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Eco-lógico | Por: Laura Rocha

Fuente: Infobae
7 de febrero 2024

¡Buenos días! Espero que estés muy bien.  Qué calor, ¿no? El termómetro este verano marca registros históricos en el Cono Sur del planeta. Desde el Ecuador hasta la Patagonia predomina el color bordó en los mapas térmicos. Y, como ya he advertido, la tendencia para esta región, según los científicos, muestra un incremento de olas de calor, así como también su prolongación a causa del cambio climático.

Las altas temperaturas, sabemos, se sienten con mayor intensidad en las ciudades. Sin embargo, existen varias posibilidades de mejorar la calidad de vida de las personas con medidas que pueden ser tomadas desde los municipios.

En la Argentina, las ciudades concentran al 90% de la población. Es en ellas donde los impactos se sienten más y, en consecuencia, donde debemos focalizar las soluciones. ¿Cómo deben las ciudades pensar la acción contra el aumento del calor urbano? Cippec elaboró, el año pasado, una lista de algunos requisitos que los intendentes e intendentas deberían tener en cuenta a la hora de abordar las estrategias:

  • Generar conciencia pública sobre la problemática.
     
  • Planificar y diseñar las ciudades para reducir el calor (disminuir sus emisiones de carbono y los efectos de islas de calor urbanas).
     
  • Adaptar las ciudades para que las personas puedan desarrollarse en un contexto de mayor calor (edificios frescos, eficiencia térmica y energética, espacios verdes, provisión de agua).
     
  • Garantizar una respuesta adecuada (gestión de riesgos, sistemas energéticos y de salud robustos) para afrontar eventos extremos de modo de minimizar daños. 

Por supuesto que muchas de estas estrategias requieren de inversión, sin embargo, también hay que apelar a la creatividad. Así lo sostiene la arquitecta Nidia Marinaro de Livingston, a quien entrevisté hace poco más de un mes. Ella me enumeró varias medidas posibles y aplicables no sólo en megaciudades como Buenos Aires, sino también en urbes de menor tamaño.

“Los árboles en galería reducen la temperatura no solo de la pared frontal que da a la calle, sino de toda la casa, de toda la cuadra. Podemos plantar y cuidar más especies en las veredas, conservar plantas en patios y terrazas”, me dijo. Y no se cansa de repetir que un árbol puede filtrar 7.000 kilogramos de partículas contaminantes, generar 350 litros por hora de oxígeno y capturar 150 kilos de dióxido de carbono por año.

Otra medida fundamental para las casas o departamentos es la ventilación. “Una palangana o una fuente con agua a temperatura ambiente permite refrescar esa circulación de aire”, ejemplificó.  Además, para quienes puedan disminuir la refrigeración artificial en las horas con menor registro térmico, recomienda abrir las ventanas de manera que el aire de los ambientes se renueve y haya una ventilación cruzada.

Respecto de la infraestructura urbana, los expertos de Cippec describen algunas soluciones que se trabajan en otras ciudades. Por ejemplo en Medellín, Colombia, se crearon 30 corredores verdes que lograron reducir hasta en cuatro grados la temperatura en zonas críticas de la ciudad.

En Sidney, Australia, se diseñó un plan de arbolado urbano que contempla la incorporación de especies que sean más resistentes al calor, al tiempo que potencie los beneficios ambientales de acuerdo a las características específicas de cada barrio.

En Los Ángeles, Estados Unidos, mapearon decenas de centros públicos de enfriamiento, que son espacios que proporcionan aire acondicionado para que las personas puedan refrescarse durante los días de calor extremo. El acceso a estos centros es gratuito.

Las altas temperaturas no sólo pueden causar un malestar en la vida cotidiana, sus efectos también pueden llegar hasta la muerte, especialmente en las poblaciones vulnerables, como son los mayores de 65 años, los bebés y las personas electrodependientes.

El año pasado se cumplieron 20 años de la peor catástrofe climática de la historia reciente: la ola de calor que, en 2003, afectó a gran parte de Europa, especialmente a España, Francia e Italia, y dejó más de 80.000 muertos en 12 países. La Argentina no está exenta de este flagelo. En diciembre pasado, se cumplieron 10 años de una de las peores olas de calor registradas, que se extendió desde Buenos Aires a Mendoza: sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dejó un saldo de 544 muertes.

A nivel global, la frecuencia de las olas de calor casi se ha triplicado: en 1900 ocurría, en promedio, una ola de calor cada diez años. Hoy ese valor se incrementó a casi tres cada diez años. Según sean los escenarios futuros de calentamiento global, de acuerdo a lo analizado por el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU), se podrían dar en forma aún más frecuente. De persistir el escenario actual, su magnitud a futuro podría alcanzar las nueve olas de calor cada diez años.

Queda clarísimo que es un tema que debería estar en la agenda pública y que tiene que ser abordado por la política. 

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