Marlene Santana, la mujer de 69 años que fue rescatada tras tres días bajo escombros y pidió Coca-Cola

(29 junio 2026) Un golpe en la cabeza dejó a Marlene Santana atrapada bajo los escombros. Los dos terremotos en Venezuela del pasado miércoles desplomaron su casa de cuatro pisos, que había resistido al deslave de 1999, cuando hubo una serie de aludes que dejaron devastada, como también hoy, al estado La Guaira, entonces llamado Vargas. Luego de casi tres días fue rescatada y lo primero que pidió fue una Coca-Cola.
«Yo pongo la cabecita en la pared y digo: Dios mío, aquí como que se perdió todo en la urbanización Playa Grande porque hay mucho silencio», recuerda haber pensado ya bajo los escombros, aunque reconoce en una entrevista a EFE que tiene «lagunas» mentales.
Santana, de 69 años, recuerda haber oído a su hermana quejarse de la pierna, pero en algún momento no la escuchó más. En la casa también estaba su esposo y su hija.
Ella cree que quedó atrapada en el área de la cocina, porque vio una taza donde tomaba café hacía decenas de años.
«Cuando levantaba la mano y tocaba, era un espacio muy reducido. Tocaba, a los lados. No sé si era pared o madera. No descifraba porque no teníamos luz, no teníamos nada», recuerda.
«Arrástrate»
Santana cree haber escuchado a un perro, probablemente uno que identifica a cuerpos con vida, ampliamente usados en labores de rescate.
«Yo sentí un perro. Me extraña porque yo no tenía un perro en mi casa. Ladró. Conseguí al personal de Bukele. Me dijeron que estaban apoyándome», comenta en referencia a los rescatistas de El Salvador, que llegaron a Venezuela como parte del apoyo internacional en el que también participan más de una decena de países.
El grupo de salvadoreños le pidió que se arrastrara, pero su espalda estaba cortada y ella les dijo que no podía. Los rescatistas le dieron agua y la animaron a salir.
«Les decía: no puedo más, porque estoy destrozada por debajo, mi espalda. No puedo. Me decían: ‘Señora Marlene, haga un sacrificio más’», señala.
Santana pidió cinco minutos y los rescatistas le dieron dos. Respiró y se arrastró como pudo, hasta que los salvadoreños la sacaron.
«Hubo momentos en que pensé que no iba a salir, porque sentía que el aire me faltaba. Yo he aprendido, gracias a mi neumonólogo, a manejar la respiración», subraya.
Fuente: Diario de Los Andes
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