RIOS DE CAMBIOS / OCÉANOS DE TRANSFORMACIÓN | Ana Cristina Garcia

Ha concluido un año de grandes desafíos. Para algunos con menor o mayores dificultades dando paso a un nuevo calendario, donde las esperanzas y expectativas de mejoras que aparentemente trae un año diferente potencian los deseos. Adicional a todo lo que ya aconteció en el 2020, nos envuelve un cambio de era, una transformación cultural y un inicio de década. Mucho para considerar, proyectar y planificar, pero sobre todo para recordarnos que como seres humanos nos debemos a la responsabilidad de estar vivos, de corregir lo necesario y hacerlo distinto.
Desde hace algún tiempo se vienen gestando cambios, algunos menos perceptibles que otros y no por ello menos contundentes. Lo cierto, es que los mismos son indetenibles. No son producto de una elección ni de elementos únicos, solo pertenecen a una fuerza necesariamente transformadora. No piden permiso, atraviesan los distintos espacios abriéndose paso como el río consciente que su desembocadura es en el océano y hacia allá se dirige. Creo que esto define la tan comentada nueva normalidad o realidad, siendo lo más viable o quizás sensato para preservar nuestra tranquilidad mental y emocional sortear los obstáculos, aceptar y fluir como río hacia el océano para no sentirnos excedidos ni atropellados.
Orientarse al cambio es alinearse a su dirección, seguramente su propio impulso nos recuerda que pretender ir en otra dirección es ir contrario al futuro, al avance y a la necesaria expansión. La historia nos ha mostrado muy bien en qué consiste ser superados por la energía del cambio. De allí la importancia de entrar a este cambio de era no solo con una actitud que apoye, también con una consciencia clara de nuestros roles, de nuestra responsabilidad, humanidad y ciudadanía. Decisión, compromiso, preparación y disciplina es un coctel de gran impacto, unido al desarrollo de habilidades indispensables para insertarnos y responder a su velocidad.
Cuando tenemos claro en lo que podemos influir y en lo que no, nos transformamos en piezas claves y activas, nos colocamos en modo acción. Posiblemente ante tanto movimiento desconocido tomemos decisiones que no se ajusten y que no se puedan revertir, pero si queremos corregir o cambiar aspectos de las mismas es en el presente que podemos realizarlo con enfoque de una visión de futuro. Basta observar los estados de ansiedad que acompañan a muchos por no entender los movimientos a lo que estamos expuestos, pero aún más por resistirnos ante lo que acontece y aferrarnos a anteriores paradigmas de estabilidad.
Se habla de nuevas formas de trabajo, de hacer negocios, de mercados y de competir. De nuevos modelos de educación, de las nuevas necesidades que surgen producto de los diferentes cambios y de su interacción, de habilidades a incorporar que conforman características que han de enlazarse a distintos perfiles profesionales y que cobrarán una importancia cada vez mayor. Pero definitivamente debemos realizar balances de las estructuras que han de acompañarnos de cara a esta nueva realidad, y un papel fundamental lo han de jugar los valores heredados, basados muchos en individualismos y el énfasis exagerado en uno mismo y muy poco de los valores colectivos.
Así que estamos en una disyuntiva interesante y realmente desafiante. Por un lado aceptar que nuestra forma de vida cambió sea o no de nuestro agrado, y por la otra de revisar y comenzar a prepararnos para hacerle frente e incorporar lo necesario que nos permita ser todo lo productivo que deseamos bajo estos nuevos esquemas. Es prudente reconocer que estamos en un cambio de era, con señales que apuntan a renovaciones a fondo y constantes, a nuevos rumbos y que éstos pueden presentarse de muchas formas, posiblemente inesperadas, sorprendentes y veloces.
¡Prepararnos es la opción!
LA PAZ COMIENZA CONMIGO
![]()