La Comunicación No Violenta como Motor de Paz| Por: Diannaly Muñoz Blanco

(3 febrero 2026) ¿Podemos evitar las discusiones en el trabajo, los desacuerdos familiares y las tensiones que surgen en nuestras comunidades?
¿Cómo podemos transformar esos desacuerdos en diálogos que nutran la comprensión y la armonía? La respuesta no es sencilla, pero definitivamente no reside en la fuerza ni en la imposición.
Para abordar este tema y obtener herramientas prácticas de comunicación, inauguramos el programa de formación 2026 dirigido principalmente a adultos mayores en el Centro de Asesoría Legal Padre Olaso, ubicado en la parroquia universitaria de la Universidad Central de Venezuela. El taller fue impartido por un invitado de lujo: el Padre Eduardo Soto, quien se lució con el tema de Comunicación No Violenta.
El eje central del taller fue desarrollar habilidades comunicativas que eviten que las diferencias —que frecuentemente surgen con amigos, familiares, colegas y vecinos— escalen y se conviertan en conflictos desgastantes. Para ello, e inspirado en la obra del Dr. Marshall B. Rosenberg, psicólogo clínico y fundador del Centro para la Comunicación No Violenta, que propone un “lenguaje de vida” como herramienta para relacionarse en armonía con los propios valores; nos sumergimos en un tema que sin duda alguna nos hizo reflexionar.
Lo más sorprendente fue descubrir, a medida que avanzábamos en la clase, que en nuestro día a día nos comunicamos de forma violenta y eso lo hemos naturalizado. Un ejemplo claro se observa cuando: ordenamos, exigimos, amenazamos o advertimos; también cuando sermoniamos, aconsejamos y damos soluciones, argumentos o lecciones sin haber sido solicitados; o cuando juzgamos, criticamos, ridiculizamos o etiquetamos; también con bromas o chistes e incluso cuando hacemos cumplidos, podemos resultar violentos.
Lo increíble es que al emplear este lenguaje sostenemos que algo falla en los demás porque se comportan de manera inesperada o incomprensible; y en realidad es que negamos nuestra propia responsabilidad.
El Padre Soto enfatizó la urgencia de una paz auténtica y la necesidad de adquirir habilidades comunicativas adecuadas que pueden transformar los desacuerdos hasta en oportunidades de crecimiento conjunto.
Nos explicó la importancia de acercarnos al otro de manera espontánea y natural, apoyándonos en dos principios y cuatro pasos simples que se aplican con empatía:
1. Observación: describir la situación de forma neutra, sin prejuicios, interpretaciones ni evaluaciones.
2. Sentimiento: expresar lo que sentimos al reflexionar sobre esa situación.
3. Necesidad: identificar nuestras necesidades no satisfechas que están detrás del altercado.
4. Petición: formular una solicitud concreta, positiva y realizable, centrada en el presente.
Así las cosas, y especialmente después de realizar un par de dinámicas durante la sesión, nos dimos cuenta de que las herramientas impartidas nos permiten escuchar sin juzgar; expresar sentimientos y necesidades sin acusaciones; y pedir sin imponer, otorgando al otro el espacio necesario para decidir.
En fin, cada día nos enfrentamos a situaciones que parecen irremediablemente tensas, sin embargo la verdadera transformación surge cuando elegimos hablar de manera consciente, dejando de lado el juicio y la imposición, porque cuando nos comunicamos con violencia, no solo generamos un ambiente hostil; sino también alimentamos resentimientos y desconexiones que erosionan la convivencia.
Por tanto, la comunicación no violenta es un motor de paz, un acto diario que comienza con una sola decisión: optar por la empatía y el respeto en cada palabra. Nuestro generoso facilitador, el Padre Eduardo Soto, demostró que no necesitamos ser expertos en psicología; basta con tomar la decisión de mejorar la forma en que nos comunicamos al ejecutar estas buenas prácticas.
El tema es complejo, pero tod@s llevamos la tarea de iniciar el cambio dentro de nosotr@s mism@s y reconocerlo como una necesidad nacional. Venezuela puede avanzar hacia una convivencia pacífica sustentada en los principios constitucionales porque nuestra Carta Magna lo declara: somos un “territorio de paz”. El Artículo 3 principalmente establece que el Estado debe defender y desarrollar a cada persona, respetando su dignidad; garantizar el ejercicio democrático de la voluntad popular; construir una sociedad justa y amante de la paz; promover la prosperidad y el bienestar del pueblo; asegurar el cumplimiento de los derechos, deberes y principios consagrados en la Constitución.
Estos fines no son meras declaraciones; constituyen un mapa claro de los objetivos que el Estado debe perseguir para asegurar una convivencia armoniosa recordándonos que la paz es una práctica diaria que todos podemos vivir.
Así pues, no son solo los políticos, todos tenemos la responsabilidad de fomentar valores como el diálogo, la tolerancia y el respeto a las diferencias, evitando que las tensiones escalen.
“La paz comienza cuando escuchamos con el corazón.” P. Eduardo Soto
Diannaly Muñoz Blanco: ¿Podemos evitar las discusiones en el trabajo, los desacuerdos familiares y las tensiones que surgen en nuestras comunidades?
¿Cómo podemos transformar esos desacuerdos en diálogos que nutran la comprensión y la armonía? La respuesta no es sencilla, pero definitivamente no reside en la fuerza ni en la imposición.
Para abordar este tema y obtener herramientas prácticas de comunicación, inauguramos el programa de formación 2026 dirigido principalmente a adultos mayores en el Centro de Asesoría Legal Padre Olaso, ubicado en la parroquia universitaria de la Universidad Central de Venezuela. El taller fue impartido por un invitado de lujo: el Padre Eduardo Soto, quien se lució con el tema de Comunicación No Violenta.
El eje central del taller fue desarrollar habilidades comunicativas que eviten que las diferencias —que frecuentemente surgen con amigos, familiares, colegas y vecinos— escalen y se conviertan en conflictos desgastantes. Para ello, e inspirado en la obra del Dr. Marshall B. Rosenberg, psicólogo clínico y fundador del Centro para la Comunicación No Violenta, que propone un “lenguaje de vida” como herramienta para relacionarse en armonía con los propios valores; nos sumergimos en un tema que sin duda alguna nos hizo reflexionar.
Lo más sorprendente fue descubrir, a medida que avanzábamos en la clase, que en nuestro día a día nos comunicamos de forma violenta y eso lo hemos naturalizado. Un ejemplo claro se observa cuando: ordenamos, exigimos, amenazamos o advertimos; también cuando sermoniamos, aconsejamos y damos soluciones, argumentos o lecciones sin haber sido solicitados; o cuando juzgamos, criticamos, ridiculizamos o etiquetamos; también con bromas o chistes e incluso cuando hacemos cumplidos, podemos resultar violentos.
Lo increíble es que al emplear este lenguaje sostenemos que algo falla en los demás porque se comportan de manera inesperada o incomprensible; y en realidad es que negamos nuestra propia responsabilidad.
El Padre Soto enfatizó la urgencia de una paz auténtica y la necesidad de adquirir habilidades comunicativas adecuadas que pueden transformar los desacuerdos hasta en oportunidades de crecimiento conjunto.
Nos explicó la importancia de acercarnos al otro de manera espontánea y natural, apoyándonos en dos principios y cuatro pasos simples que se aplican con empatía:
1. Observación: describir la situación de forma neutra, sin prejuicios, interpretaciones ni evaluaciones.
2. Sentimiento: expresar lo que sentimos al reflexionar sobre esa situación.
3. Necesidad: identificar nuestras necesidades no satisfechas que están detrás del altercado.
4. Petición: formular una solicitud concreta, positiva y realizable, centrada en el presente.
Así las cosas, y especialmente después de realizar un par de dinámicas durante la sesión, nos dimos cuenta de que las herramientas impartidas nos permiten escuchar sin juzgar; expresar sentimientos y necesidades sin acusaciones; y pedir sin imponer, otorgando al otro el espacio necesario para decidir.
En fin, cada día nos enfrentamos a situaciones que parecen irremediablemente tensas, sin embargo la verdadera transformación surge cuando elegimos hablar de manera consciente, dejando de lado el juicio y la imposición, porque cuando nos comunicamos con violencia, no solo generamos un ambiente hostil; sino también alimentamos resentimientos y desconexiones que erosionan la convivencia.
Por tanto, la comunicación no violenta es un motor de paz, un acto diario que comienza con una sola decisión: optar por la empatía y el respeto en cada palabra. Nuestro generoso facilitador, el Padre Eduardo Soto, demostró que no necesitamos ser expertos en psicología; basta con tomar la decisión de mejorar la forma en que nos comunicamos al ejecutar estas buenas prácticas.
El tema es complejo, pero tod@s llevamos la tarea de iniciar el cambio dentro de nosotr@s mism@s y reconocerlo como una necesidad nacional. Venezuela puede avanzar hacia una convivencia pacífica sustentada en los principios constitucionales porque nuestra Carta Magna lo declara: somos un “territorio de paz”. El Artículo 3 principalmente establece que el Estado debe defender y desarrollar a cada persona, respetando su dignidad; garantizar el ejercicio democrático de la voluntad popular; construir una sociedad justa y amante de la paz; promover la prosperidad y el bienestar del pueblo; asegurar el cumplimiento de los derechos, deberes y principios consagrados en la Constitución.
Estos fines no son meras declaraciones; constituyen un mapa claro de los objetivos que el Estado debe perseguir para asegurar una convivencia armoniosa recordándonos que la paz es una práctica diaria que todos podemos vivir.
Así pues, no son solo los políticos, todos tenemos la responsabilidad de fomentar valores como el diálogo, la tolerancia y el respeto a las diferencias, evitando que las tensiones escalen.
“La paz comienza cuando escuchamos con el corazón.” P. Eduardo Soto
Diannaly Muñoz Blanco: Abogada. Egresada del Diplomado Mujeres como Agentes de Cambio (Asociación Civil Mujer y Ciudadanía-Universidad Monteávila), Directora del Centro de Asesoría Legal Padre Olaso. Profesional con un gran sentido de la justicia, alto nivel de experiencia en materia procesal, hidrocarburos, Derechos Humanos de las mujeres y equidad de género y un verdadero interés por asesorar y orientar a particulares para la solución de problemas legales así como su acompañamiento en trámites ante instituciones públicas o privadas, habilidades para redacción de documentos y recopilación de documentación e información.
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