Eduardo Agelvis, las líneas y las machas y sus caballos blancos por Karin van Groningen

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Y el hombre sintió la necesidad de crear. Esa es la necesidad que ha acompañado a Eduardo Agelvis durante toda su vida. El caraqueño que escucha a Bach, Wagner y Chopin seguido del flamenco de Nina Pastori. El caraqueño que desde muy niño con un lápiz en el bolsillo dibujaba incansablemente. Su colegio experimental lo ayudó. Le entregaban papeles, lápices y colores y lo enseñaban a observar el entorno. Plasmar el entorno en la fibrosa naturaleza blanquecina del papel y luego del lienzo. Transformar con sólo unas cuantas líneas y manchas, su blanca y plana materia, en un mundo colmado de claro oscuros y de perspectivas. Eso lo aprendió desde muy niño. Le entregaban trozos de madera y metal y aparecían los animales de su granja. Los caballos de su finca. Caballos como Pegasus, ese blanco animal alado, nacido del dios Poseidón que con fuerza se remonta hasta los cielos. Caballos blancos como aquel cabalgado por Santiago el Mayor, el patrón de España, artífice de la Reconquista. O como la blanca cabalgadura que monta San Jorge durante la Primera Cruzada según lo reporta la Gesta francorum. Caballos como Incipiatus, que pertenecía al emperador Calígula y que formaba parte del senado en la Roma clásica. Caballos como ese blanco ejemplar que mide 110 mts de largo creado hace ya 3.000 años en Uffington, los condados de Oxfordshire y Berkshire, Inglaterra. Caballos como esos que forman parte de su exposición actual Equus, en la galería de arte El Mochuelo Art en el Centro Comercial Concresa, Caracas.

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Y el hombre sintió la necesidad de crear. Esa es la necesidad que ha acompañado a Eduardo Agelvis durante toda su vida. Lo llevó a la universidad Central de Venezuela para convertirlo en arquitecto, la expresión máxima del poder de creación, para muchos. La casa de Carlos Raúl Villanueva, declarada patrimonio mundial, cultural y natural de la humanidad por la UNESCO. La casa de enseñanza del escultor Cornelius Zitman, su profesor de dibujo junto al gran caricaturista, Pedro León Zapata.

La necesidad de crear lo llevó a llenar sus paredes de telas, las que después de sus rituales de caminar entre la naturaleza y de sus primeros pasos en la meditación budista, comienzan a albergar, entre sus líneas y sus manchas, casi intempestivamente, huéspedes no siempre anunciados. Huéspedes que poco a poco van apareciendo con vocación de permanencia.

La necesidad de crear lo llevó a indagar en sus gestos. Sus particularidades. Las variaciones que se producen de un momento a otro. Su secuencia. Esos gestos encadenados unos a otros que llevados magistralmente al lienzo, reflejan el movimiento. El caballo a galope. Impetuoso. Espectacular ejemplar de animal. La fuerte ventisca que provoca a su alrededor. El material que se levanta con la fuerza del animal en poderoso movimiento. Colmado de energía avanza hacia el espectador en una carrera que en segundos acabará con la distancia que los separa.
Karin van Groningen
kavege@gmail.com
Caracas, 14 de diciembre 2019
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Exitoso como artista. Formidable como persona fue su paso profesional en su fugaz estadia en San Juan de los Morros en la decada de encubacion de lis anos ochenta