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Lo Académico del Feminismo /Román J. Duque Corredor*/Revista Mujer Analítica

Creado Miércoles 19 de Agosto de 2015 por Aixa Armas
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Las profesoras de la Universidad de las Islas BalearesEsperanca Bosch Fiol, Victoria Ferrer Pérez, Teresa Riera Madurell y Rosamaría Alberdi Castell, cuando se les pregunta  ¿qué quieren las mujeres, si  ya se les reconoce la igualdad de derechos  a la educación, al trabajo digno y remunerado, al voto, y el derecho a la ciudadanía?,  y a  ¿dónde quieren llegar?, responden: “lo queremos todo y queremos llegar donde nuestras capacidades nos permitan”. La razón de su respuesta obedece a una cuestión de principios en el sentido que el hecho de haber nacido con un determinado sexo biológico no las hace diferentes en cuanto las posibilidades del desenvolvimiento de su personalidad, de la misma manera que no debe representar impedimento alguno la raza, el color de piel o las creencias.  Este derecho  se consagra en Venezuela en el artículo 20 de  su Constitución en los siguientes términos: “Toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad, sin más limitaciones que las derivan del derecho de las demás y del orden público y social”.  Derecho este que es inherente a las personas independientemente de su sexo, y el cual es suficiente para que las mujeres  tengan el pleno ejercicio de todos los derechos que corresponde a los seres humanos y por tanto, de participar en las diferentes responsabilidades sociales, culturales y políticas, según sus capacidades.  No obstante, tradicionalmente se creyó que son solo consagrar el principio de la igualdad formal ante la ley las mujeres tenían iguales derechos que los hombres cuando tal igualdad era inexistente o limitada en la realidad al establecer las leyes discriminaciones o diferencias respecto de la participación de las mujeres en los niveles del poder, simplemente por razones biológicas, con el pretexto de proteger la maternidad o la naturaleza reproductiva de la mujer.   Por  tanto, fue necesario elaborar argumentaciones y razones para que esas limitaciones en las estructuras políticas, sociales y económicas contra las mujeres fueran eliminadas, dando lugar a un conocimiento o ciencia del feminismo como manifestación del libre desenvolvimiento de la personalidad para influir en lo jurídico, de modo que en el orden normativo no se considere la participación de la mujer en las estructuras de la sociedad como excepcional o extraordinario o secundario. Tal ciencia implica  no solo revisar el conocimiento y la cultura dominante mediante estudios sistemáticos, sino también la denuncia de las discriminaciones sexistas.  Es así, entonces, como surgen los estudios sobre las mujeres, o “el feminismo científico o académico”, cuando profesores y  profesoras universitarios desde diferentes áreas del conocimiento, crearon cursos sobre la realidad de las mujeres y sus  aspiraciones y se congregaron o agregaron  a los movimientos de liberación de las mujeres y por  la lucha por los derechos civiles.  Por ello, el feminismo social o emancipador va de la mano con el feminismo académico. Este feminismo académico acogió el principio de que su objeto no es de preparar a las mujeres  a ser buenas madres y esposas sino el de formarlas como ciudadanas. La  universidad de San Diego State fue la primera que estableció oficialmente un programa de estudios de mujeres en EEUU en 1970.  En España, a partir de 1975, se iniciaron doctorados con una clara orientación feminista, y empezaron a organizarse y a crearse instituciones universitarias  de Estudios Feministas en las universidades  Complutense de Madrid, de Valencia y de    Granada; así como seminarios permanentes de estudios de mujeres o estudios de género, en otras universidades españolas, consolidándose el feminismo académico español. 

 Como materia del feminismo académico se comprende tanto en el campo docente como de investigación, la violencia de género y la discriminación de la mujer, la valorización social, jurídica y económica del trabajo de la mujer en el hogar, la protección de la madre trabajadora, la mujer y salud, el trabajo de las mujeres como cuidadoras, o en su función como transmisoras de estilos de vida saludables y de enlaces con el sistema sanitario y  las diferencias que el género produce en las formas de prestar atención sanitaria y el análisis del impacto de las nuevas tecnologías desde una perspectiva de género. Y como un capítulo importante las materias de la paridad de género y la representación política de la mujer y su participación en el poder político y su capacitación para su empoderamiento social.

En Venezuela,  el feminismo académico se enseña y se investiga en universidades, como en La Universidad Central de Venezuela, a través del Centro de Estudios sobre la Mujer,  en la Universidad Monte Ávila en sus diplomados y en la UCAB, como parte de los trabajos de su Centro de Derechos Humanos. Al igual que en la actividad  extra cátedra de organizaciones, como Mujer y Ciudadanía, que combina el activismo feminista con el feminismo académico, sobre el modelo de “Mujer Analítica”. La elevación del  nivel científico, a través de especialistas, docentes e investigadores y de promotores de su contenido, es clave para el reforzamiento del feminismo desde el punto de vista social, político e ideológico.

 *Ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia y Presidente de la Fundación Alberto Adriani.

Colaboración especial para Mujer y Ciudadanía

@romanjoseduque 

duquedeprado@gmail.com

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