En el ejercicio de cuidar el corazón, la mujer va detrás

No solo la salud cardiovascular femenina tiene características propias respecto al hombre. También la forma de cuidarla. De acuerdo con las estadísticas de hábitos deportivos, las mujeres están en desventaja. Son muchos los factores por los que hacen menos ejercicio físico, clave para prevenir estas patologías

Fuente: El País (España)
Por: María Corisco
17 de abril 2024

Hace décadas que se sabe que un estilo de vida saludable es determinante para prevenir la enfermedad cardiovascular. Eso es algo que vale tanto para hombres como para mujeres. Pero en el caso de la mujer hay aspectos concretos sobre los que los expertos creen que hay que poner el foco. El sedentarismo es uno de ellos. La Encuesta de Salud de la Fundación Española del Corazón (ESFEC) de 2021 destaca que el sedentarismo en la población femenina es del 22,4%, frente al 16,2% en la masculina. Otro sondeo, el de Hábitos Deportivos del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes de 2022, indica que solo el 17,3% de las mujeres hace ejercicio a diario y más del 50% ni siquiera una vez al mes. Aunque las cifras mejoran en el porcentaje de mujeres que andan o pasean a diario (la mitad), aún son muchas que no incluyen ningún tipo de ejercicio en su día a día. El último barómetro sobre el tema, publicado este mes por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), es tajante: las mujeres son menos activas físicamente: un 45,5% frente a un 50,6%. Y apunta, por ejemplo, cómo el principal argumento para dejar el deporte, la falta de tiempo, es esgrimido por las mujeres cuatro puntos más. Y que también ellas dejan más el ejercicio por obligaciones familiares (dos puntos más). Datos a considerar ya que el ejercicio físico es una de las formas de prevenir enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en las mujeres.

“La salud cardiovascular de la mujer tiene características propias que la diferencian de la del varón”, resalta Leticia Fernández Friera, cardióloga fundadora de Atria Clinic y jefe de servicio Cardiología (HMCIEC) en HM Hospitales. “Por eso es necesario trabajar la prevención teniendo en cuenta estas peculiaridades y el impacto de los distintos factores de riesgo”. En este sentido, se trata de trabajar desde muchas áreas, “pero también de hacer hincapié en la importancia del estilo de vida”, explica la doctora, una de las impulsoras del movimiento Corazón de Mujer y Miembro del Comité Científico del proyecto Mujer y Corazón de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

“La actividad física es fundamental para la salud cardiovascular. Es la mejor medicina, y la deberíamos pautar igual que un medicamento”, explica la doctora Fernández Friera. “Reduce el azúcar, el colesterol, el peso, ayuda a redistribuir la grasa, disminuye el riesgo de demencia y favorece el aumento de masa ósea y muscular. Además, reduce el estrés y es antiinflamatorio”, resume.

“La actividad física es fundamental para la salud cardiovascular. Es la mejor medicina, y la deberíamos pautar igual que un medicamento”

Leticia Fernandez, cardióloga fundadora de Atria Clinic

Es “una herramienta imprescindible”, corrobora Raquel Campuzano, cardióloga en el Hospital Universitario Fundación Alcorcón. “Es fundamental intentar hacer ejercicio todos los días, cumpliendo al menos 150 minutos a la semana y sin olvidar el ejercicio de fuerza al menos dos días por semana”. Esta recomendación, añade, “es especialmente importante durante la menopausia, cuando tenemos mayor tendencia a perder masa y función muscular, lo que se conoce como sarcopenia”, recalca la doctora, miembro del grupo de trabajo en enfermedad cardiovascular de la Mujer de la SEC y del comité científico del proyecto Mujer y Corazón de la SEC.

La importancia de la alimentación

Junto al ejercicio, la otra gran aliada es la alimentación. “La dieta mediterránea es la que ha demostrado proteger más nuestro sistema cardiovascular y también las enfermedades oncológicas. Se basa en elegir a diario los alimentos de origen vegetal, como frutas, verduras y legumbres. cereales integrales, aceite de oliva; los frutos secos y pescados frecuentemente y muy pocas grasas saturadas. Es la dieta de elección para cualquier persona”, señala la doctora Campuzano. Por su parte, la doctora Fernández Friera recalca que “la alimentación ayuda a prevenir muchos de los factores de riesgo, como la obesidad, hipertensión, colesterol alto o diabetes. Según diferentes estudios, la población femenina española estaría abandonando las pautas saludables de la dieta mediterránea por un modelo calórico desequilibrado”.

ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN

Dieta cardiosaludable

  • La dieta mediterránea ha demostrado proteger nuestro sistema cardiovascular
  • Ayuda a combatir factores de riesgo como obesidad, hipertensión, colesterol alto o diabetes
  • Debe ser rica en alimentos vegetales (fruta, verduras, legumbres, frutos secos y cereales preferentemente integrales)
  • Reducir harinas refinadas y grasas animales
  • Evitar alimentos procesados

Actividad física

  • Hacer 150 minutos a la semana de ejercicio físico
  • Incluir ejercicios de fuerza, especialmente en la menopausia
  • La actividad física durante el embarazo y el posparto aporta beneficios para la salud materna y fetal
  • Previene los riesgos de preeclampsia, hipertensión y diabetes gestacional, el aumento excesivo de peso, las complicaciones en el parto y depresión posparto. Menos complicaciones neonatales

Hablan de dieta y ejercicio, pero la prevención puede ir mucho más allá y el primer paso para ello es entender el alcance de la enfermedad cardiovascular en la población femenina. “Existe una falta de concienciación sobre el hecho de que anualmente fallecen más mujeres que hombres como consecuencia de problemas cardiovasculares”, explica la doctora Raquel Campuzano. Tampoco se conoce, añade, que, “además de los factores de riesgo habituales que afectan a toda la población, nosotras tenemos factores de riesgo propios, como los acontecimientos adversos durante el embarazo, el síndrome de ovario poliquístico o el aumento del riesgo cardiovascular durante la menopausia”. También tratamientos oncológicos, o las enfermedades autoinmunes, pueden aumentar el riesgo cardiovascular en la mujer.

“Además de los factores de riesgo habituales que afectan a toda la población, nosotras tenemos factores de riesgo propios”

Raquel Campuzano, cardióloga en el Hospital Universitario Fundación Alcorcón

Esta falta de percepción del riesgo es una de las causas de que cada año mueran más de 60.000 mujeres por este motivo (casi 7.000 fallecimientos más que en la población masculina). Y es, también, el caballo de batalla de distintos movimientos encaminados a visibilizar la realidad de las enfermedades cardiovasculares en la mujer.

“Alrededor del 80% de estas enfermedades se podrían prevenir”, señala la doctora Fernández Friera. “Para ello, es importante que la mujer conozca su vulnerabilidad y que ponga medidas para reducir su riesgo. También es necesaria una tarea de educación no solo en la población, sino en los profesionales que atienden a la mujer a lo largo de su vida”.

FACTORES DE RIESGO CARDIOVASCULAR

No evitables o no modificables

Edad Avanzada

Historia familiar

Predisposición genética

Evitables o modificables

Hipertensión arterial

Colesterol y triglicéridos alterados

Diabetes mellitus

Tabaquismo / consumo excesivo de alcohol

Obesidad / sobrepeso

Sedentarismo

Estrés

Uso de anticonceptivos

Porque la prevención bien entendida no empieza una vez que la mujer, pasada la menopausia, ha igualado su riesgo cardiovascular al del varón. Como indica la doctora Campuzano, “tenemos toda una vida para intentar no llegar al evento vascular. En la infancia y juventud es muy importante mantener el normopeso, hacer actividad física diaria (las chicas son menos activas que los varones a partir de los 16 años), seguir una buena dieta y, por supuesto, no empezar a fumar, o vapear, porque en la actualidad empiezan a fumar más las mujeres jóvenes que los varones jóvenes”.

Durante la edad reproductiva, es importante estar alerta ante determinadas situaciones que solo se dan en la mujer. Como señala la doctora Campuzano, “un diagnóstico de ovario poliquístico, una diabetes gestacional, una hipertensión durante el embarazo o un bebé nacido con peso bajo o antes de la semana 37 también aumentan nuestro riesgo de tener un evento cardiovascular”. Tomar conciencia de estos factores de riesgo, tanto mujeres como profesionales, y que formen parte de la historia clínica, “es la clave para que, en años sucesivos, se pueda hacer un seguimiento estructurado y un tratamiento adecuado”.

Siguiendo con las etapas en la vida de la mujer, la llegada de la menopausia hará que “la actividad física y evitar la obesidad sean más importante que nunca, así como la dieta mediterránea y un control estricto de los factores de riesgo”, continúa la doctora Campuzano. Y, en el caso de que se produzca un evento cardiovascular, “hacer una atención lo más precoz posible y derivar activamente a un programa de rehabilitación cardiaca, que sabemos que beneficia más incluso a las mujeres que a los varones. Nuevamente hay que concienciar a mujeres y profesionales de los beneficios de estos programas porque ellas acuden mucho menos que los hombres”.

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