Cuando ser mujer en Afganistán vale menos que una pelea de perros| Por: Mónica Ponce

Mónica Ponce, Abogada

(19 febrero 2026) El pasado 7 de enero de 2026, el mundo recibió una noticia que no solo debería ocupar los titulares, sino que debería hacernos cuestionar la fibra misma de nuestra humanidad. En Afganistán, el régimen talibán ha oficializado un nuevo Código Penal que no es más que la firma legal de una sentencia de muerte en vida para millones de mujeres.

Las cifras son tan claras como crueles. El Artículo 32 de este nuevo código establece que un hombre que golpee a su esposa hasta romperle los huesos o dejarle hematomas visibles, enfrentará una pena máxima de apenas 15 días de prisión. Quince días por destruir la integridad física y psicológica de una compañera de vida.

Sin embargo, la verdadera bofetada a la dignidad humana aparece unas páginas más adelante. El Artículo 70 dicta que quien organice peleas de animales —perros, aves o cualquier otro— puede ser castigado con hasta cinco meses de cárcel.

La conclusión es devastadora: para el Estado afgano, el entretenimiento derivado del maltrato animal es diez veces más grave que la violencia sistemática contra una mujer.

Un sistema diseñado para la impunidad

Al imponer penas irrisorias por violencia doméstica, el régimen está enviando un mensaje de permiso a los agresores. Les está diciendo que el cuerpo de la mujer es un territorio donde la crueldad sale barata.

Es una estructura que no solo castiga, sino que humilla. Se penaliza a la mujer por salir de casa, se le despoja de su voz en los tribunales y se le entrega, atada de manos, a un sistema que valora más el bienestar de un gallo de pelea que su derecho a respirar sin miedo.

No podemos permitir que el paso de los días normalice lo que está ocurriendo. Lo que sucede en Kabul no es un «asunto interno» o una «particularidad cultural», es un ataque frontal contra el concepto mismo de Derechos Humanos.

Esta ley viene a acentuar más que a las mujeres afganas se les borra la categoría de seres humanos, los derechos de las mujeres son universales o no son derechos.

Hoy repudio un sistema que ha decidido que un hueso roto de mujer no vale ni un mes de justicia..

Mónica Ponce: Abogada, Especialista en Derechos de la Niñez y de la Adolescencia, Profesora Universitaria, Defensora de Derechos Humanos y de Niños y Adolescentes, con estudios en Mediación y Resolución Alternativa de Conflictos y de Violencia de Género, Facilitadora en el Diplomado Mujeres como Agentes de Cambio organizado por la asociación civil «Mujer y Ciudadanía» conjuntamente con la Universidad Monteávila

Loading

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *