La reconciliación frente a la adversidad, la desunión y el resentimiento / Francisco J Contreras M

“A la manera la gente de Bizancio discutiendo el sexo de los ángeles y perdiendo a Constantinopla”

Francisco J Contreras M

Queremos que las cosas estén en su sitio, en orden y agradables a la vista, pero hay mucho trabajo, la gente llanos distrae, la verdad no somos tan disciplinados, ni organizados como creemos. Hay quienes hacen cosas que nos frustran, hay demasiadas tareas por hacer y supervisar y poco tiempo para aprender. Desabastecimiento, hiperinflación, desasosiego, desconfianza, pandemia y temores despuntan al interior y en las afueras de la existencia, es un momento de adversidades.

El problema no es el mundo, siempre habrá desorden, desorganización y vacíos existenciales. El verdadero inconveniente es que nos aferramos a lo que esperamos de los demás, de nuestro trabajo, de nuestra familia y de nuestra propia vida. Es un apego derivado de la desesperanza y del desespero, es un endosar las culpas y las responsabilidades en el otro, en quien nos parece más que adversario un enemigo, es la tragedia de la desunión y de resentimientos.

Parece que nos falta la voluntad para aceptar las cosas como son. Y no queremos sentir, ni sufrir luchas, por lo que tratamos de evitar pensar en lo que nos distrae, en huida optamos por esperar que algo acontezca, hasta nuestro propio fracaso. Vemos en cada quien lo irreconciliable: un enemigo y no un compañero del camino.

Podríamos intentar ver nuestras aprehensiones en otra perspectiva, del cómo responder a la cuestión de dónde se encuentran ciertamente, de observarlas, de ofrecerles atención. Cuáles son, examinemos esas tiranteces de la manera como se presentan y también sobre el cómo las sentimos, reflexionemos cómo relajar esos arrestos en la forma como existen. Indaguemos sobre lo bueno que podría haber en esos mismos sucesos y en la eventualidad de ver otra representación. Nos sentiríamos bien con el descubrimiento de esa posibilidad, dejando la lucha, aceptando el momento y como realmente somos. Qué hay de bueno en esa secuencia para ver lo que es bueno en nuestras luchas, en las relaciones complicadas y en nuestro propio devenir.

Podemos redescubrir la alegría que siempre ha estado allí, en medio de la adversidad. Se requiere con urgencia lo que ya sabemos y tenemos en las manos: un nuevo relato cívico, una visión y la transición con todos, ha llegado el momento de la reconciliación y del cambio

Saquemos los precios de las profundidades de los mercados negros, hasta ese dólar perverso que nos acogota y transformémoslo en un dólar institucionalmente legal. Necesitamos ayuda internacional, requerimos recursos equivalentes a tres meses de alimentos, medicinas e insumos sanitarios, también apoyo para liberar al aparato productivo del país de la asfixia en que se encuentra. Necesitamos un verdadero Estado con un marco regulatorio emancipado del abuso del poder discrecional, libre del manejo de información privilegiada por parte de extractores de renta, sin incentivos que perviertan la conducta cívica. Absolvamos al país del “populismo”, de la “iliberalidad” y de la “anti-política”.

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