La otra cara: Chivo que se devuelve se desnuca / Inés Muñoz Aguirre

Inés Muñoz Aguirre

El tema de la emigración es muy delicado de abordar, porque cada quien tiene su visión sobre dicha experiencia. Sin embargo viendo el regreso al país de más de 15 mil personas, según las cifras que reportan algunos medios digitales, no puedo impedirme recordar que cuando llegaron a Venezuela cientos de emigrantes entre los que destacaban italianos, españoles y una gran inmigración judía que huía de los horrores de la guerra, nuestro país era el que tenía más potencialidades en todo el continente. El petróleo comenzaba a crear los espejismos propios de tal descubrimiento, pero en su momento sectores como el de la construcción se erigían en prometedores. Desde el punto de vista simbólico relumbraban los brillos del oro, las esmeraldas, y las perlas que llenaron los bolsillos en la conquista y que seguía despertando en la vieja Europa la intriga y el reto por venirse a “hacer las Américas”.  Todo sin dejar pasar por alto que esos que llegaron aquí después de infernales travesías marítimas y con no mucho más que una maleta en la mano se disponían a picar piedra si era necesario. No tenían un momento de sesteo. Se entregaron al trabajo para acumular un primer dinero que luego invertían en diversos negocios, haciendo de sus sueños realidad. Un trabajo de 24 horas para traer o formar sus familias.  Esa generación y sus hijos son el ejemplo de la Venezuela productiva.

Con un país golpeado por las malas políticas económicas, gobiernos nefastos y desidia de una población que oscila entre el negocio turbio, el sueño del dinero fácil o la dependencia emocional y económica frente al populismo, la mayoría de los que hoy retornan caminando por la frontera, se marcharon por el mismo lugar sin entender que se dirigían a países con tantas precariedades como el nuestro, con altas tasas de desempleo, con insuficiencias en los servicios públicos como para recibir oleadas como las que tuvieron que enfrentar.  A eso habría que agregar que muchos salieron sin ningún tipo de plan de trabajo o sin prepararse para sumar en sectores deficientes de mano de obra. Nadie los alertó. Desde ninguna tribuna se les orientó. Las pocas voces que se alzaron alguna vez fue para criticar a los gobiernos que ante la avalancha de venezolanos ponían controles.  Se publicaban fotos de los que trabajaron como buhoneros pero incentivando la lástima. Ahora regresan peor de lo que se fueron y por si fuera poco en medio de una pandemia cuando todos los países tienen sus fronteras cerradas.  ¿Cuál será el futuro de esas familias en estado de mendicidad y con la probabilidad de ser portadores del Covid-19? Nuestra historia parece escrita por un guionista especializado en historias apocalípticas.

Inés Muñoz Aguirre
Web: https://inesmunozaguirre.wixsite.com/inesmunozaguirre

Loading

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *