Obsesión por los zapatos y por qué muchas mujeres los coleccionan en secreto
Es singular que ‘atesorar’ zapatos sea una de las aficiones femeninas más incomprendidas por los varones. Tanto es así que, según un estudio, muchas mujeres, cuando se compran un nuevo par, lo ocultan a sus maridos para evitar conflictos.
La experta en branding Timeesha Duncan lo confiesa abiertamente: «Estoy obsesionada con los zapatos. Mi marido piensa que estoy loca porque tengo estos mismos [posa abrazada a cinco pares de salones de tacón alto] en casi todos los colores».
Al marido de Timeesha Duncan le podría presentar yo a mi cuñado, y tendrían mucho de qué hablar. Porque mi cuñado cree que mi hermana tiene demasiados zapatos. Así que cada vez que el tema del calzado sale a relucir en cualquier conversación, asoma cual punta de iceberg frente al Titanic alguna ironía al respecto de la, supuestamente, enorme e innecesaria colección de mi hermana, que ya no cabe en el armario y se ha extendido al trastero.
Si uno hiciese caso a lo que dice mi cuñado, pensaría que él y mi hermana pronto tendrán que abandonar su domicilio para hacer sitio a sandalias, botas, plataformas, chanclas, zapatillas, botines, mules, salones y demás, vamos, lo que un estudio del Centro de Investigación de Informes del Consumidor de Estados Unidos de 2010, definió como «una de las prendas femeninas que más problemas de adicción pueden causar», los zapatos.
De todas formas, creo que mi cuñado cambiaría radicalmente su visión del asunto si conociese a Céline Dion. En una entrevista, hace unos años, le preguntaron cuántos pares de zapatos tenía y respondió: «3.000, 5.000, no lo sé». Cuando el periodista insistió y le dijo que había oído que su colección rondaba los 10.000, ella aceptó: «Quizá. No quería decirlo». Los guardaba por aquel entonces en un almacén alquilado en Las Vegas y en su casa de Florida, donde al parecer había instalado un sistema computerizado que se los ordenaba por colores y otros conceptos.
ver, 10.000 zapatos (o, lo que es lo mismo, 20.000) son una barbaridad. No hay vida suficiente para ponérselos, ni siquiera para deleitarse mirándolos. Colecciones más ‘modestas’, como las de Mariah Carey o Paris Hilton, en torno a los 1.000 pares, ya impresionan. Respecto a esta última, su propietaria explicaba que «me encantan los Louboutin, tengo muchísimos pares. ¡A todas las chicas nos encantan los zapatos!».
![]()