Entrevista a Jorge Dager por Karin van Groningen

Me encontré con Jorge Dager, el llanero de Valle de la Pascua que quería ser veterinario. Su curiosidad se impuso y le abrió otro camino. Un camino que lo llevó a Caracas, luego a Madrid, a París y a Praga. Muchas salas de exposición en el mundo han expuesto sus trabajos y dan cobijo a sus obras. Y es que desde niño no podía dejar de observar la naturaleza que lo rodeaba, en la finca de su padre en el corazón de los llanos venezolanos. Los árboles y las pequeñas plantitas. El pedregal de los meses de verano. Las grandes inundaciones en los de invierno. La adaptación del exuberante mundo vegetal al cambiante entorno. Observaba y dibujaba. Dejaba testimonios de las nuevas plantas y de sus nuevas hojas. Dibujaba sus cambios. Dibujaba su transformación en húmeda tierra. Dejaba testimonios de los animales. El lápiz siempre en su bolsillo. Sus perennes clases de dibujo y pintura, que le eran negadas como castigo. Uno que le dolía más que ninguno. Y, lo peor, también como castigo le quitaban el lápiz. Se despertó en él la necesidad de plasmar la realidad tal como la veían sus ojos. Su temprana necesidad de plasmar en papel o lienzo sus observaciones lo llevó a hacer una exposición individual con sólo 22 años. Su necesidad de plasmar en papel o lienzo sus observaciones lo ha acompaña hasta el día de hoy que nuevamente presenta sus obras en la exposición “Equus” en la Galería El Mochuelo Art del Centro Comercial Concresa, Caracas. sydney sweeney nsfw

Me encontré con Jorge Dager, el llanero de Valle de la Pascua enamorado de su vida y de su trabajo, que de niño, quería ser El Zorro. Todos los días trabaja desde las 5 am para recibir el amanecer, justo al pie de El Ávila, portentosa montaña que observa desde su taller. Trabaja en sus lienzos, que colgados en sus paredes esperan su llegada con tanto entusiasmo como lo espera él. Trabaja en sus naturalezas muertas. En sus bodegones. En las faenas del campo. Y más recientemente en sus extraordinarios caballos. Esos que le reflejan al caballo de El Zorro de su niñez. Al caballo del dios Poseidón de la mitología griega. Al caballo de Alejandro Magno, el gran conquistador. El caballo de San Jorge… Trabajos de gran formato. Anticipa el inicio su inicio de su labor, con el placer del café matutino. Y también con ese café endulza sus horas vespertinas de intenso y concentrado trabajo.
Me encontré con Jorge Dager, el llanero de Valle de la Pascua enamorado de su Tornado. Ese caballo que con el nombre del caballo de El Zorro, lo espera los martes y los jueves religiosamente para compartir durante un largo paseo, su degustar del mundo natural. Ese caballo que se trajo en avión desde Holanda. Ese caballo que te mira desde el mismo centro de la sala de la galería de arte. De bronce la mirada. La madera en su génesis. Lo cierto es que antes prácticamente que ocurrieran las presentaciones de rigor, estaba imbuida en la descripción de aquel proceso epopéyico de domar la madera que luego, trasvasada en bronce, da vida a la hermosa pieza equina.
Una gigantesca rama de cedro. Ancha y larga. Extremadamente pesada. Encaramado “a caballo” en ella. La separación de la gruesa y dura corteza con una sierra eléctrica de gran tamaño. Peligrosos movimientos que, desde la parte más alejada de la gran rama de madera, acercaban la sierra hacia su cuerpo. Una y otra vez, hasta desnudar los tejidos bañados de rojo. Una y otra vez, hasta que el cansancio alegra el alma. Una y otra vez, cansado y alegre, con su boca llena del amargo sabor del cedro.
Me encontré con Jorge Dáger el llanero de Valle de la Pascua, en su epopeya por domar la madera. Los cortes para formar grandes cubos en la gigantesca rama del cedro. Las cabillas clavadas en su centro. Un cubo, una cabilla. Grandes chupetas aromatizadas. Las chupetas ensambladas, pegadas entre sí con un negro y grueso cordón umbilical metálico, hasta dar forma a un cubo de grandes proporciones.
Me encontré con Jorge Dáger en su epopeya de domar la madera. A punta de cincel y martillo. Con cuidado extremo para no herir los sensibles tejidos vegetales. A punta de cincel y martillo y de mucho cuidado fue retirando el material superfluo. A punta de cincel y martillo y de mucho cuidado fue presenciando la lenta aparición. La presencia escondida en la materia. La hermosa cabeza de su caballo.

Karin van Groningen
kavege@gmail.com
Caracas, 13 de diciembre 2019
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Hermosa presentación….el personaje siempre ahí….levitarón sus sueños….disperso su espíritu….. Bella obra herrante.
Extraordinaria descripción detallando vida y obra del talentoso creador el Maestro Jorge Dager que hace la escritora Karin van Groningen
TODO DEBIDO A LA LLANERIDAD ANCESTRAL HEREDADA DE LA VIDA MISMA,DEL ESPACIO REPOSO Y TIEMOO,CONDICIONES INTRINSICAS PARA LA REALIZACION DE UNA OBRA TRASCEDENTAL. BRAVO.