El potencial desaprovechado del trabajo de la mujer /El Heraldo

De acuerdo con cifras del Dane, la producción del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados en el país fue de 232,8 billones de pesos en 2013, del cual el 79% lo produce mano de obra femenina.

 

A nivel mundial y de forma generalizada existe una alta discriminación de género en el mercado laboral. De acuerdo con la ONU Mujer, hoy en día las mujeres realizan un 75% del trabajo mundial, pero reciben únicamente el 10% de la paga y poseen el 1% de la propiedad. En la mayoría de países, en promedio estas ganan entre el 60 y el 75% del salario de los hombres.

En Colombia, aunque a partir de la ley 1430 sobre la valoración económica del trabajo no remunerado se logró un avance significativo y un reconocimiento a los derechos de la mujer, todavía hay una subvaloración del trabajo femenino, explicada principalmente porque una gran parte del trabajo que realizan las mujeres no es remunerado y se concentra en servicios domésticos y de cuidados.

Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), nueve de cada diez mujeres realiza trabajo no remunerado que no es incluido en el sistema de cuentas (suministro de alimentos a miembros del hogar, la limpieza, mantenimiento y reparación del hogar y el cuidado físico de miembros del hogar), mientras que es así para seis de cada diez hombres.

Recientemente el Dane publicó el noveno informe sobre la Economía del Cuidado, en el marco del Sistema de Cuentas Nacionales, donde demuestra que los servicios de cuidado representan una gran magnitud en el total de la economía nacional. Según el informe, la producción del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en el país fue de 232,8 billones de pesos en 2013. Este valor aumenta un 71% el total de la producción de los hogares (560,8 billones de pesos), lo cual acerca su participación al valor producido por las sociedades no financieras (637,2 billones de pesos).

De este incremento, cerca de 137 billones se deben al valor del trabajo representado principalmente por la mano de obra femenina (79,2%). En Colombia, el 70% de las labores domésticas están realizadas por mujeres; un fenómeno similar al panorama mundial. En los países de la OCDE, el doble de mujeres está involucradas en trabajos no remunerados. Las mujeres no están dedicadas al ocio como se pensaría, sino al trabajo del cuidado.

Para Camilo Madariaga, docente de Psicología de Uninorte, en Colombia esta situación se puede caracterizar como factor explicativo del fenómeno de la pobreza, en cuanto a que el tiempo está sumamente mal repartido en el hogar, y generan un círculo vicioso, tanto social como laboral, que alimenta la trampa de la pobreza.

Se incentiva la permanencia de los roles tradicionales, fomentando la idea de que el trabajo de la mujer en el hogar es natural, lo cual limita sus posibilidades de bienestar en términos de tiempo y de opciones laborales. En lo que se refiere a servicios personales, según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del Dane, el 18,7% de los hombres puede dedicar parte de su tiempo a actividades culturales o deportivas, en tanto que solo el 9,2% de las mujeres puede hacerlo.

“Se sigue pensando en muchos ámbitos culturales de nuestra nación que la mujer debe permanecer en la casa, pues tiene obligaciones domésticas, además del cuidado de los hijos, mientras el hombre es quien debe salir a buscar el sustento de cada día”, comenta Javier Suárez, docente de Filosofía de Uninorte.

Las mujeres están acumulando capital humano que no es usado. Existe una fuerza de trabajo capacitada y disponible para ser empleada pero que se encuentra en condiciones de desaprovechamiento, desempleo o subempleo. Esta ineficiencia puede afectar negativamente el crecimiento económico e incidir en la persistencia de la pobreza.

“La falta de oportunidades, los niveles de pobreza, la desigualdad, la exclusión y la discriminación, y la invisibilidad de la importancia económica de estas actividades son varios de los elementos que perpetúan las relaciones económicas y de poder que subyacen a las desigualdades de género en nuestro país”, explica Madariaga.

Políticas públicas: aún falta

Para Suárez, no es suficiente pensar que las mujeres merecen un reconocimiento y una reivindicación de sus derechos fundamentales, siguiendo el criterio de respetar su dignidad humana, sino que el ordenamiento político y, en consecuencia, el jurídico debe plantear prácticas que se orienten a la normalización y reglamentación específica de un mayor espectro de oportunidades para las mujeres. Hay que sensibilizar a tomadores de decisión para entender que la división sexual del trabajo no es una condición estática en las sociedades. “Si se logra acatar la ley juiciosamente, sería el aporte más importante a la equidad de género en la historia de nuestro país”, finaliza Madariaga.

POR: 

 

ALIANZA EL HERALDO- UNINORTE

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