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Igualdad de género /Froilán Casas /Diario del Huila

Creado Lunes 26 de Octubre de 2015 por Aixa Armas
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¡Qué terminología tan ambigua! El imaginario cultural va cambiando como cambian los tiempos atmosféricos. Con frecuencia el pronóstico del tiempo, resulta impredecible. Los influjos culturales provenientes de la civilización dominante se imponen arrasando toda identidad cultural. Las tradiciones de los pueblos son borradas de una manera alarmante. Pareciera que los parámetros éticos de los pueblos se venden, se truecan y se negocian en esta sociedad de consumo utilitarista y hedonista. Lo que hoy es un valor, mañana puede resultar un anti-valor. Tener raíces pareciera, en este contexto cultural,  un legado obsoleto que debe ser superado permanentemente.

En sana gramática, la diferencia entre el varón y la mujer no la define el género, la define el sexo. La naturaleza es tan sabia que,  además de dotar a cada sexo de características propias: fisiológicas, psicológicas y actitudinales; los dotó de una riqueza inmensurable para llegar a una complementación que perfecciona a esa misma naturaleza. En la gramática de la lengua de Castilla y León, el género califica al sustantivo. Pero género y sexo no son lo mismo. El género, entonces, es un adjetivo calificativo que se aplica al sustantivo para identificarlo en su relación con el género masculino o femenino. En la lengua del Arcipreste de Hita y de Cervantes, es un circunloquio  -giro lingüístico inútil- decir niños y niñas, todos y todas, etc. La palabra hombre es genérica ya que varón y mujer pertenecen al género humano. Por analogía, se puede aplicar la regla lingüística a otro tipo de manejo idiomático. Cuando hablo de niños, me refiero a ellos y a ellas. Es un circunloquio decir niños y niñas. Hablar de homicidio y feminicidio es ridículo, pues tanto varón y mujer son humanos.

Hablar de igualdad de género aplicado a la distribución burocrática de los cargos, es una tontería. Hablar de equidad de género para la distribución de la burocracia, es un complejo, muy probablemente de la mujer; pues, varón y mujer somos iguales. A los cargos se debe acceder por méritos, no por sexo. La capacidad de un ser humano no se mide por el sexo al que pertenece, sino sobre los resultados obtenidos en su desempeño laboral. Los cargos no tienen identificación sexual; ellos deben ser medidos por las exigencias y responsabilidades de los mismos. Tanto varones como mujeres, deben tener las mismas oportunidades de crecimiento. Los resultados son distintos porque no siempre las respuestas son iguales.

La igualdad de oportunidades identifica a una sociedad equitativa. Los resultados no son los mismos. La igualdad es una injusticia; pues, no se puede premiar al holgazán igual que al laborioso. Cada quien construye la historia y los frutos que se cosechan. El futuro no viene por arte de magia o por generación espontánea. Usted celebra el mañana, de acuerdo con las semillas que siembre hoy. Los espacios deben ganarse, no debe existir ningún privilegio o discriminación de sexo. Todos los seres humanos tenemos igual dignidad. Pretender privilegiar a un sexo frente al otro es nefasto para una sociedad cimentada sobre derechos y deberes. El número de personas de un mismo sexo en una empresa no determina el posicionamiento en el mundo del mercado. Para que una empresa sea competitiva debe tener gente competente independientemente al sexo que pertenezca. 

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