Estas americanas combinan con todo lo que tienen en el armario tanto las mujeres de 30 como las de 60 años
Como sucede con tantas otras prendas, rastrear la historia de las americanas para mujeres nos conduce a una narrativa de conquistas. Las que realizó, por poner sólo un ejemplo, Katharine Hepburn cada vez que las llevaba junto a sus sempiternos pantalones, con los consecuentes discursos paternalistas de los hombres a su alrededor. Mucho más duras debieron ser las críticas dedicadas a la actriz Sarah Bernhardt, cuando en 1870 decidió incorporar el traje de chaqueta a su indumentaria actoral en los teatros de París. Se conserva incluso una fotografía suya posando con este look que tanta controversia supuso en la época. Una blusa o un vestido eran mucho más apropiados, según la sociedad, para alguien como ella.
Si bien durante la segunda mitad del siglo XX la americana se convirtió en una pieza cada vez más popular dentro del ropero femenino, no fue hasta el minimalismo noventero de Calvin Klein, que se impuso de manera generalizada más allá de la oficina. Hoy, habitual ya de nuestro día a día, existe en todas las declinaciones posibles, con opciones para todos los gustos, estilos y edades. Las que se sientan más identificadas con el estilo burgués de Celine, la llevarán con botas de montar y jerséis de cuello cisne. Las que prefieran el vanguardismo más ecléctico, se fijarán en los patrones desestructurados de Jacquemus. Habrá quien venere las chaquetas de tweed clásicas que Coco Chanel ganó para nuestro vestidor. Y quien beba los vientos por las de bordados florales, como las que propuso Maria Grazia Chiuri en su desfile de Alta Costura O/I 2022 para Dior.
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