Mujer y Ciudadanía conmemoró el Mes de la Mujer con cine foro sobre derechos laborales y resiliencia en el CC Líder

(Caracas, 22 de marzo de 2026). En un evento que combinó el séptimo arte con la reflexión social, la asociación civil Mujer y Ciudadanía celebró este sábado 21 de marzo el Mes de la Mujer en los espacios del Cine Ávila Líder, invitada por Circuito Gran Cine, y a donde asistió la Asociación Venezolana de Mujeres y Más Iguales, organizaciones femeninas venezolanas.

La gran terraza del Centro Comercial Líder fue el escenario para la proyección de Tierra Fría (North Country), la impactante obra de Niki Caro protagonizada por Charlize Theron. Basada en hechos reales, la película sirvió como eje central para visibilizar la lucha contra el acoso laboral y sexual en entornos mineros, un tema que resonó profundamente entre los más de 200 asistentes, incluyendo al equipo de coordinación y miembros activos de la organización.

El encuentro estuvo bajo la conducción de Bernardo Rotundo, referente del cine venezolano y presidente del Circuito Gran Cine, quien con tres décadas de trayectoria aportó su visión sobre la diversidad cultural y el cine como herramienta social.

Antes de la función, el panel de expertas profundizó en la realidad de los derechos humanos. Aixa Armas, presidenta de Mujer y Ciudadanía A.C., destacó los 18 años de trayectoria de la institución promoviendo el liderazgo femenino en Venezuela y América Latina, mientras que Cielo Velandia, al frente de la Asociación Venezolana de Mujeres (AVM), aportó la perspectiva histórica de una organización próxima a cumplir 90 años enfocada en la igualdad de género. Por su parte, Iris de Franca y Angélica Fleitas, de la asociación Más Iguales, expusieron la urgencia de erradicar la violencia de género y promover políticas de cuidado y participación política real en el país.

Uno de los momentos más destacados fue la intervención de Norma Serrano, quien presentó la ponencia “Más allá del oro y el silencio: De las minas de Minnesota al Arco Minero del Orinoco”. En su análisis, Serrano trazó un paralelismo documentado entre el trato a las mujeres en las minas de hierro de EE. UU. —mostrado en el filme— y la situación actual en el estado Bolívar, denunciando la vulnerabilidad de las trabajadoras en el sector minero venezolano.

La líder Rosiris Toro estuvo presente para reafirmar su compromiso con las causas de las mujeres, especialmente con sus derechos laborales, políticos y de asociación. En su discurso, mencionó las condiciones de las mujeres en el Arco Minero y cómo, tanto tiempo después, persisten los mismos problemas de discriminación y acoso sexual.

Ana (Wayuu) López cerró el foro con su intervención como miembro de la organización Mujer y Ciudadanía. Habló sobre cómo el «blanqueo Wayúu» es parte de su cultura; una práctica ancestral donde los padres entregan a sus hijas por una dote, sin que ello sea considerado, dentro de su cosmovisión, como acoso sexual o trata de mujeres.

El evento contó con una masiva asistencia, destacando la presencia del equipo de coordinación de Mujer y Ciudadanía y sus miembros activas, quienes reafirmaron la importancia de ocupar espacios públicos para visibilizar las brechas de género. Con esta jornada de cine al aire libre, Mujer y Ciudadanía reafirmó su compromiso con la educación, la formación ciudadana y la defensa inquebrantable de la dignidad de la mujer.

Más allá del oro y el silencio: De las minas de Minnesota al Arco Minero del Orinoco

Gracias a la Fundación Gran Cine por reunirnos con estas organizaciones de mujeres para visibilizar, a través de la pantalla, una realidad cruel que parece ficción pero que golpea duramente  a  nuestras  comunidades,  permitiéndonos  denunciar  la explotación y la injusticia sistémica que sufren las mujeres en los entornos mineros de dos regiones distintas unidas por el mismo dolor: el uso del cuerpo y la dignidad de la mujer en entornos mineros.

Hoy aquí, nos vamos de Minnesota al estado Bolívar, para señalar el rostro femenino de la crisis en el Arco Minero del Orinoco.

La situación en el Arco Minero del Orinoco, en el estado Bolívar, no puede entenderse aislada del colapso socioeconómico que atraviesa Venezuela. La precariedad extrema ha empujado a miles de mujeres hacia las zonas de extracción, convirtiéndolas en el eslabón más vulnerable de una economía sumergida y violenta. Lo que comenzó como una búsqueda de supervivencia en las minas de oro se ha transformado en una trampa de esclavitud moderna, donde el control territorial por parte de grupos armados ilegales y la ausencia de un marco normativo que fortalezca el sistema institucional, han creado un caldo de cultivo para la deshumanización total de la mujer.

Las cifras documentadas por el Centro de Derechos Humanos de la UCAB (CDH-UCAB) Guayana, bajo la coordinación de Eumelis Moya, son desoladoras. Entre 2020 y 2021, se censaron al menos 3.500 mujeres en condiciones de explotación, de las cuales el 25% eran niñas y adolescentes. Esta cifra es alarmante, especialmente al observar que para 2021 el porcentaje de menores víctimas ascendió al 35%, documentándose casos atroces de niñas de apenas 7 y 8 años sometidas a explotación sexual.

Las redes de trata de personas con fines de explotación laboral, operan con una precisión quirúrgica, utilizando «señuelos» que van desde falsas ofertas laborales hasta promesas de operaciones estéticas o productos de alta gama para captar a sus víctimas. Una vez en los campamentos, las mujeres enfrentan jornadas de hasta 14 horas en condiciones de insalubridad absoluta, sin acceso a agua potable, y bajo la amenaza constante de la violencia de género.

El informe de la UCAB, también revela prácticas espeluznantes como la subasta de la virginidad a cambio de gramos de oro, y una crisis de salud pública con altas tasas de infecciones de transmisión sexual como sífilis, VPH y VIH.

Al observar la película Tierra Fría (2005), dirigida por Niki Caro, encontramos un paralelismo estremecedor con la denuncia de Eumelis Moya, un símil cinematográfico entre la película y la violencia sistémica del estado Bolívar.

La cinta narra la lucha de Josey Aimes en las minas de hierro de Minnesota, basada en el primer caso de demanda colectiva por acoso sexual en la historia de los Estados Unidos.

Al igual que en las minas de Bolívar, el entorno en Tierra Fría es intrínsecamente hostil. Los mineros ven a las mujeres como «intrusas» que roban puestos de trabajo, lo que justifica, a sus ojos, el acoso extremo y las agresiones. En Bolívar, esta hostilidad se traduce en una esclavitud moderna donde la mujer pierde su capacidad de decidir y es tratada como un objeto de intercambio.

Uno de los puntos más críticos señalados por el Centro de Derechos Humanos (CDH-UCAB) en su oficina de Guayana es que, desde 2021, se observa una normalización de la explotación dentro de las propias comunidades y familias. En la película, vemos este mismo fenómeno: La gerencia de la mina y los propios familiares de Josey guardan silencio o la culpan, perpetuando el abuso bajo el manto de la «costumbre”.

Tanto en la ficción de Minnesota como en la realidad de Bolívar, la violencia no es un hecho aislado, sino estructural. Es una configuración de poder diseñada para mantener a la mujer subordinada, sometida. La falta de apoyo institucional que enfrenta Josey es idéntico a la desprotección que sufren las mujeres en el estado Bolívar, donde la impunidad permite que las redes criminales operen sin freno.

En este contexto, organizaciones como Mujer y Ciudadanía cumplen un rol clave al formar a las mujeres como agentes de cambio. Gracias a su trayectoria donde esta organización ha sido fundamental en la promoción del liderazgo femenino y la educación en derechos humanos en Venezuela, tenemos una esperanza.

Mientras las redes de trata buscan anular la voluntad de la mujer, organizaciones como la nuestra, Mujer y Ciudadanía trabajan para devolverles la dignidad, la voz y las herramientas para denunciar y transformar su realidad.

Así como la película Tierra Fría logró un cambio legal histórico, la denuncia de Eumelis Moya en Venezuela nos obliga a actuar, pues no podemos normalizar la explotación en el sur del país.

Desde Mujer y Ciudadanía, cerramos nuestra intervención en este foro con una certeza innegociable: contra la esclavitud moderna, oponemos la fuerza de la acción, por ello dejamos tres proposiciones concretas como rutas de atención y participación:

  • Visibilizar a las mujeres. Romper el silencio. La normalización de la violencia es el mayor aliado del victimario.
  • Formar a las mujeres. Trabajar en la capacitación para evitar la revictimización femenina.
  • Apoyar a las mujeres: Fortalecer las redes de acompañamiento para ellas, no solo en lo concerniente a la esclavitud moderna, sino en todos los 25 tipos de violencia contra las mujeres.

De nuevo agradecemos a Bernardo Rotundo la invitación como aliados, pues su presencia en este foro, y la de las organizaciones femeninas que nos acompañan, justifica la necesidad de una sociedad civil organizada que no solo denuncie, sino que reconstruya el tejido social desde la dignidad femenina, la cual no tiene precio en gramos de oro.
Equipo de Mujer y Ciudadanía

Prensa Mujer y Ciudadanía

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