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CEM/UCV: Frente a las palabras de la Fiscala Luisa Ortega Díaz/ Isabel Zerpa Albornoz/

Creado Viernes 22 de Mayo de 2015 por Aixa Armas
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Ciudadana Doctora Luisa Ortega Díaz
Fiscala General de la República Bolivariana de Venezuela
Presente

 

Nos dirigimos a usted, como integrantes del Centro de Estudios de la Mujer CEM UCV, profundamente afectadas como mujeres universitarias y como formadoras de las futuras profesionales universitarias de nuestro país, por su afirmación: anteriormente, las mujeres tenían  que dar  parte de su cuerpo para entrar  a la Universidad

A continuación exponemos nuestras reflexiones y fijamos posición, frente a estas lamentables palabras:

Nos permitimos recordar y expresar que no sólo hemos dado nuestro cuerpo, sino nuestro intelecto, y nuestra vida para ser universitarias y profesionales.

Si cuando usted afirma  que anteriormente, las mujeres tenían  que dar  parte de su cuerpo para entrar  a la Universidad, se está refiriendo específicamente,  a las muchas horas de estudio y noches en vela, en la que las estudiantes de bachillerato, en las distintas modalidades de la llamada en esa época Educación Media y Ciclo Diversificado, en Ciencias o en Humanidades, debían quemarse las pestañas y devanarse el cerebro  para obtener los mejores promedios y aplicar en diferentes Universidades, con miras a lograr el cupo y la incorporación a las mismas, ¡por supuesto que estábamos entregando parte de nuestro cuerpo y nuestras mentes también!.

Si usted  se está refiriendo al sacrificio y al enorme esfuerzo de muchas mujeres de escasos recursos socioeconómicos, que han tenido que trabajar y estudiar  al mismo tiempo, para sacar adelante una carrera y convertirse en profesionales, siendo trabajadoras oficinistas, cocineras, obreras, costureras, carteras, inclusive, choferesas y trabajadoras del hogar, por mencionar sólo algunos ejemplos. Por su puesto que todas estas mujeres, también han entregado parte de su cuerpo: sus  ojos, su cerebro, su cuello, su coxis, su columna vertebral, sus manos… Además de su cuerpo físico, de su intelecto, también han entregado su afectividad y han sacrificado buena parte de su vida para entrar, permanecer en la universidad y hacer realidad  el sueño “trabajado” de convertirse  en profesionales universitarias, no obstante la triste remuneración que hoy recibimos. Hay que ver lo que significa para un cuerpo humano, especialmente para el cuerpo humano de una mujer,  y de una mujer madre o con alguna discapacidad, sentarse  en un aula de clases a las seis de la tarde, después de ocho horas de trabajo; o por el contrario, como lo hacen muchas jóvenes hoy en día, incorporarse al trabajo después del medio día, habiendo madrugado y asistido a clases toda una mañana.

Todo ello, ha sido y es una realidad para las mujeres venezolanas, lo fue en el Siglo XX y continúa siendo en el Siglo XXI, se lo ratificamos profesoras universitarias que enfrentamos la cotidianidad de las estudiantes universitarias del día de hoy. Y una vez lograda esta meta,  no llegamos al cielo precisamente, tenemos que batallar mucho para ser reconocidas, tenemos que navegar en eso que se llama la doble o triple jornada que realizamos todas las mujeres, y muy especialmente, las profesionales universitarias y en algún momento, debemos enfrentar también eso que se llama el techo de cristal, porque la sociedad y la cultura patriarcal  así lo han decidido, cultura patriarcal que no sólo es ejercida por los hombres. Dolorosa y tristemente,  a veces las mujeres,  hacemos  gala de esta cultura patriarcal y lo hacemos precisamente, a través del lenguaje, sin percatarnos muchas veces, que nos maltratamos entre nosotras mismas, que no somos capaces de colocarnos en el lugar de otras mujeres, sin medir lo que decimos, afirmamos, expresamos. Son demasiados  siglos de historia con el patriarcado a cuestas y caemos todas y todos en él  y lo ejercemos en los diversos ámbitos de desempeño, independientemente de nuestras profesiones o cargos.

Le recordamos Doctora Luisa Ortega, lo que magistralmente afirma Uxue Alberdi: Todos, hombres y mujeres, tenemos una boca y unas cuerdas vocales que nos permiten hablar, pero hay algunas palabras que son de plomo y siempre llegan al fondo de la cuestión; y otras más familiares que son de madera y solo flotan en la superficie. Y con mucho respeto le preguntamos a usted Señora Fiscala: ¿en qué rango ubica sus palabras? Pregunta que no sólo le hacemos a usted, tratamos de hacernos esta pregunta cotidianamente, como mujeres y como profesionales universitarias, de lo contrario, este planteamiento no tendría sentido

Señora Fiscala Luisa Ortega Díaz, por el irrespeto que usted ha tenido con tantas mujeres universitarias y profesionales venezolanas, El Centro de estudios  de la Mujer CEM UCV, le exige, una aclaratoria  perentoria de su parte.

CENTRO DE ESTUDIOS DE LA MUJER

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

Isabel Zerpa Albornoz
Directora

 

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