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Los derechos de la mujer (III)/Angel Rodríguez Guerro/El Tiempo

Creado Sábado 30 de Mayo de 2015 por Aixa Armas
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Más peligroso sería que se estuviera pensando que el género designa a una forma bien determinada de concebir a la mujer y a su rol en el mundo, forma a la cual todas las mujeres del mundo deberían tender. En otras palabras, se estaría proponiendo un modelo de mujer producido en alguna cultura particular y al que deberían adaptarse todas las personas de sexo femenino de la tierra. Si se tratara de esto, nos hallaríamos enfrentados por una forma solapada de imperialismo cultural. Un cierto tipo de mujer que se da en los países industriales -y ni siquiera todas las mujeres de esos países, sino una variedad de ellas- con sus ideas, su modo de sentir y de concebir su rol en la vida, se estarían proponiendo o más bien imponiendo a todas las mujeres del mundo. 


Percibimos que  hay una pérdida del sentido de lo humano. El documento comentado en estas tres columnas de los sábados anteriores, está construido en una clave desembozadamente individualista. La sociedad en la que se piensa es la de la promoción del individuo-mujer, no de la mujer-persona, el individuo-mujer que pertenece  a una muchedumbre o multitud de otros individuos-mujeres y no a la comunidad humana. 


¿Qué ha cambiado desde el documento de Beijing hasta hoy, en relación con la dignidad del matrimonio? Esta separación entre género y sexo ha llevado a que muchos países acepten las uniones entre personas del mismo sexo como instituciones equivalentes al matrimonio tradicional. Estas instituciones no pueden ser familias, primero porque pueden, -como se dice ahora en términos modernos-: tener sexo;  pero lo que no pueden es generar  hijos, podrán adoptarlos, podrán ir a los bancos de semen u óvulos congelados y comprarlos y pedirle a un laboratorio que los fecunde en una probeta y más tarde alquilar un útero al que pagándole una cifra les lleve el embarazo a término pero nunca será hijo de ellos.


Es verdad que seguiremos tratando a estos hijos que nacen industrialmente como seres humanos y como hijos de Dios. El problema no está ahí, el problema aparecerá cuando esa criatura pregunte por su padre y su madre y haya que responderle: la probeta es tu madre y tus padrinos los técnicos del laboratorio. Si ya es un destrozo psicológico, en todos los casos, para un niño pequeño que su padre o su madre o incluso los dos le abandonen, que será para ese que nunca podrá saber quienes son sus padres. ¿Acaso no es derecho de todo niño, tener  una familia, la paz de un hogar, el amor de sus padres y de sus hermanos, crecer sin complejos, sin traumas porque sus padres lo quisieron antes, incluso,  de ser concebido? ¿No es esto elevar la vida humana de calidad al entregarle al hijo lo más y nunca el menos como en el caso de las uniones entre homosexuales o lesbianas?. ¿Es suficiente un “no lo deseo para abortarlo”  o “un lo deseo para ir al mercado de óvulos, espermatozoides o úteros para comprarlo?. (O)  

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