Deuda histórica con las mujeres cuidadoras de personas dependientes y con discapacidad

 (2 de noviembre de 2025) El movimiento feminista tiene una deuda histórica con las mujeres cuidadoras de personas dependientes y con discapacidad. La carga de ser cuidadora a tiempo completo sine die puede ser abrumadora. A veces resulta difícil admitir que necesitan un respiro o que no pueden con todo. Es necesario reconocer el derecho de las cuidadoras a poner de manifiesto que tienen límites; cuidar de si mismas es igual de importante que el cuidado de otras personas que lo requieren. La carga emocional y física puede ser muy pesada, y es fácil sentirse culpable por desear un evadirse o por necesitar ayuda.

Cuidar de una misma no solo beneficia a quien cuida, sino también a la persona objeto de cuidado. Si las que cuidan, están agotadas o estresadas, es más difícil brindar el apoyo necesario. Aquí expongo algunas ideas que podrían ayudar a ese cometido:
1. Hablar de manera abierta y honesta sobre cómo se sienten y con partir emociones puede aliviar parte de esa pesada carga.

2. Buscar apoyo en amigas, familiares o grupos de cuidadores puede ser útil. Ellas pueden ofertar una perspectiva diferente o incluso ayuda física
3. Reservar un tiempo para una, aunque sea un corto espacio de tiempo, puede marcar una gran diferencia. Ya sea un paseo, leer un libro o simplemente descansar, esos momentos son valiosos.

4. Perder el miedo a establecer límites respecto a lo que pueden y no pueden hacer. Es saludable conocer los propios límites y ser honesta con una misma y con los demás.

5. Si la carga es demasiado pesada, dirigirse a profesionales como un terapeutas, puede proporcionar herramientas para manejar el estrés y las emociones.

El autocuidado y la comprensión de una misma son claves en dicho proceso. No están solas en esto; hay muchas otras que enfrentan desafíos similares.

Para avanzar en la atención a la o cuidadora, es vital definir el síndrome de la cuidadora quemada, también conocido como «burnout”, es un estado de agotamiento físico, emocional y mental que afecta a quienes cuidan de otros, especialmente en situaciones de dependencia. Algunas características y síntomas incluyen:

1. Agotamiento emocional: se trata de sentimientos de agobio, fatiga y cansancio, incluso tras un merecido reposo para reponer fuerzas.

2. Percepción de la persona a la que atienden como carga en lugar de reconocer al ser querido, lo que conduce a sentimientos de culpa.

3. Sentimiento de que los esfuerzos no son valorados por el entorno, que se la acusa de no hacer lo suficiente.

4. El sentimiento que acabamos de describir termina conduciendo a la cuidadora al aislamiento de familiares y otras personas allegadas, lo que asegura e intensifica una sensación de soledad.

5. Esta situación puede llevar a problemas emocionales como ansiedad, depresión, problemas digestivos o enfermedades relacionadas con el estrés.

Para manejar el síndrome de cuidadora quemada, es esencial adoptar estrategias de autocuidado, como las que mencioné antes. La clave está en reconocer los signos a tiempo y buscar apoyo antes de que se convierta en un problema más grave. Hablar con otras cuidadoras o unirse a grupos de apoyo también puede proporcionar un espacio para compartir experiencias y obtener consejos prácticos. Priorizar su bienestar es fundamental para poder seguir brindando el cuidado requerido

Pero de las que nadie habla es de las cuidadoras que a su vez viven teniendo ellas mismas discapacidad. En tal caso, tienen que lidiar con el síndrome de la impostora. La responsabilidad de cuidar, especialmente si se tiene una discapacidad, puede generar sentimientos de duda y cuestionamiento sobre la propia valía y habilidades.

El síndrome de la impostora se manifiesta como una sensación persistente de no merecer el reconocimiento o de ser un fraude, a pesar de los resultados favorables. Pueden sentir que no está haciendo lo suficiente o que no es lo suficientemente buena en esa faceta.

Por todo ello, es primordial reconocer estas emociones y buscar apoyo. Hablar con otras cuidadoras , unirse a grupos de apoyo o incluso considerar la terapia. También es clave recordar los logros y el impacto positivo que se tiene en la vida de los demás.

Fuente. Tribuna Feminista
Por: Mari Mar Molpeceres

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