Hablemos de autodisciplina, perseverancia y otros/ Ana Cristina García
Vamos a definir de forma sencilla la Disciplina como los hábitos que colaboran a un objetivo, y la Perseverancia como la dedicación constante a un objetivo claro o meta en un periodo de tiempo generalmente extenso.
Yo en particular soy un poco de antimotivación externa, o lo que es lo mismo espicha globos. Porque en el rol que me corresponde desempeñar, confronto a las personas con su responsabilidad de llevar adelante sus objetivos y metas con sus recursos propios, a esa búsqueda interna que se requiere para enfrentar los embates de la vida.
La frustración es uno de los peores enemigos que todo el que desea emprender cambios de cualquier tipo se topa, la idea es evitar desistir en función a los obstáculos que se presentan y a las expectativas que nos hacemos. Manejamos continuamente la información de que para iniciar o completar una tarea tenemos que tener un cierto estado mental y emocional, y suponemos que en eso se basa la motivación. Investigaciones dan luces de que es una idea errónea esa apreciación. Porque existe otra forma que no mezcla la actividad a realizar con el estado anímico y los sentimientos, y esa es la autodisciplina y la determinación.
Intentar encontrar una motivación para desarrollar o llevar adelante una tarea, se ha convertido en el alimento más atractivo para la procrastinación. Es fácil y frecuente escuchar la expresión: “es que no estoy de ánimo”, “no tengo suficiente motivación”. Sin darnos cuenta vamos condicionando la acción a los sentimientos. Lo contundente e importante en todo esto, es que si estamos permanentemente esperando el mejor estado anímico quizás nunca iniciemos o culminemos algo. Caso contrario lo podemos ver en la disciplina, al no supeditar nuestros actos al estado anímico, logrando el enfoque necesario para la consecución de resultados. En lo personal descubrir esto, me confrontó en las formas de llevar adelante mis tareas pendientes.
Sin duda que son múltiples los beneficios que trae la autodisciplina, desmontando el concepto de que únicamente hay que hacer algo cuando se está de humor para hacerlo. La disciplina es el motor que una vez iniciado suministra la energía necesaria. Veámoslo de esta forma; podemos amar mucho la actividad que realizamos pero incluso allí encontramos elementos que nos causan desagrado y que nos pueden conducir a una desmotivación, pero a través de la disciplina y la determinación las llevamos a cabo.
Si deseamos ser eficientes en una actividad a largo plazo, debemos coincidir en que ésta no tiene estados anímicos adecuados. El error radica en pretender mirar la ejecución de estas tareas a través de la motivación o la falta de ella. La perseverancia no radica en estar motivado. Comprendiendo entonces que la motivación es efímera, ¿de qué nos podemos valer para desarrollar la disciplina? Ningún esfuerzo surtirá efecto sino se comienza por hacer cambios incluso microscópicos en los hábitos de forma cotidiana, sin idealizar que se obtendrán resultados de forma inmediata. Es ir creando progresivamente una estructura distinta que nos apoye en la ejecución de las tareas.
Destaco ésta oportuna frase de Stephen Covey
«Solo las personas disciplinadas son realmente libres. Las personas indisciplinadas son esclavas de los cambios de humor, de los apetitos y las pasiones».
Ana Cristina García
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“Cada quien es protagonista de su cambio”
LA PAZ COMIENZA CONMIGO
Ana Cristina Garcia es coach, tallerista, egresada del Diplomado Mujeres como Agentes de Cambio promotoras de la Cultura de Paz dictado por la organización Mujer y Ciudadanía en el marco del Proyecto Reconciliacción junto a Oportunidad a.c., People In Need y la Universidad Monteávila.

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