Pero aún falta mucho /Aixa Armas

Hemos avanzado en la igualdad, pero aún falta mucho.
Basta con dar un vistazo a la gran cantidad de mujeres que, por méritos propios, por su esfuerzo en capacitarse, por su dedicación al trabajo, forman parte importante de diversas empresas de todo tipo, pero al comparar, por ejemplo, los porcentajes con el número de mujeres en las Juntas Directivas, nos damos cuenta que aún falta mucho. Basta con analizar el peso enorme que tienen las mujeres venezolanas en los diversos partidos políticos tanto de oposición como oficialistas, peso no sólo como militantes, sino como eficientes e insustituibles dirigentes, y comparar ese peso con el poco que tienen en los cuadros políticos nacionales y regionales en esos mismos partidos, nos hace balbucear aún falta mucho.
Por eso es necesario, vital, no sólo la conciencia y la solidaridad con el desarrollo activo y participativo de la mujer en la Venezuela de hoy, no simplemente insistir en la optimización de la capacitación de la mujer, de más mujeres, sino enfocarnos en conseguir que tenga un puesto donde se decide el futuro de Venezuela, el de su familia y el suyo.
La mujer se ha hecho presente en áreas que durante siglos le estuvieron negadas, y con su presencia no sólo ha logrado posiciones determinadas, sino que ha demostrado que tiene similares condiciones y capacidad para ejercer sus responsabilidades a pie de igualdad con los hombres. Y hablamos de tener dominio en las más sofisticadas plazas de la ciencia, administración y tecnología.
Y esto, no es el simple y envejecido feminismo tradicional. Es realidad humana, es un fenómeno sociológico de las mujeres como ser humano, un ser humano que estuvo demasiado tiempo, injustamente y en base a sofismas, discriminado. Hace siglos ya que no vivimos en sociedades rudimentarias en las cuales se distribuyeron responsabilidades sólo en base a la condición física, el hombre defensor y cazador con armas en la mano, la mujer resguardada encargada de la educación inicial de los hijos y de preparar la comida. Todo eso quedó atrás, vivimos en los tiempos de la importancia esencial, definitiva, del espíritu, de la mente, del pensamiento, de la información, del crecimiento personal.
En la etapa venezolana de transformación sociopolítica que nos hemos empeñado en desarrollar, la participación de la mujer ha sido, es y seguirá siendo imprescindible y cada día más implicada. Como dirigente, líder, funcionaria, empresaria, pero también y aún más como ciudadana consciente de sus derechos y de sus deberes, de sus oportunidades y de su responsabilidad.
En los municipios, los gobiernos locales, las comunidades, los sectores, así como en las demás instituciones de la democracia y el gobierno venezolano, han sido las mujeres animadoras y participantes entusiastas, e innovadoras.
Deben imponer su actuación participativa sin complejos, sin concesiones, sin temores, sin exclusiones. Y es deber ético y constitucional del Estado, de las empresas, de las diversas instituciones públicas y privadas, universidades, partidos políticos, actuar enérgica y eficientemente para que el desarrollo, la formación y la participación de la mujer sean crecientes y muy activos en el proceso de reconstrucción venezolano, y se mencione con firmeza y resolución: Mujeres venezolanas como Agentes de cambio.
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