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¡¡ABAJO EL AUTORITARISMO! /Karin van Groningen (kavege)

Creado Sábado 03 de Diciembre de 2016 por Aixa Armas
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Parte I

La ruptura del Estado centralista, en el que la columna vertebral, los huesos,  los órganos y la masa muscular de toda la nación están infiltrados por un único e incompetente ente: el Ejecutivo nacional.

La forma centralista del Estado está cimentada en valores muy antiguos, profundamente   enraizados en el venezolano, que nos mantienen fuertemente atados con formas arcaicas de gestión, altamente ineficientes en el mundo contemporáneo. En el futuro, lo van a ser aún más.

Por increíble que pueda parecer, el valor que en el venezolano apuntala al Estado centralista proviene del siglo XV, de la monarquía autoritaria de los Habsburgos, introducido por los conquistadores  y luego por los Borbones, ya para los siglos XVIII y XIX, ambos en su alianza con la Iglesia y los sacerdotes.  Simón Bolívar en su creación de la Gran Colombia con él a la cabeza del Estado como dictador, fue un continuador y cimentador de ese valor en la cultura política del venezolano y en su concepción del Estado y del gobernante como uno de tipo absolutista. La añoranza en el siglo XXI por “una bota”, por un caudillo, por un golpe de Estado que nos provea de un “salvador de la patria”, un ser omnipoderoso y omnisapiente que sepa de todo y se encargue de todo, permitiéndonos a nosotros dedicarnos exclusivamente a nuestras cosas personales, es la herencia cultural que hemos recibido de aquellos primeros europeos conquistadores de nuestro espacio americano.  Y, es esa la razón por la que estamos en la situación actual, la añoranza por “un salvador” y Chávez dijo irresponsablemente que lo sería y nosotros inducidos ingenuamente por razones culturales,  lo apoyamos. Una aproximación opuesta al ejercicio del poder político se puede observar en la frase de John Fitzgerald Kennedy  cuando asumió el poder: “No preguntes qué puede hacer la patria por mí, pregunta qué puedo hacer yo por la patria”

Lo contrario a un Estado centralista es un Estado federal. En un Estado federal, el gobierno nacional está manejado por múltiples actores a diferencia de un Estado centralista que el mando se le confía a uno sólo. Los gobernadores de los estados, en un sistema federal, dejan de ser sólo fachada, que es en gran medida para lo que sirven actualmente, para hacerle el juego al centralismo mismo. . Los gobernadores de los estados, en un sistema federal, tienen amplios poderes, incluso el poder de solicitar créditos externos, para el caso de una necesidad. Las funciones y responsabilidades están en una suerte de equilibrio entre aquellas que le corresponden al gobierno nacional y aquellas que les corresponden a los gobiernos estadales y municipales. Y, el criterio para la asignación de funciones y responsabilidades a cada nivel de gobierno, es aquella de la eficiencia. Es el caso de los Estados Unidos de América. Son estados separados que se gobiernan independientemente. Y, por esa razón, son eficientes. Se gestionan mediante aparatos administrativos que por sus dimensiones más reducidas, son más fácilmente manejables que aquellos en los que se apoyan los sistemas de gobierno que aglutinan todas las funciones, responsabilidades, acciones y todos los recursos en un único ente (el gobierno central). En un sistema como el federal, pueden equivocarse algunos, pero realmente es difícil que se equivoquen todos. Y los logros, o los errores de unos, sirven de ejemplo para los otros.


Parte II

En un Estado federal, los ciudadanos se encuentran más protegidos y sus necesidades son fácilmente conocidas y  gestionadas más eficientemente, puesto que el aparato burocrático es pequeño y es corta la distancia existente entre quienes toman las decisiones y aquellos a quienes les afectan tales decisiones.

Los sistemas federales de gobierno se componen de estados altamente independientes pero con un paraguas que los arropa, el del Ejecutivo Nacional, para el caso de materias que escapan de las posibilidades de resolución local y para aquellas materias cuya gestión en conjunto, resulta más eficiente. Para el caso de Venezuela la seguridad nacional, o los recursos del subsuelo distribuidos por todo el territorio nacional, por ejemplo. En el entendido que en los EEUU, los recursos del subsuelo son propiedad privada.

En la concepción centralista (absolutista) del Estado está presente el concepto de “mi voluntad es ley”, resultante automático e inevitable de la extrema distancia existente entre el ciudadano común y el poder central y de los valores de omnipotencia y omnisapiencia concedidos por los ciudadanos. Sin embargo la realidad muestra que los puntos de vista, las necesidades y urgencias de los ciudadanos, no son siquiera intuidas por ese poder centralizado lejano, sordo y voluntarista. Basta como ejemplo terrible,  ver la negativa a aceptar las ayudas humanitarias de otros gobiernos, en medicinas, alimentos e incluso en enseres e infraestructura que el gobierno centralizado ha rechazado sistemáticamente, desde ya hace casi dos décadas, momento que ocurrió la vaguada de la Guaira y sus alrededores.

Pareciera que la oposición política, simplemente por ser oposición, estuviese libre de ese valor que exalta positivamente el ejercicio autoritario del poder político (“mi voluntad es la ley”). El camino recorrido muestra que es un error hacer semejante presunción. Los entes políticos de la oposición, en particular, la MUD,  que aglutina a la mayoría de ellos,  ha llevado adelante acciones cargadas de un extremo autoritarismo, que todos hemos visto y todos también hemos excusado, tal vez nuevamente en la ingenua creencia culturalmente heredada de su omnipotencia y onmisapiencia.

El primer acto de autoritarismo es ese de atribuirse la representación de la gente que desea ver a los rojos fuera de los entes del gobierno (por no decir que fuera del poder puesto que desde hace mucho que están fuera de él). Si ello fuese así, nosotros los representados,  conociésemos a nuestros representantes y por lo tanto, tuviésemos alguna mínima de idea de elementos tan importantes como los siguientes:
¿Quiénes son aquellos que nos representan?
¿Cuántos son los que se atribuyen la representación de nuestra voluntad?
¿Qué calificación tienen para representarnos en cada una de las instancias a las que acuden en nuestro nombre?
¿Por qué nos representan?
 ¿Cómo fueron elegidos?
¿En qué forma nos representan? ¿Cuáles son sus objetivos, metas, planes y proyectos?
¿Qué acciones están ejecutando actualmente en función de esa representación?
¿Cuáles son sus planes futuros inmediatos?

El segundo acto de autoritarismo extremo es el de atribuirle a su acción política, el desmedido crecimiento de quienes desean ver a los rojos fuera de los entes del gobierno.

Ninguna de los dos puntos anteriores son ciertos. Y, los resultados actuales de su trabajo  así nos lo hacen saber. Los últimos eventos en la Mesa del Diálogo y la actuación de la MUD, muestran cuán errados hemos estado. Hoy en día la MUD no representa a la oposición venezolana y esa oposición creciente no es el resultado de su trabajo político.


Parte III

Para hacerle frente a las tendencias autoritarias de los actores en el gobierno y también de los políticos de la oposición descritas anteriormente,  propongo dos acciones:

1ª. DESCENTRALIZACIÓN: proveer a los gobiernos de los estados poderes reales para asegurar la más eficiente protección de sus ciudadanos en términos de sus necesidades alimenticias, de salud, vialidad e infraestructura, así como  lo que se refiere a la seguridad ciudadana. Incluso el de solicitar empréstitos externos. Evidentemente, se requiere igualmente, proveerlos de los contrapesos  para evitar el ejercicio “absoluto del poder local” centrados estos contrapesos en las entidades locales representativas de los ciudadanos, como es el caso de las asambleas legislativas y concejos municipales, por nombrar sólo algunas. Paralelamente, la revisión de la relación entre número de habitantes por municipio podría resultar en un mapa político-administrativo que facilitaría el manejo descentralizado de los asuntos ciudadanos, tomando en consideración que en otros países, el número de habitantes por municipio es bastante más bajo que en el caso venezolano. A modo de ejemplo podemos decir que en Alemania el promedio de municipios por habitantes es de 9.000, mientras que en Venezuela es de 105.000 habitantes.

2ª. Crear la tan ofrecida auditoría ciudadana. El fuerte deterioro existente en el mapa político del país, tanto entre aquellos en ejercicio del poder público, como entre aquellos entes opositores, comienza a delinear en nuestras mentes, el perfil de la sociedad civil. Esa gigantesca masa de ciudadanos escasamente organizados, que no forman parte de los entes gubernamentales o represivos del Estado y que se oponen a ellos y que tampoco se ven representados por los partidos políticos actuales. Esa es la sociedad civil que hemos querido ignorar y que ahora se impone como una gigantesca incógnita. Rescatar las organizaciones existentes en ella, promover nuevas formas de asociación, crear entre todas ellas una red de comunicación “on line” para una acción proactiva de señalamiento de objetivos, metas, políticas, planes y proyectos a los gobiernos nacional, estadal y municipal y también a los grupos políticos que se atribuyen nuestra representación. Por lo que propongo algo como: GESTIÓN Y AUDITORÍA CIUDADANA.  Este ente debería ser la resultante de la aglutinación de representantes de las organizaciones civiles ya constituidas, tales como las Academias, las universidades, los gremios, los sindicatos, asociaciones civiles, etc. Y de aquellas por constituirse.

kavege@gmail.com

 

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