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Situación de la mujer en Venezuela: entre avances y retrocesos/ Glenda González

Creado Martes 11 de Septiembre de 2018 por Aixa Armas
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Las mujeres venezolanas han modificado sus características sociodemográficas en los últimos decenios: estudian más que los hombres, ahora son principalmente jóvenes-adultas, han acentuado su carácter tempranamente urbano y han reducido a la mitad el número promedio de hijos que tienen durante su vida fértil. Sin embargo, a pesar de los avances, persiste -entre otras-  la inequidad en la remuneración y siguen sufriendo por la violencia de género. Los datos muestran que cada vez son más los hogares cuyo jefe de familia es una mujer, situación que acompañada de falta de empoderamiento y  productividad  ha llevado a padecer una crisis que hace a las féminas más pobres. 

El 8 de marzo se conoce como el Día Internacional de la Mujer, día en el cual se  conmemora un terrible suceso ocurrido en 1911 cuando más de 140 trabajadoras perdieron la vida a causa de un incendio en una fábrica en Nueva York. La  fecha, avalada por las Naciones Unidas, conmemora no solo el trágico incidente, sino también los esfuerzos de la mujer por alcanzar igualdad con el hombre y lograr mayor participación en todos los ámbitos de la sociedad.

En Venezuela, la historia de las mujeres combina la acción política y experiencias de postergación e invisibilidad. Siendo activas en las luchas por la independencia, el accidentado proceso político, caracterizado hasta 1958 por dictaduras y represión, impulsó a grupos femeninos a la acción rebelde y con frecuencia clandestina.

Su aporte a la construcción de las instituciones políticas y sociales del país fue innegable. Sus organizaciones surgieron antes que los partidos que dieron estabilidad al sistema político y sus propuestas fueron tempranamente incorporadas al quehacer estatal.

No obstante, las venezolanas obtuvieron el derecho a voto sólo en 1947, tras años de reivindicación. Su ascenso a posiciones de poder se apoya en su temprana articulación, en la emergencia, constitución y consolidación del modelo democrático partidista y en el aumento de la calidad y cuantía de su formación, por su incorporación masiva al sistema educativo.

Actualmente, no solamente la mujer venezolana estudia más que el hombre sino que gradualmente está asumiendo más obligaciones que, tradicionalmente, se le asignaban al género masculino, entre ellas la jefatura del hogar. Según el último censo, para el 2011 el 39% de los hogares dependía principalmente de una mujer. Hace diez años, esta cifra se ubicaba en 29% y hace 20 años, en 24%, con lo que se observa una tendencia creciente en las jefaturas femeninas del hogar.

La especialista en el área, Rosa Paredes, ha realizado diversos estudios demostrando que, a diferencia de los hombres, la mujer debe ocuparse de responsabilidades domésticas, administración del hogar, la atención de la familia y labores comunitarias, además de participar actividades remuneradas para poder subsistir. En consecuencia, “las mujeres viven la pobreza con mayores desventajas”.

En los últimos decenios las mujeres venezolanas han modificado en forma apreciable sus características sociodemográficas: ahora son principalmente jóvenes-adultas (en vez de jóvenes, como en los años 50), en casi el 40% de los hogares venezolanos la cabeza jefe de familia es la mujer,  han acentuado su carácter tempranamente urbano y han reducido a la mitad el número promedio de hijos que tienen durante su vida fértil (tenían 6 hace cuatro décadas, aunque este perfil presenta diferencias según sectores).

No obstante, el fenómeno de la pobreza las persigue.  Al respecto, en una entrevista publicada en un medio digital, la economista y miembro fundadora del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad Central de Venezuela (CEM-UCV), Adicea Castillo, explicó que el término feminización de la pobreza se originó en la sociología norteamericana en la década de los 70, a raíz de la industrialización de la economía.

“En EE.UU no se protegían todas las garantías del trabajo y los sociólogos de allá determinaron en sus estudios que había un alto porcentaje de mujeres y niños pobres. Luego ese fenómeno pasó a los países subdesarrollados, donde se acentuó con la crisis del endeudamiento de los 80 que arrancó por México y luego se expandió por toda Latinoamérica”. 

Agrega que luego de los años 30 es que las mujeres empiezan a ingresar a las universidades, pero igual se sostenía la tesis de que la mujer era para cuidar el hogar y el hombre para mantenerla.

“Así llegamos a los 50, cuando se registraba 30% de alfabetización, y a partir del período democrático cuando el país empieza a producir automóviles es que se le da empleos, pero los que eran muy mal pagados.

Luego en los 80 la mujer se incorpora al magisterio y a los sindicatos, pero igual son menos favorecidas en términos económicos, pues estaba ligada al área de los servicios, relató Castillo. Y así llegan a la década de los 90 ocupando más de 60% de los cupos en las universidades y casi 63% de los estudios de postgrado.

No obstante, en el siglo XXI la feminización de la pobreza persiste en el país. A juicio de la la experta, no bastó que a partir de 2004 con el boom petrolero se crearan las misiones, pues al  “no acompañarse de políticas sociales que ayudaran al empoderamiento y a la productividad, hoy las madres, en su mayoría, están padeciendo una crisis que las hace más pobres”.

En relación a la mortalidad materna infantil, los datos presentados por el INE-2012 indican que ocurren 72 muertes por cada 100.000, lo que representa un aumento de 23% con respecto a 1990.

“Estas cifras no han podido bajarlas y lo peor del caso es que hay un porcentaje, pequeño pero importante, de madres pre adolescentes de 10, 11 y 13 años, que indudablemente aumentan los casos de pobreza. Es un círculo vicioso. Muchas no se controlan, se practican abortos. Se mueren luego de ocho meses hospitalizadas por una infección y, las que se salvan, regresan al barrio a mantener un muchacho sin el apoyo de los padres. Ya cuando tienen 20 años tienen cinco hijos, no están preparadas y tienen que hacer trabajos informales que no les generan ingresos para salir adelante”, explicó Castillo.

La crisis actual, destaca la investigadora, agudiza todos estos problemas que ya existían, por lo que afirma que hay un retroceso en la condiciones y calidad de vida de las venezolanas, que se pasan los días en una cola buscando comida. “Y eso dice que aquí hay hambre y pobreza”.

Los datos de los informes oficiales no han sido renovados desde hace más de tres años. Sin embargo, los especialistas del área señalan que la tendencia sigue en aumento y la situación difícilmente cambiará de no tomarse las medidas necesarias.

Las mujeres dominan los salones de clase venezolanos. La tasa de atención por grupo, por edad y sexo, entre 2003 a 2013 son dominadas por las mujeres en edad escolar entre 0 a 16 años, según el INE.

Sin embargo, las investigaciones indican que, a pesar de dominar los indicadores de estudios, persiste la brecha salarial entre géneros en Venezuela.

Las cifras revelan que la mayor participación de la mujer en el sistema educativo no ha disminuido la inequidad de género en la remuneración justa, aún cuando la brecha se incrementa a menor escolaridad.

Un estudio reflejado por el Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres denuncia que las féminas reciben el 82% del salario de los hombres.

Los datos del INE muestran que las trabajadoras perciben ingresos más bajos por la misma labor. Reciben una remuneración promedio inferior a la de los hombres en más de 18%, lo cual se relaciona con el desplazamiento de la fuerza de trabajo femenina al sector informal de la economía.

Sin embargo, la brecha es constante: mujeres con educación básica aprobada ganan 30% menos que los hombres en el mismo rango, aunque la diferencia logra acortarse a 17% cuando hay nivel universitario.

Por otra parte, también existe una diferencia entre ambos sexos en cuanto a la dedicación exclusiva al hogar: un grupo de 3.071.881 de mujeres contra apenas 64.000 hombres. Este factor ha mermado la oportunidad de las mujeres de ingresar al mercado laboral y por tanto lograr cierta autonomía económica.

La ONU definió a la violencia de género como “cualquier acción o conducta basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como privado”. 

Los estudios indican que una mujer pasa en promedio siete años de su vida en pareja aguantando violencia antes de atreverse a denunciar este hecho, y cuando lo hace es porque se ha dado cuenta de que su vida está en peligro.

Mercedes Muñoz, presidenta de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (AVESA) señaló que “por cada caso denunciado,10 permanecen ocultos”.

Este problema obedece en gran parte a la escasa información que tienen las mujeres sobre sus derechos y la protección que le brindan las leyes, lo que hace más difícil su erradicación.

A pesar de los avances que ha habido en cuanto a la preservación de los derechos de la mujer dentro de la sociedad venezolana, “la violencia del hogar ha ido aumentando, pasando desde una cachetada a un jalón de cabello, tirarle un plato encima, amenazarla con una pistola y darle un tiro”.

El Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres, a través de varias de sus integrantes, proporcionó información que permite estimar que diariamente son asesinadas cuatro (4) mujeres.

El informe “Feminicidio: Un Problema Global”, que analizó los datos de asesinatos de mujeres a escala mundial desde 2004 hasta 2009, informa que Venezuela se ubica entre los países donde se registran de 3 a 6 muertes violentas por cada 100.000 mujeres lo cual se considera elevado.

Este informe señala que los porcentajes de feminicidios son mayores en países caracterizados por altos niveles de violencia, y en ellos las mujeres “son atacadas en la esfera pública y los asesinatos son perpetrados en un clima general de indiferencia e impunidad”, características que según la fuente son aplicables a Venezuela.

La investigadora y docente de la UCV, Evangelina García Prince, en un estudio realizado en 2013 y publicado por el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS), señala que entre las causas estructurales de la violencia de género se hallan, “con sentido casi universal”,  las siguientes:

La desigualdad que produce relaciones de poder disimétricas y da lugar a una cultura de géneros dominante, cuyo Ethos privilegia al hombre y los valores masculinos ligados a la violencia.

Patrones de control masculino de la sexualidad femenina

Ideologías culturales en general.

Ideologías de género.

Doctrinas sobre lo privado.

Modelos o patrones de resolución de conflictos.

Indiferencia o ineficiencia de los poderes del Estado en sus actuaciones frente a la violencia.

 

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