Qué dice la psicología sobre el llanto: por qué algunas personas lloran mucho y otras casi nunca
Aunque se trata de una manifestación humana y universal, no todos lo atraviesan del mismo modo. La frecuencia con la que aparecen las lágrimas abre preguntas sobre qué la modula y qué papel cumple

(Infobae/1 agosto) El llanto es una manifestación tan humana como universal, pero no todas las personas lo viven del mismo modo. Desde la psicología, se reconoce que existen diferencias notables en la facilidad y frecuencia con la que las personas lloran, y que estas particularidades tienen raíces en factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales.
Mientras algunas personas se conmueven con facilidad ante la tristeza, la alegría o el estrés, otras solo derraman lágrimas en circunstancias extremas, o incluso nunca lo hacen.
Esta diversidad en la respuesta emocional desafía la idea de que llorar es únicamente un signo de debilidad y plantea interrogantes sobre su verdadero sentido y función.
El llanto como respuesta emocional y fisiológica
Expertos en psicología consideran el llanto no como un signo de debilidad, sino como una herramienta innata para enfrentar situaciones que superan el umbral de tolerancia del organismo. Así lo describió Jorge Ulnik,médico psicoanalista y psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina y presidente de la Escuela Euro-Latinoamericana de Psicosomática (EULAPS), en diálogo con Infobae: “El organismo se manifiesta siempre queriendo tener un equilibrio y un umbral o un nivel de estímulo y de descarga dentro de ciertos rangos. Cuando el estímulo o la descarga supera esos rangos, entonces el cerebro lo interpreta como un peligro porque te hace perder el equilibrio”.
El llanto puede aparecer tanto ante la tristeza como ante la alegría, siempre que la intensidad de la emoción exceda lo tolerable para la persona. Desde el punto de vista fisiológico, el llanto activa mecanismos en el cerebro, especialmente a través del hipotálamo, que intervienen en el sistema nervioso autónomo ayudando a restablecer la calma.
“El llanto produce una información que estimula ciertos sistemas, como por ejemplo el hipotálamo, que va a actuar sobre el sistema nervioso autónomo restableciendo la calma. Es cierto que la gente cuando llora se descarga y que cuando se descarga se alivia de la sobrecarga a la que está sometido”, agregó Ulnik.
El papel de la educación, la cultura y los mandatos de género
La forma en que una persona expresa sus emociones no depende solo de factores biológicos. La educación y la cultura desempeñan un papel fundamental en la relación de cada individuo con el llanto. Ulnik destaca que “hay culturas en donde llorar es visto como una debilidad, como una demostración de fragilidad y de exponerse, y no hay permiso para llorar”.
En ese sentido, Silvina Buchsbaum, psicoanalista miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, profundizó: “La diferencia entre una persona que llora fácil y la otra que le cuesta no es simplemente el hecho de pensar que una persona es fuerte y la otra es débil, sino que depende de la historia emocional de cada individuo y por la relación que tuvo con las personas que lo cuidaron durante la infancia. No importa cuánto llore una persona, sino qué función cumple ese llanto”.
Buchsbaum sostuvo que los niños que aprendieron que sus emociones podían ser contenidas y comprendidas por un adulto tienden a expresar más fácilmente el llanto en la adultez. Por el contrario, quienes crecieron en entornos donde las emociones eran desalentadas o ignoradas, suelen reprimir las lágrimas y desarrollar una mayor dificultad para reconocer sus propios sentimientos.
Las expresiones del lenguaje popular, como “los hombres no lloran”, reflejan mandatos culturales que condicionan la expresión emocional, especialmente en los varones.
En relación a las cuestiones de género, Buchsbaum remarcó: “Las mujeres estamos más acostumbradas a llorar que los hombres. Todavía sigue ese dicho de que ‘los hombres no lloran’, aunque hay un cambio cultural, pero las diferencias de género son importantes”. Sin embargo, advierte que no son biológicas, sino producto de mandatos sociales que están en proceso de transformación.
Represión emocional, salud y mecanismos de defensa
La represión de las emociones no solo afecta la vida emocional, sino que puede tener consecuencias físicas. Al respecto, Ulnik señaló: “El psicoanálisis enseña que una de las principales razones por las cuales reprimimos ideas y las hacemos inconscientes es porque si se hacen conscientes desencadenarían emociones muy intensas y serían muy traumáticas. Entonces, para no llorar, reprimimos”.
Ese mecanismo de defensa puede llevar a que emociones no expresadas terminen manifestándose en el cuerpo como síntomas somáticos, tanto en niños como en adultos. Ulnik comparó este fenómeno con una mancha de humedad en la pared: si se impide que la humedad salga, terminará filtrándose por otro lugar.
La mirada internacional coincide. Harvard advirtió que reprimir el llanto puede estar asociado a enfermedades físicas y trastornos psicológicos. Permitir la expresión del llanto, por el contrario, puede favorecer la recuperación emocional y fortalecer el vínculo con los demás.
El llanto como comunicación y adaptación
Desde una perspectiva evolutiva y comunicacional, el profesor de Psicología Clínica y Psicoterapias y Secretario de Investigación de la Facultad de Psicología (UBA), Martín Etchevers, explicó que el llanto es una forma primaria de comunicación, especialmente en la infancia: “En la evolución es una conducta adaptativa. Pensemos en los niños: llaman a otro, comunican, dan a conocer, con la expectativa de ser atendidos. Es un llamado. El niño expresa hambre, dolor, miedo o malestar porque esa señal aumenta la posibilidad de ser atendido, cuidado y protegido”.
En la adultez, el llanto sigue siendo una herramienta para expresar emociones intensas y para solicitar comprensión o apoyo. Etchevers aclaró que llorar con facilidad no significa sentir más: “No llorar tampoco significa sentir menos. Eso está modulado, de alguna manera está aprendido en cada cultura, en cada familia y en cada época”.
No se trata simplemente de represión: algunas personas requieren mayor intensidad emocional para exteriorizar el llanto, mientras que otras han aprendido a contenerlo desde pequeñas.
Según la Universidad de Harvard, el llanto suele ser beneficioso, pero puede convertirse en un signo de advertencia si es demasiado frecuente, si no tiene causa aparente o si afecta la vida cotidiana. En estos casos, se recomienda consultar a un profesional de la salud mental.
El llanto, entonces, debe entenderse en su contexto personal, social y cultural. “El hecho de que alguien llore no alcanza para comprender qué es lo que está ocurriendo en su mundo interno. El llanto después hay que calificarlo y ver de qué se trata. Entonces, lo importante es preguntarse qué significado tiene ese llanto y qué función cumple», concluye Buchsbaum.
Por: Pilar Álvarez
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