María Corina Machado gana adeptos en la lucha para acabar con el régimen y rescatar a Venezuela

Fuente: Morfema Press

Por: Por: Huma Khan

27 de junio 2023

La “oposición a todo” que ha ejercido durante años María Corina Machado empieza a dar frutos. En un país donde la vida está marcada por la decepción y el desánimo, los venezolanos hartos de todo son mayoría y muchos de ellos encuentran refugio estos días en la llamada “dama de hierro” de la oposición.

Hacía años que el apellido Machado no se escuchaba tanto como ahora, al frente de todas las encuestas para las primarias que realizarán los antichavistas en octubre de este año.

Todavía es pronto para dar algo por sentado, pero la política que llevaba años al margen de la oposición por su rotundo rechazo a cualquier estrategia que no pase por acabar con el chavismo por la fuerza, ahora amenaza con convertirse en la candidata que buscará para quitarle el poder a Nicolás Maduro en las urnas en 2024.

En el «día de la marmota» que vive Venezuela desde hace más de dos décadas, todo gira siempre en torno a los mismos nombres y los mismos rostros. No importa si hablas del gobierno o de la oposición.

Catorce candidatos intentarán imponerse en las primarias, pero entre todos ellos destacan dos viejos conocidos que, salvo que surja algún nombre inesperado, competirán por la cabeza de lista: Henrique Capriles y María Corina Machado; quien a cuatro meses del nombramiento, parte con una enorme ventaja en las encuestas, en las últimas incluso supera el 50% de los apoyos.

No puede haber dos políticos más distintos, pero la situación de Venezuela obliga a esos equilibrios imposibles que hasta ahora tan poco resultado han dado a las fuerzas democráticas. El que gane deberá unir al resto de las partes bajo su nombre.

Las ilusiones de la oposición nunca duran mucho. Uno de los últimos llegó hace año y medio desde el lugar donde nació Hugo Chávez. Se estaban celebrando elecciones regionales, las primeras en las que participaba la oposición tras años de boicot electoral, y el oficialismo lo ganaba casi todo, como siempre. Pero en el Estado Barinas, gobernado por Chávez desde 1998, la oposición dio la campanada.

Esa cita fue especial, una especie de entrenamiento para las elecciones presidenciales de 2024. Nicolás Maduro, acorralado por la grave crisis económica, había abierto un poco la mano, la oposición inauguraba la estrategia electoral y hasta la Unión Europea había decidido participar como observadora tras años ausente.

Pero la derrota de Barinas fue demasiado para el chavismo, que ordenó repetir las elecciones en ese estado. El oficialismo desplegó todos los recursos del mundo para ganar y, aun así, volvió a ser derrotado. La oposición, que había participado junta, estaba emocionada: ¿Barinas sería el principio del fin?

Machado se hizo conocida por ser el azote opositor del difunto Chávez, luego su nombre se diluyó entre otros protagonistas, con quienes sus diferencias son notorias. Se mostró tan crítica con el gobierno interino de Juan Guaidó, que buscó el fin del chavismo a través de la confrontación y que dio cero resultados, como con el sector moderado de la oposición, cuya estrategia de retomar la vía electoral para ganar en las urnas se impone ahora.

Machado quería un final por la fuerza, con la ayuda de Estados Unidos, que nunca pasó de una idea. Ella, que siempre ha defendido que la participación en las elecciones legitima al gobierno de Maduro, podría acudir ahora a las urnas. Y si su apoyo siempre estuvo entre las clases medias y altas del país y el exilio, ahora sus actos son masivos en los bastiones chavistas y lejos de Caracas.

El chavismo ya ha demostrado que no lo va a poner fácil para realizar las primarias. Tanto Capriles como Machado oficializaron su participación este fin de semana tras una gira por el país en la que sufrieron violentos enfrentamientos por parte de simpatizantes del oficialismo, que vuelve a controlar la agenda.

La última maniobra de Maduro fue la renuncia de los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), que en la práctica disuelve el organismo que supervisa el desarrollo electoral y que por primera vez, tras años en manos del chavismo, tenía representación opositora.

La medida se produjo en medio de uno de los amargos debates entre los líderes de la oposición, que trataban de decidir si solicitar o no al CNE apoyo logístico para las primarias. Machado estaba radicalmente en contra, en contra de Capriles y de las fuerzas mayoritarias, quien abogó por utilizar la organización para planificar una cita con más garantías. Tras el golpe de Estado de Maduro, todos acordaron seguir sin el CNE, lo que Machado marcó como una victoria.

Uno de los principales retos del proceso es el que ha sido un quebradero de cabeza recurrente para la oposición: saber gestionar las expectativas. La autogestión de un proceso manual a cargo de una coalición dividida y con partidos políticos desmantelados y acorralados tras años de conflicto político, puede poner un techo a la participación y contribuir a alimentar la desesperanza. Todavía hay mucha incertidumbre sobre cómo se realizarán las primarias, pero es claro que sin el apoyo técnico del CNE se reducirán sus alcances.

Todos estos ingredientes son música para el chavismo, que si bien genera rechazo en al menos el 70% de la población, en las encuestas más conservadoras, no significa que a la oposición le vaya mejor.

“Maduro tiene un apoyo entre el 28 y el 30% y ha frenado la caída que venía experimentando desde finales de 2022. Ese es un número con el que aún no es mayoría, pero si los demás no hacen el trabajo que es de ellos, a su vez, la de Maduro puede ser la mayor de las minorías”, advierte Luis Vidal, director de la encuestadora Más Consultoría.

Hay al menos un 50% de los no alineados con el chavismo o la oposición que deberían ser convencidos por quien pretenda sacar a Maduro en 2024.

Muchas incógnitas por resolver

La descalificación de quien gane las primarias también es una carta que está sobre la mesa. Capriles, de hecho, actualmente está inhabilitado, pero ya dijo que no le está pidiendo permiso a Maduro para presentarse.

En los últimos días, el murmullo sobre la solicitud de inhabilitación para Machado también ha estado en la calle. Cómo se resolverá eso es una de las muchas incógnitas en este momento.

Pero del gobierno de Maduro se puede esperar cualquier cosa, y más ahora que está más cómodo en sus relaciones internacionales, con países vecinos que le hablan y un contexto energético que vuelve a darle relevancia tras la crisis que tiene la guerra de Ucrania.

La crisis de legitimidad del líder chavista estalló en 2018, cuando fue reelecto en unas elecciones amañadas.

Algunos sectores de la oposición han tratado de hacer una pancarta para el voto de los venezolanos en el exterior, donde la prolongada crisis política y social ha expulsado a más de siete millones de personas. Sin embargo, poco más de 100.000 están autorizados oficialmente a votar fuera del país. Para este proceso primario se ha dado la posibilidad de realizar un registro online y la realidad ha vuelto a chocar con las expectativas.

En 15 días se inscribieron unos 40.000 venezolanos en el exterior. Estimaciones de la propia opositora Comisión Nacional de Primaria esperan la participación de unos 400.000. Dentro de Venezuela también hay unos tres millones de potenciales votantes, personas de entre 18 y 45 años, que no están registrados mientras las autoridades electorales están colapsadas.

Con estos mimbres, la oposición prepara su enésima batalla contra el chavismo con una campaña entre ellos que se prolongará hasta el 22 de octubre.

Ese día, se supone, se dirimirán las divisiones y un nombre propio deberá reunirlas a todas bajo su ala. La mayoría de los líderes opositores hoy se frotan los ojos ante la idea de que Machado, con quien muchos ni siquiera pueden verse, pueda ser esa persona.

La “dama de hierro”, haciendo el papel de outsider como si fuera una recién llegada, se está haciendo fuerte entre la mayoría de los venezolanos que, ya hartos de todo, no quieren al chavismo ni a la oposición.

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