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La Gramática y la Igualdad de Género /Román J. Duque Corredor*

Creado Miércoles 02 de Septiembre de 2015 por Aixa Armas
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Los sustantivos en la lengua española son masculinos o  femeninos.  Es decir,  dos géneros gramaticales.  Lo corriente es que exista una forma específica para cada uno de los dos géneros, según una distinción biológica de los sexos. Así se distingue el género de uno u otro sexo  por el uso de sufijos  distintivos del  género a una misma raíz lingüística, como, por ejemplo,  doctor o doctora profesor o profesora. Y también se distinguen  por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo, o heteronimia,  como hombre o mujer, hijo o hija o yerno o nuera.  Pero hay   casos en que en la lengua española se utiliza un solo vocablo para referirse a ambos sexos,  como los que se denominan "sustantivos comunes en cuanto al género", es decir, los que se refieren de misma manera para los dos sexos y en donde  el sexo  del sustantivo lo distinguen los artículos o   los adjetivos por su  variación genérica. Así,  el artículo el o  la  aplicados al mismo vocablo pianista; o el adjetivo buen o buena, empleadocon la palabra profesional, permiten conocer a qué sexo se refieren.

Igual sucede con los adjetivos comunes, como feliz, que se aplican, sin cambiar de forma, a sustantivos tanto masculinos como femeninos  en los casos de hacer referencia a  un padre o una madre  feliz.  Todavía más, en el español existen  sustantivos   inanimados, o "epicenos",  que se distinguen por vocablos masculinos, como  cuadro, césped, día, o solo femeninos,  como mesa, pared o líbido. Y  existe un grupo de sustantivos que comprenden  ambos géneros, los denominados e "sustantivos ambiguos en cuanto al género" empleados para seres inanimados, donde el uso sirve para uno u otro género, pero cuyo significado no cambia, ya sea que se empleen artículos o adjetivos masculinos o femeninos. Por ejemplo, el o la armazón, el la a mar, que no cambia el sustantivo. Distintos son los casos en que el empleo de  una misma palabra en masculino o en femenino implica cambios de significado, porque  el cólera, enfermedad, no es lo mismo, que  la cólera o ira o rabia. 

Ahora bien  los anteriores sustantivos o vocablos no tienen la incidencia en el derecho a la paridad de género, como si lo tiene social y políticamente el uso  del masculino como  referencia a seres de ambos sexos, cuando  se utilizan no solo para mencionar a los individuos de sexo masculino, sino también,  a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos.  En este orden de ideas,  es cierto, que gramaticalmente  los  masculinos  se emplean en plural  para significar en plural a seres de uno u otro sexo.  Sin embargo, por influjo del  movimiento feminista en los textos políticos y legales y en el lenguaje oficial, se diferencia entre uno y otro sexo, aunque se trate de  seres de la misma especie como personas o individuos.  Es el caso de nuestra Constitución que en algunos supuestos se refiere a ciudadanas y ciudadanos, presidente y  presidenta, ministro y  ministra, juez y  jueza,  o de algunas leyes que se refieren a trabajador y trabajadora, o niño y niña,  bajo una visión o perspectiva de igualdad de género. Ello para  resaltar la condición de la mujer como persona y no solo por su condición biológica y para que no se tenga de ella solo la idea de madre, esposa e hija, sino de ciudadana, sujeto a plenitud de todos los derechos, aptitudes o capacidades, es decir,  de su integralidad como persona y como clara expresión de su derecho de igualdad en el ejercicio efectivo de la ciudadanía. 

 Es verdad, que un sentido estrictamente gramatical  en la lengua española se permite  la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, por aplicación de lo que  se le llama " la ley lingüística de la economía expresiva", que ha llevado a la Real Academia Española  (RAE) ha sostener   que esa discriminación entre "las y los ciudadanos", por ejemplo,  contraviene las reglas gramaticales y que denomina "el sexismo en el lenguaje".  Incluso, se critica el uso del símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, diciéndose que la arroba no es un signo lingüístico y,  que por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; dada la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, tal como ocurre en  Día del niñ@,  donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.  Por estas razones la Real Academia Española  (RAE) defiende el uso del género masculino en los supuestos en que haya que hacer referencia a grupos de hombres y mujeres.

Es así como en su informe titulado "Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer,   la RAE critica las nuevas guías sobre lenguaje no sexista elaboradas en España por universidades, sindicatos o gobiernos regionales, que proponen, por ejemplo, usar palabras como "la ciudadanía" en lugar de "los ciudadanos" o "el profesorado" en lugar de "los profesores" para hablar de grupos compuestos por hombres y mujeres.  Sin embargo,  en dicho informe se recomienda no apelar  al uso genérico del masculino cuando se debe referir a los dos sexos al mismo tiempo, de modo que por ejemplo, se hable mejor  de "las personas becarias" en lugar de "todos los becarios" o, también,  de "las personas sin trabajo" para reemplazar  a "los desempleados".  Lo que en mi criterio, es admitir la posibilidad de emplear vocablos femeninos como comunes para ambos sexos.  y, por otro lado, me preocupa, sin ser un lingüista o gramático,  que  las propuestas reformistas  del feminismo se hagan, no  para  que se  adapten como  un lenguaje común, es decir, no como  un sentido  académico, sino como léxico político u oficial,  o como  se dice  en el informe de la RAE:  "para ser  utilizado por quienes hablan delante de un micrófono o de una cámara" y no como un lenguaje común.  Pienso, por otro lado, que hay casos  de vocablos masculinos como "abuelos",  tíos", "hermanos" o  "suegros" o "nietos", referidos a una persona particular, y no a  todos los géneros, no resultan discriminatorios  de la mujer.

Por otro lado, la promoción de vocablos femeninos que en algunos casos son más comprensivos que los masculinos de ambos géneros, como los de " personas becarias",  o  de  adjetivos comunes, que se aplican, sin cambiar de forma, a sustantivos tanto masculinos como femeninos, como "personas sin trabajo" o "personas deprimidas", son formas gramaticales propias de la igualdad de género, admitidas por la gramática española, cuyo uso hace compatible ambas formas gramaticales.

Y por último, soy de los que piensa, que dado el propósito de la utilización de lenguaje no sexista  se justifica y es  loable  porque  contribuye a crear conciencia sobre la emancipación de la mujer y a que se garantice su igualdad ciudadana con la del hombre en todos los ámbitos, la separación  del lenguaje oficial  o la contradicción con el  lenguaje común no es recomendable, por lo que creo, que por parte, del feminismo académico una de las tareas a cumplir es construir una gramática de la igualdad del género, de modo que lexicográficamente su utilización  se justifique en los casos de sustantivos o adjetivos colectivos o de grupos de hombres y mujeres,  y no necesariamente en los casos de  pertenencia personal de bienes, relaciones o derechos de una persona.

 

 

*Ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia y Presidente de la Fundación Alberto Adriani.

Colaboración especial para Mujer y Ciudadanía

@romanjoseduque

duquedeprado@gmail.com 

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