El ocho de abril de 2022/ Lunyzbreid López*

El ocho de abril de 2022, me llegó un mensaje de un amigo, también egresado de mi querida USB. Creo que cualquier otro video similar lo hubiera pasado por alto, pero me interesé en saber qué ha florecido en el espíritu de los jóvenes de esta generación tan llena de dificultades.

Observé a una chica hablando claro, con un discurso coherente y organizado, agradecida por la formación y el apoyo recibido, preocupada por la «universidad en mengua» y el futuro. Entonces, criticó abiertamente la ética de las autoridades universitarias interinas y estas se fueron. En ese momento no sabía cómo se llamaba.

¿Quién era esta muchacha valiente? ¿Cuáles serían las consecuencias?

Gabriela Álvarez no se inmutó ante aquella muestra de soberbia e intolerancia frente a la respetuosa exposición de la verdad y siguió dando su mensaje hasta completarlo, representando el sentimiento de muchos.

Si bien fue ovacionada al término, me sorprendió que no fuera así apenas dichas las palabras mágicas que tuvieron el poder de desaparecer de escena a aquellos tres seres. ¿Por qué cuando en cualquier acto en vivo aplaudimos la genialidad, no nació hacerlo en ese momento? ¿Sería el miedo o el protocolo? Dejó un sabor agridulce. Cuando se alza una voz no se le debe dejar sola con el peso del silencio.

Ese sueño del estudiante universitario de llegar al momento cumbre de la graduación en el que dicen su nombre para recibir el diploma, fue mancillado por quienes no tenían el derecho de hacerlo, esos que más bien debieron sentirse orgullosos de que se formó una profesional con espíritu crítico, ese que hace falta para alcanzar y mantenerse en la excelencia. Lo curioso es que contrario a restarle importancia al discurso, le dieron la razón.

A pesar de las circunstancias, Gabriela, tal vez inadvertidamente para ella, se volvió un ejemplo de entereza y convicción. Una muestra de que la juventud tiene voz y consciencia, con ganas de querer cambiar las cosas para bien, harta de la injusticia, los abusos y la desidia. De seguro entre quienes la escuchamos habrá más de una niña para quien su actitud sirva como una chispa que irá creciendo y que debería encenderse en todos.

«Mala conducta que no se sanciona… permanece. Buena conducta que no se premia… desaparece». Evangelina García Prince

  • Egresada de la USB, cohorte 1991.

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