El contraste de una crisis que nos distancia /Ana Cristina García
Observar las distintas dinámicas y acciones del ciudadano venezolano dentro de la Venezuela actual y su crisis, despierta una serie de emociones y reacciones. En particular un gran esfuerzo para no emitir juicios, pues entendí muy bien hace tiempo, que cada quien es responsable de su vida y decide hacer con lo que tiene lo que cree es más conveniente a su individualidad, es la libre elección.
Hemos desarrollado conductas que efectivamente nos distancian, a pesar de compartir objetivos por un bienestar común sin duda. Simultáneamente, vivimos movimientos sociales tanto dentro como fuera de las fronteras, en parte producto de una ausencia de confianza en las instituciones, en los gobiernos y en los dirigentes políticos. Pareciese que la vida en su inmensa sabiduría nos exigiese mentalizarnos en lo verdaderamente importante, en el desempeño responsable como ciudadanos de un país. Son realmente densas y dolorosas las formas que ha encontrado la vida misma, el colectivo y los procesos para hacernos entender. El punto es, que no sabemos el tiempo que nos lleve hacerlo.
Observamos en el día a día comportamientos realmente variados. En las redes sociales se leen condenas a personas tildadas de incoherentes, de ignorantes y responsabilizándolas que por actitudes como las que mencionaré aún no salimos de la situación actual. Cito algunos ejemplos: el viernes negro venezolano, asistir a funciones teatrales no económicas, “Los Miserables”. tomarse fotografías ante las luces de la avenida rio de janeiro En mi humilde opinión que pueden perfectamente no compartir, si los destinos de un país o la verdadera transformación del pensamiento y la consciencia de una sociedad descansara solo en eso, creo que la solución fuese más sencilla.
El mayor contraste de la crisis que nos acompaña a mi modo de ver, tiene un gran basamento en los valores de distintos tipos anteriormente presentes y en los que han surgido. La sociedad Venezolana está ante una transformación de características fragmentadas y caóticas, y tengo la percepción que el discurso que se utiliza carece de contenido para una sociedad que ha cambiado; donde intereses y motivaciones no son los mismos.
Cuando la dignidad de una sociedad es débil, ni la causa más noble y cierta resiste. Causas profundas y variadas están presentes y requieren ser analizadas para canalizar cambios sostenibles en el tiempo. Para quien escribe dignidad y moralidad van de la mano y exigen un examen de consciencia para cada ciudadano que hace vida en este país y para quienes pretenden dirigirlo, sobre sus formas propias externas pero sobre todo, las de puertas adentro.
Responsabilizar a otros de nuestros males, ha sido una tendencia del ser humano y el venezolano hace exaltación de ello. El nivel de compromiso ante una situación tan compleja como la que vivimos, con un éxodo de gente joven tan elevado, con una generación que percibe un país de contrastes, de intereses individualistas y las del recuerdo de una Venezuela que no volverá, demandan grandes acuerdos, de distintos actores y naturalezas, estrategias a corto, mediano y largo plazo absolutamente medibles.
El país necesita que nos involucremos honestamente. Darse tanta veces contra la misma piedra nos invita a hacer una lectura distinta, crear una consciencia de cambio y una responsabilidad individual progresiva en todos los espacios. Definitivamente acciones con sentido y coherencia.
Ana Cristina García
Impulsadora y Agente de Cambios
Coach/Psicoterapeuta/Conferencista/Neurogencia
Creadora del Programa Acciones Conscientes para el CAMBIO
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