Mikel Alonso, neurocientífico: «Las mujeres tienen capacidades de intuición superiores a las de los hombres»

(Diciembre 2025) El especialista apunta a un mayor intercambio de información entre hemisferios cerebrales, a una mejor memoria local y a la presencia de estrógenos entre las causas
La inmensa mayoría de la toma de decisiones que lleva a cabo el cerebro, lo hace de forma inconsciente: el 99,74 %. Le hemos puesto hasta decimales», afirma Mikel Alonso, que añade que siempre ha mostrado interés en estudiar la intuición. Como especialista en neurociencia aplicada al comportamiento y después de 25 años de experiencia como docente, viene de publicar El valor de la intuición (Ariel, 2025), una obra donde explica cómo comprenderla, entrenarla y usarla con acierto.
—¿Tiene base científica la intuición?
—Sí. La intuición es un proceso inconsciente, subjetivo y rápido, que es capaz de extraer con precisión conclusiones probabilísticas. Es decir, la intuición, lejos de ser algo difuso y muy interpretable, con el conocimiento y a la experiencia acumulada de la persona, es capaz de traerte un «hazlo» o «no lo hagas». Lejos de lo que pueda parecer, nuestra intuición tiene todo nuestro conocimiento implícito y explícito. Es decir, dentro está todo aquello que vamos aprendiendo, incluso sin saber que lo estamos haciendo.
—¿Pero por qué el cerebro necesita recurrir a ella?
—El principal objetivo de nuestro cerebro es la supervivencia. El segundo, la procreación, dejar nuestros genes en el mundo. Y en ese afán por sobrevivir lo que hace es intentar ahorrar energía, porque el cerebro consume entre el 25 y el 30 % de todos nuestros recursos. Para él, funcionar en automático es maravilloso, porque así no tiene que gastar energía. El pensamiento consciente consume mucho más. Y es por eso por lo que la intuición funciona de esa manera todo el rato, tratando de predecir lo que va a ocurrir.
—¿Cómo funciona nuestra intuición?
—Nuestra intuición tiene dos fases muy marcadas. La primera es la fase que llamamos guía. Lo que hace es que, con todo lo que va ocurriendo, acumula evidencias sobre aspectos que se van controlando. De manera inconsciente, va diciendo: «Uy, no me fío de esta persona, mira cómo ha reaccionado, mira ese gesto, no me mira a los ojos…». Funciona acumulando evidencias. Lugo tendríamos la siguiente fase, la integradora, que recibe el maravilloso nombre de ‘corazonada’.
—¿Qué es una corazonada?
—Una emoción débil, que además la sentimos en el cuerpo, por eso se llama corazonada. Nos dice que, efectivamente, deberíamos actuar o dejar de hacerlo en ese momento. Aquí es donde viene lo bueno. ¿Y cómo son? Pues es algo que tenemos que investigar, porque cada cerebro es único, no hay dos cerebros iguales en el mundo y las corazonadas también son distintas. Es decir, nosotros tenemos que investigar qué manera tiene nuestro cerebro de avisarnos; de que manera nos está diciendo la intuición un mensaje determinado.
—¿Es cierto que no utilizamos gran parte de nuestro cerebro?
—No, lo que dicen las investigaciones científicas es que lo utilizamos todo. Lo que sí sucede es que de las 86.000 millones de neuronas que tenemos, solo podemos utilizar el 2 % a la vez. Pero utilizamos todo nuestro cerebro. Lo que ocurre es que muchos de los aspectos o funciones se hacen sin que nos enteremos, sin que nos demos cuenta, pero de todo nuestro organismo. Es decir, no nos damos cuenta de la digestión, de la homeostasis o de la regulación a nivel hormonal.
—¿Podemos decir que la mayoría de decisiones que tomamos al día, son a través de la intuición?
—Más bien vamos a decir que son inconscientes, que se producen sin que nos demos cuenta. La intuición es un módulo de nuestro cerebro que entra en funcionamiento en todas aquellas tareas en las cuales somos expertos, en las que estamos acostumbrados a realizarlas, tenemos conocimiento o una experiencia significativa. Ahí es cuando la intuición entra en funcionamiento. Nos manda un mensaje de adelante o no. Pero hay que tener cuidado, porque la intuición se puede confundir con otras tareas, que son, por así decirlo, enemigos de la intuición.
—¿Cuáles son los enemigos de la intuición?
—Los anhelos se dan cuando tenemos la necesidad o el deseo de que se produzca algún acontecimiento determinado. Cuando tenemos muchas ganas de que pase algo. Por ejemplo, en la universidad, cuando nos planteamos unas hipótesis y queremos que se corroboren, esos anhelos son un enemigo, porque pueden confirmarse o no.
El siguiente enemigo de la intuición son los estereotipos: cuando evaluamos a las personas o los estímulos en términos de categorías sociales, muy categóricos, que se aprueban o rechazan en función de prejuicios que tengamos. Si yo ya pienso que esta ciudad es peligrosa, la intuición no funcionará de la misma manera que si la dejase directamente sacar sus conclusiones inconscientes y estadísticas en base al conocimiento que tengo. Otros enemigos son los juicios emocionales. Y también los sesgos cognitivos, atajos que utilizamos para ahorrar energía, pero que no están basados en nuestro conocimiento y experiencia. Por ejemplo, el efecto halo. Cuando una persona nos causa buena impresión, es probable que le demos otras cualidades positivas aunque no exista evidencia.
—¿Y la intuición se puede entrenar para que sea mejor?
—Sí, sin duda. De hecho, se debe entrenar. El cerebro es muy plástico y necesitamos poder entrenar y darle también voz a esa intuición para escucharla. Todas las conexiones cerebrales que no utilizamos de manera frecuente se van debilitando.
—¿Qué podemos hacer para mejorar la intuición?
—En vez de ir directamente al juicio racional, empezar considerando la intuición. Dar una oportunidad sin juzgar. Cuando nos equivocamos después de seguir a la intuición, somos muy severos con ella, porque siempre se nos ha enseñado que el pensamiento racional es lo mejor para la toma de decisiones. Pero también nos equivocamos cuando tomamos decisiones con ese pensamiento cognitivo. El asunto sería darle una oportunidad primero a la intuición, para que nos diga qué haría ella. Porque, además, muchas veces cuando incluimos el módulo más cognitivo de pensar de manera consciente, los aspectos intuitivos se apagan. Hablo en el libro de un experimento que es muy interesante: cuando te ponen un café en un bar, si luego te dicen a ver si identificas la cara de la persona, te ponen cinco o seis, y tú eres capaz de identificar a esa persona. Pero si te dicen que describas cómo era la persona, se pierde la capacidad de hacerlo. Es como si activara un módulo y existieran otros que se desactivan. Eso ocurre mucho.
Otros consejos serían ser optimista y entrenar la observación. Estar pendiente de lo que ocurre. Dar datos, información a nuestro cerebro. Podemos percibir once megas de información por segundo con los sentidos. Inconscientemente, solo podemos manejar 50 bits. Hay una diferencia tremenda entre una cosa y otra, pero toda esa información no se pierde. Como último consejo: conservar una actitud de aprendizaje durante toda la vida. Estar abiertos, no ir con ese estereotipo o vaso medio lleno de decir: «Yo ya lo sé». Tener una actitud de aprendiz frente a la vida y afrontar las cosas así.
—¿La intuición femenina es diferente?
—Es una de las aspectos que más tenías ganas de estudiar para ver si realmente era un mito o una realidad que las mujeres tenéis una mayor capacidad para la intuición y la verdad es que, empezando por el resultado, puedo decir que sí. Efectivamente, las mujeres tienen una capacidad sobre el papel para intuir superior a los hombres. Lo vi desde diferentes puntos de vista. Desde la neurociencia, la presencia del estrógeno que ayuda en esa valoración evento-recompensa; también la menor presencia testosterona. Hay además, un mayor intercambio de información entre hemisferios. No solo eso, también tienen más zonas dedicadas al comportamiento que los hombres. Desde un punto de vista social, decodificáis mejor la comunicación no verbal. Desde el punto de vista evolutivo, el reparto de tareas os hace prestar atención a varios aspectos, mejor detección de engaños y de juicios a primera vista. Y tenéis mejor memoria local, así como mayor visión periférica. No cabe duda que, sobre el papel, tenéis mucha más capacidad para ello.
Fuente: La Voz de la Salud
Por: Cinthya Martínez
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