Las nuevas secuelas de la COVID-19 que afectan más a las mujeres

Una investigación publicada en el European Heart Journal ratifica que los vasos sanguíneos pueden envejecer hasta 5 años y que la rigidez arterial es menor en personas vacunadas contra la COVID-19

(20 agosto 2025) Según una investigación publicada en el European Heart Journal, una infección por COVID-19, especialmente en mujeres, puede provocar que los vasos sanguíneos envejezcan alrededor de cinco años. Pese a que de por sí los vasos sanguíneos se endurecen gradualmente con la edad, este nuevo estudio sugiere que la COVID-19 podría acelerar el proceso. El impacto de esto, según corroboran los investigadores, reside en que las personas con vasos sanguíneos más rígidos tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, como accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio.

El estudio incluyó a 2.390 personas de 16 países diferentes (Austria, Australia, Brasil, Canadá, Chipre, Francia, Grecia, Italia, México, Noruega, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos) que fueron reclutadas entre septiembre de 2020 y febrero de 2022. Estos se clasificaron según si nunca habían tenido COVID-19, lo habían tenido recientemente pero no estaban hospitalizados, estaban hospitalizados por ello en una sala general o estaban hospitalizados en una unidad de cuidados intensivos (UCI).

Los resultados: arterias más rígidas en pacientes con COVID-19

Tras evaluar la edad vascular de cada persona con un dispositivo que mide la velocidad de la onda de presión arterial entre la arteria carótida (en el cuello) y las arterias femorales (en las piernas), una medida denominada velocidad de la onda de pulso carótido-femoral (VOP), los investigadores descubrieron que los tres grupos de pacientes con COVID-19, incluidos aquellos con COVID-19 leve, presentaban arterias más rígidas que quienes no se habían infectado. El efecto fue mayor en mujeres que en hombres y en personas que experimentaron síntomas persistentes de COVID-19 persistente, como dificultad para respirar y fatiga. Cabe mencionar que las mediciones se realizaron seis meses después de la infección por COVID-19 y de nuevo a los 12 meses.

Cabe destacar que las personas vacunadas contra la COVID-19 generalmente presentaban arterias menos rígidas que las de quienes no estaban vacunadas. A demás, a largo plazo, el envejecimiento vascular asociado a la infección por COVID-19 pareció estabilizarse o mejorar ligeramente.

En palabras de Rosa Maria Bruno, de la Universidad Paris Cité (Francia), que dirigió el estudio, “desde la pandemia, hemos aprendido que muchas personas que han tenido COVID-19 presentan síntomas que pueden durar meses o incluso años”. “Sin embargo, aún estamos aprendiendo qué sucede en el cuerpo para que se produzcan estos síntomas”, añadió. Con respecto a las explicaciones de los efectos vasculares de la COVID-19, Bruno aseveró que el virus de la COVID-19 actúa sobre los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2, presentes en el revestimiento de los vasos sanguíneos. “El virus utiliza estos receptores para entrar e infectar las células”, indicó. “Esto puede provocar disfunción vascular y un envejecimiento vascular acelerado”, corroboró. “La inflamación y la respuesta inmunitaria de nuestro cuerpo, que nos defienden de las infecciones, también podrían estar implicadas”, sostuvo.

El sistema inmune y los daños en los vasos sanguíneos

Una de las razones de la diferencia entre mujeres y hombres podría ser la función del sistema inmunitario. Las mujeres desarrollan una respuesta inmunitaria más rápida y robusta, que puede protegerlas de la infección. Sin embargo, esta misma respuesta también puede aumentar el daño a los vasos sanguíneos después de la infección inicial.

El envejecimiento vascular es fácil de medir y puede abordarse con tratamientos ampliamente disponibles, como cambios en el estilo de vida y medicamentos para reducir la presión arterial y el colesterol. Para las personas con envejecimiento vascular acelerado, es importante hacer todo lo posible para reducir el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.

Fuente: Gaceta Médica
Por: Lucía de Mingo Rodríguez

Loading

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *