentes aprenderán a trabajar y entender las emociones que no se permiten experimentar por su educación de género y la forma en que han aprendido a ser mujeres, iniciando un proceso de sanación de sus cargas emocionales y adquiriendo herramientas y habilidades que minimizarán la creación de nuevas cargas futuras.

La actividad, además, se desarrolla en un hotel balneario y el taller de inteligencia emocional se complementará con los tratamientos termales y una estancia todo incluido para que las mujeres no tengan que preocuparse por nada durante los cinco días de duración, que ya en bastantes cosas tenemos que pensar durante el resto del año. Una experiencia completa que conduce de manera inevitable a un camino de autocuidados y renovación.

Pero ¿por qué es tan importante el adecuado desarrollo de la inteligencia emocional?

Pilar Farelo, experta en inteligencia emocional, nos contesta.

Comienza su explicación recordando la definición de inteligencia emocional que realizó Daniel Goleman: “la capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones para dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, logrados y compartirlos con los demás”. No siempre resulta fácil reconocer las emociones, de ahí que a veces, por ejemplo, no sepamos reconocer si estamos más tristes o más enfadadas y, sobre todo, resulta difícil aceptarlas y expresarlas de un modo adecuado.

“Las emociones no son positivas ni negativas”, forman parte del sentir humano. Algunas, como por ejemplo la alegría, producen un estado de ánimo agradable, mientras que otras, como el enfado, la tristeza o el miedo, se experimentan con malestar y desagrado. “Las emociones aparecen y desaparecen, se reciclan. Pero cuando no se saben manejar, cuando se bloquean o se cronifican, generan daño, pueden ser destructivas.”

Una de las razones por las que las personas bloqueamos nuestras emociones es precisamente la educación de género que recibimos. Entran aquí en juego las llamadas emociones de género, que son emociones que “se aprenden a expresar o a inhibir en el aprendizaje de género y la interiorización de los mandatos sociales”. Por ejemplo, a las mujeres se nos enseña, durante los primeros años de vida, a inhibir la rabia y el enfado, por ser emociones que están mal vistas en nosotras, y a manifestar con facilidad el miedo y la tristeza. “Pero con frecuencia el miedo y la tristeza ocultan la cólera, que si no manifestamos hacia fuera podemos hacerlo contra nosotras mismas, comenzando un proceso de autodestrucción”, advierte la facilitadora del Taller de Inteligencia Emocional en un balneario de Mujeres para la Salud.

Porque, afirma, “manejar de forma inadecuada e inhibir las emociones puede provocar las denominadas cargas emocionales”, definidas como “heridas emocionales infectadas que se quedan almacenadas en el cuerpo emocional”.

La importancia de trabajar la inteligencia emocional

Por eso, trabajar y entrenar la inteligencia emocional supone “iniciar un proceso de sanación de las cargas emocionales, así como adquirir herramientas y habilidades que minimicen la creación de nuevas cargas de cara al futuro”. Desarrollar una adecuada inteligencia emocional “supone, en definitiva, el aprendizaje de una nueva forma de vivirnos y colocarnos en el mundo”.

No son pocas las ventajas de desarrollar una adecuada y completa inteligencia emocional. Supondrá un fomento “de la autoestima, el equilibrio emocional, las relaciones armoniosas y el bienestar psicológico”. Además, la inteligencia emocional proporciona, también, estrategias de defensa positivas ante la tensión y el estrés.

“Un buen conocimiento emocional favorece nuestro propio autoconocimiento, ayudándonos a aumentar la confianza en nosotras mismas. Si sabemos cómo nos sentimos, sabremos cómo tratarnos”, afirma Pilar Farelo.

También es importante trabajar la inteligencia emocional en grupo, tal y como propone la Asociación Mujeres para la Salud con su Taller de Inteligencia Emocional. Porque la inteligencia emocional no sólo “mejora las relaciones interpersonales, favoreciendo la creación de redes de apoyo, tan necesarias en nuestras vidas” y por tanto nos permitirá “conocer y entender tanto nuestras emociones como las de las personas que nos rodean”, lo que nos ayudará “a manejar de forma más eficaz los conflictos”, sino que además, al entrenarlas en grupo y en compañía de otras mujeres, “se crea un espacio de sororidad que dará paso a la creación de redes de apoyo y de familias afectivas, permitiendo en algunos casos salir del aislamiento”.

 

 #SaludFemenina #EstereotiposDeGénero #Sexismo

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