Quedarse atrás no es la opción: El impacto de una catástrofe natural en la brecha de género| Por: Andrea Celis

Abogada Andrea Celis

(31 julio 2026) La tierra se movió y con ella la realidad de miles de venezolanos dio un giro de ciento ochenta grados en cuestión de segundos. 

Las secuelas del terremoto del pasado 24 de junio, trajo consigo una agudización a gran escala de la crisis humanitaria del país. Las cifras de víctimas y daños materiales que vemos a diario en noticias y redes sociales, no son sólo cifras, son el indicador de una tragedia humana de las más grandes proporciones que haya tenido Venezuela en su historia reciente, que se suma a ya los innumerables desafíos sociales y económicos de nuestra sociedad. 

Y esa tragedia humana también tiene rostro de mujer. Esto nos llama como sociedad a reflexionar y accionar porque todas las actuaciones destinadas a mitigar la vulnerabilidad de los miles de damnificados y víctimas del terremoto, tengan un enfoque diferenciado destinado a la protección de los derechos humanos de las mujeres.

Ya los indicadores de la Encuesta ENCOVI en años anteriores denotaban que la brecha de género en Venezuela se evidenciaba fundamentalmente en participación económica, las disparidades salariales y en las responsabilidades de cuidado en el hogar. A ese escenario ahora debemos sumarle las consecuencias del terremoto.

En una situación de catástrofe natural, mujeres, niñas y adolescentes se enfrentan al enorme desafío de la vulnerabilidad de sus derechos inherentes a su dignidad humana y los riesgos a los que se exponen: violencia de género, limitaciones a insumos de higiene menstrual, falta de acceso a primeros auxilios, acceso a agua limpia, espacios privados y seguros, sumado a que sobre ellas tiende a recaer el cuidado de su entorno familiar también afectado por la catástrofe.

Cifras de las organizaciones no gubernamentales y de las agencias de las Naciones Unidas que están brindando apoyo desde el día uno de la emergencia, dan cuenta de más de 36.000 mujeres embarazadas en las zonas afectadas por el terremoto.

¿Qué hacemos ante todo esto?

Quedarnos atrás no es la opción. Como mujeres y la sociedad en general porque esto trasciende a cualquier diferencia de género, tenemos un valioso potencial de ayuda, y las primeras horas de la emergencia dieron cuenta de la extraordinaria capacidad de cooperación social de los venezolanos, símbolo de esperanza y de un capital social invaluable que está latente a pesar de las adversidades.

La transparencia en los datos entorno a la emergencia es fundamental. Tener certeza de la población y su diferenciación por sexo, edad, personas con discapacidad, embarazadas, lactantes, personas de la tercera edad presentes en los refugios temporales, permite direccionar de manera eficaz y eficiente la ayuda, siempre con enfoque de género, donde se priorice la dignidad, así como la integridad física y psicológica de mujeres, niñas y adolescentes.

Los códigos de ética del personal humanitario y voluntario, espacios diferenciados y seguros para mujeres, niñas y adolescentes, kits de dignidad con productos de higiene menstrual, atención médica especializada, canales confidenciales y seguros de denuncia ante cualquier vulneración de derechos, forma parte de las líneas de acción en el contexto de la emergencia.

La sociedad civil debe tener un rol protagónico en el proceso de reconstrucción y recuperación de las zonas afectadas; y allí, las personas afectadas también deben tener participación en la toma de decisiones.

Que lo positivo y simbólico de experiencias foráneas como los Comités de Emergencia de Honduras creados hacía 1998 tras las secuelas del Huracán Mitch, las acciones gubernamentales implementadas en Chile tras el terremoto de 2010, los Comités Comunitarios de Protección Civil en México, nos sirvan de inspiración para la participación y el liderazgo comunitario para el abordaje de las necesidades y el fortalecimiento de la resiliencia comunitaria, desde la capacitación y la prevención ante catástrofes naturales.

Que la falta de planificación, el descuido institucional y la desconfianza que podamos sentir como sociedad no nos haga perder el rumbo y el foco; por el contrario, que la empatía colectiva, el compromiso ciudadano, la organización ciudadana, el dialogo y encuentro para visibilizar los derechos humanos de mujeres, niñas y adolescentes sean los catalizadores del dolor y trauma que como Nación estamos afrontando.

Andrea Celis: Abogada, especialista en Gestión Pública y diplomada en Gobernabilidad, Gerencia y Gestión de Políticas Públicas. Cuenta con una destacada trayectoria como defensora acreditada de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) en los municipios Sucre y El Hatillo (2020-2025). Además, ejerce como locutora y profesora en la Universidad Monteávila y en el Diplomado «Mujeres como Agentes de Cambio».

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