El tercer informe de la misión internacional /Gioconda Cunto de San Blas

Uno ingenuamente piensa que el ser humano en su ascenso civilizatorio va progresando linealmente del mal hacia el bien, que las ideas de igualdad y el reconocimiento de derechos humanos (DDHH) son parte inalienable del hombre moderno, de su dignidad y sus libertades, que el mundo de hoy es mejor y más justo que el de ayer y el de mañana será aún mejor que el de hoy.

De repente, nos llega el tercer «Informe de la misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela», comisionado por el Consejo de DDHH de la ONU y esa percepción de ascenso continuo cae. El informe se centra en dos temas prioritarios: a) los crímenes de lesa humanidad cometidos a través de estructuras e individuos pertenecientes a los servicios de inteligencia del Estado, como parte de un plan para reprimir a personas opositoras al Gobierno; y b) los DDHH en el Arco Minero del Orinoco y otras áreas del estado Bolívar.

La Misión presentó su primer informe en 2020, centrado en las violaciones de DDHH y delitos en el contexto de represión política selectiva, operaciones de seguridad y protestas, todos los cuales constituyen crímenes de lesa humanidad. Un segundo informe en 2021 se dedicó al sistema de justicia que a juicio de la Misión, contribuye a perpetuar la impunidad e impide a las víctimas acceder a recursos legales y judiciales efectivos y en ciertos casos, asiste a la política de Estado de aplastar a la oposición

El tercer informe (2022) abunda en los crímenes ya reportados en informes previos. Y se afinca en dar más testimonios (246, que se suman a los 383 de informes previos), además de señalar organismos ejecutores y develar nombres de los responsables, en una escala que abarca desde la más alta jerarquía gubernamental hasta el último de los torturadores.

El catálogo detallado de crímenes cae torrencial en las páginas del informe: «crímenes de lesa humanidad revistieron especial crueldad y se cometieron contra personas indefensas. Personas opositoras al Gobierno, reales o percibidas, y sus familiares fueron sometidos a detenciones ilegales, seguidas de actos de tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes y a violencia sexual y de género».

Nuestras investigaciones y análisis muestran que el Estado venezolano utiliza los servicios de inteligencia y sus agentes para reprimir la disidencia en el país […]. Estas prácticas deben cesar inmediatamente y los responsables deben ser investigados y procesados de acuerdo con la ley», ha declarado Marta Valiñas, presidenta de la Misión.

Uno quisiera creer que no son venezolanos quienes se ensañan contra coterráneos indefensos, en un intento por despojarlos de su dignidad humana. Pero no, el informe los precisa: son venezolanos, seleccionados por vulnerables y embrutecidos en programas de intercambio entre Venezuela y Cuba, diseñados por mentes siniestras para desprenderlos de todo sentido ético de reconocimiento al otro. ¿Cómo lo logran? La respuesta ya se sabe. Nos la dan experimentos en psicología llevados a cabo hace varias décadas.

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