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La Mujer Venezolana como Líder/Patricia Bracho

Creado Lunes 21 de Enero de 2019 por Aixa Armas
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Mercedes La Rosa de Cuenca Nació en Caracas el 17 de Octubre de 1922 y falleció el 18 de Diciembre de 1999. Fundadora y primera presidenta del Club de Bonsai de Venezuela que hoy se conoce como Sociedad Venezolana de Bonsai. Coautora, junto con Milagros Rauber del libro “El Bonsai en Venezuela”. Representante internacional del Garden Club de Venezuela y del bonsái venezolano. Galardonada nacional e internacionalmente en arreglos florales y bonsai. 

 

Al momento de presentarse la oportunidad de seleccionar una persona que representara lo femenino en su porte y sus funciones se me vino a la mente mi abuela,  a la que los nietos llamábamos “Yeya”. Para mí era una mujer polifacética y distinguida. Aún sin estudiar una carrera universitaria realizó cursos de auxiliar de enfermería, arte, diseño, botánica, cultura en literatura y cine, sin detenerse en su avidez de conocimiento estudió historia del arte en la Universidad de la Tercera Edad. Una mujer de quien sus hijos se refieren como una maravillosa madre y maestra. Al preguntarle a su hermana, hijos, nietos, y sobrina palabras que la definan surgieron términos como: encantadora, organizada, “De avanzada”, serena, equilibrada, inteligente, íntegra, dignidad, solidaridad, discreta, controlada, sensible, elegante y sumamente apegada a las convenciones sociales. Era una mujer con una particular sensibilidad y aprecio por la belleza, a lo cual le daba mucho valor tanto en sí misma, como en la naturaleza y en las demás personas. Entre las múltiples actividades que realizó dictó clases de etiqueta, de bonsái y arreglos florales y ejerció como auxiliar de enfermería. Tanto ella como su casa siempre estaban impecables.

 

Cada elemento tenía un lugar preciso según su utilidad y la frecuencia de su uso. Era una persona para quien el compartir en familia era muy importante y de cada uno se sentía orgullosa. Por ello unía hijos y nietos con frecuencia, enseñando el valor de la familia. Lo que más valoraba en una persona era la honestidad, la sinceridad y el buen juicio.  Se casó por primera vez con Fernando Polanco en 1942, de quien tuvo 2 hijas: Beatriz y Thaïs (mi madre). En 1947 fallece Fernando Polanco en un accidente de tránsito. El ser viuda a una edad tan temprana, con 2 niñas de 3 y 4 años, la fortaleció y le enseñó a luchar, esto la convirtió, en palabras de su hermana, en una persona que “sabe estar hasta en los momentos más difíciles de su vida”, en una persona con mucho tesón, en la cual muchos pudieron a poyarse.  Decide irse a vivir a EE.UU. con sus 2 niñas, regresando a los 4 años y medio a Caracas, momento en el que conoce a Fernando Cuenca quien le brindó apoyo en este período tan difícil de su vida, contrayendo segundas nupcias en el año 1952 y con quien tuvo tres hijos. Fernando, y los morochos Carolina y Alberto.   

 

En los inicios de la década de los 70´s el arte del bonsái era desconocido en Venezuela y comenzaron a llegar maestros japoneses para dictar talleres y clases magistrales para principiantes. Ella era una persona muy creativa, a quien le gustaban mucho las plantas, por lo que cada año se inscribía en los talleres, así como también viajó en varias oportunidades a Japón para realizar cursos.  Pertenecía al Garden Club de Venezuela y lo representó internacionalmente en múltiples oportunidades, obteniendo premios nacionales e internacionales.

 

Al momento de recibir los premios y galardones su discreción no le permitía expresar la noticia, por lo que sus hijos y nietos la recibíamos siempre de quien la acompañaba a cada evento. Es por esta razón que hoy en día ninguno maneja fechas y lugares exactos de tales reconocimientos. Un grupo del Garden Club se interesó por el arte del bonsái y darlo a conocer en el país. Ella decidió entonces reunir a  Luisa de Corao, Carmen Sanabria, Argenis y María Rojas, Evas de Wale, entre otros para fundar un club de Bonsai en el que se realizaran exposiciones, talleres y demostraciones. De esta manera surge la idea. Con el proyecto en mente, le comenta la idea a su yerno Arq. Oscar Bracho (mi padre) quien tuvo la oportunidad de conseguir un terreno en concesión y posteriormente diseña la sede, ubicada en la urbanización El Cafetal, y al cual actualmente se conoce como Sociedad Venezolana de Bonsai. Una vez creado y fundado el Club de Bonsai de Venezuela fue nombrada su primera presidente durante 5 años. “La Sociedad Venezolana de Bonsai -SVB- es una institución sin fines de lucro que fue fundada el 14 de Mayo de 1976, en Caracas, Venezuela. Es la primera Sociedad de su tipo creada en Latinoamérica. Nuestros objetivos primordiales son divulgar las técnicas para el cultivo del Bonsai y sensibilizar a la comunidad en cuanto a la protección de las plantas y la naturaleza. En la programación anual de la SVB  destacan los cursos y talleres como principal actividad, además de las demostraciones y exposiciones.

 

Contamos con un grupo de instructores experimentados, entusiastas de la enseñanza y promoción de esta práctica varias veces centenaria” (bonsaivenezuela.org) Una vez creado el Club de Bonsai, e iniciados los cursos y talleres en el mismo, se percata que no existe literatura acerca del Bonsai en el idioma castellano para el momento, planteándose la necesidad del uso de las especies arbóreas nacionales, las cuales eran muy distintas a las de Japón. Su hija Beatriz le presenta a Milagros Rauber y en conjunto escriben el libro “El Bonsai en Venezuela” plasmando en este todas las experiencias sobre bonsái, tratando  más de 20 estilos de bonsái, diferentes técnicas para su entrenamiento y más de 100 especies botánicas experimentadas en el campo del bonsái. El libro se termina de imprimir en 1984 para su primera edición.  Era una persona muy solidaria, dispuesta a ayudar cuando la necesitaban. Sabía aceptar y comprender a las demás personas, enseñándoles a creer en sí mismas. Su tesón, fortaleza, integridad, su dedicación y constante entrega a su pasión y motivación en autoaprendizaje, su orden, pulcritud y elegancia dejaron huella en todos aquellos que la conocieron… así también su excesivo apego a las convenciones sociales dejó huella en quien decidiendo librarse de ellas pudo convertirse en una persona original y distinta al común denominador de la sociedad. 

 

Habiendo cultivado 300 especies venezolanas a lo largo de su vida, su legado quedará para siempre en la primera institución de su estilo que hace valer y da a conocer el arte milenario del cultivo del bonsái en Venezuela, y en su libro, fuentes ambas de cultura, conocimiento y arte para el país.

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