La relevancia de la interacción social en la personas adultas mayores| Por: Diannaly Muñoz Blanco

(25 de septiembre 2025) Desde pequeña, he escuchado hablar de «La Edad Dorada» como esa etapa final que viven nuestros abuelos. Sin embargo, este término, asociado a la vejez, no me resulta del todo agradable. El oro, aunque simbólico de durabilidad y valor, también puede llevar a una percepción limitada de esta fase de la vida, por tanto, es importante replantear cómo vemos esta etapa.
Además, como sociedad, es momento de que dejemos de valorar únicamente la juventud, y tomemos conciencia de que a menudo pasamos por alto e ignoramos a las personas adultas mayores, quienes poseen una experiencia y una sabiduría invaluables. Más aún, en Venezuela no sólo es un deber moral ayudar a los adultos mayores para garantizar su dignidad, autonomía, bienestar y el pleno ejercicio de sus derechos, sino también una responsabilidad legal que recae sobre todos, es decir, no solo en la familia, sino también en el Estado y en la sociedad en su conjunto. De hecho, nuestra legislación, establece claramente esta responsabilidad compartida.
Es fundamental por tanto que, como comunidad, apoyemos a nuestros adultos mayores, especialmente en estos momentos de grandes desafíos. Sin embargo, también es importante que ellos mismos busquen salir de sus casas y, de ser necesario, procuren acompañamiento psicosocial para combatir la soledad y el aislamiento, porque si deciden cuidar de su salud y bienestar, podrán disfrutar de una mejor calidad de vida.
Del mismo modo, no hay que tener miedo cuando llega la jubilación, esta no debe ser vista como un final, sino como un nuevo comienzo, lleno de oportunidades para seguir creciendo, aprendiendo y compartiendo. Si ya arribaste a esa edad donde eres “jubilable”, ¡felicidades!, puede ser el inicio de una fase llena de nuevas y enriquecedoras experiencias, así que anímate a salir y socializar, verás que se incrementará tu bienestar físico y emocional.
Como decía Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz: «Los años no arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo sí arruga el alma”. Así las cosas, por eso, no debemos privarnos de sensaciones y emociones; disfrutar de la vida no tiene edad.
Retomando nuestro rol como sociedad, no podemos marginar a las personas mayores, pero a su vez, es vital que ellas no se encierren en sus casas, por el contrario, lo ideal es buscar grupos donde puedan socializar, aprender y hacer nuevas amistades. En mi experiencia, dictando talleres para personas Adultas Mayores he notado que también en estos espacios encuentran refugio, felicidad, amistad, solidaridad, aceptación y respeto mutuo. Reunirse con personas que comparten historias y experiencias es un regalo que no tiene precio. Somos seres sociales, y participar en estos grupos es algo realmente maravilloso; allí incluso notamos que hasta nuestras imperfecciones nos hacen únicos y valiosos independientemente de la edad, y además la voluntad de hacer el bien y ayudarnos mutuamente fortalece lazos y nos brinda un sentido de pertenencia que regocija el alma.
No olvidemos que especialmente en esta etapa de la vida, resulta también indispensable mantener y cultivar buenos hábitos. Los expertos indican por ejemplo que dormir bien, meditar y rodearse de personas positivas son prácticas que mejoran la calidad de vida y ayudan a manejar el estrés. Vivir en tensión claramente deteriora la salud, por lo que es necesario encontrar actividades que permitan liberar esa carga.
Asimismo es importante depurar nuestro entorno social. Las personas que nos rodean ejercen una influencia constante, a menudo más poderosa de lo que imaginamos. Si estamos rodeados de personas quejumbrosas y pesimistas, es probable que absorbamos esa mentalidad. No se trata de creerse mejor que nadie, sino de reconocer que nuestro entorno genera un impacto directo en nosotros.
Por ello, es un buen ejercicio evaluar quién suma y quién resta en nuestras vidas e Identificar a quienes nos impulsan a crecer y ser felices y a quienes nos anclan en la mediocridad y el hastío. No todas las relaciones merecen el mismo espacio en nuestra agenda ni en nuestra energía. Algunas nos fortalecen, cimentadas en el respeto y objetivos comunes, mientras que otras nos desgastan, basadas en la crítica constante y el interés unilateral. Mantener vínculos tóxicos es como intentar limpiar nuestra casa mientras dejamos abiertas las puertas y ventanas; el polvo entra más rápido de lo que podemos limpiar.
Romper con estos patrones no es fácil. Muchas veces, estas conexiones se sostienen por historias compartidas, lazos familiares o el miedo a la soledad. Sin embargo, quiero recordarte que tu tiempo y energía son recursos limitados. Aquellos que consumen tu vitalidad sin aportar nada a tu vida te alejan de la realidad que deseas construir. El orden social que necesitas mantener una vez avanzas en edad, implica rodearse intencionalmente de personas que encarnen los valores y hábitos que quieres fortalecer en ti mismo.
En fin, te sugiero respetuosamente que vivas un día a la vez, agradece, fíjate metas, baila, canta, celebra cada momento. No permitas que la edad te limite; al contrario, abraza esta etapa con entusiasmo. La vida continúa, y con cada salida y cada encuentro, puedes demostrar que tu historia está lejos de haber concluido. Cada interacción es una oportunidad para seguir creando recuerdos, aprender y crecer. Sigue viviendo con la certeza de que siempre hay algo nuevo por descubrir y compartir.
Y a aquellas personas que aún no han llegado a “la edad dorada”, una vez más las invito a involucrarse con nuestros adultos mayores, tanto los que están en su familia como en su comunidad. A ellas y ellos podemos ofrecerles nuestra compañía, un poquito de nuestro tiempo, una conversación, una merienda, una sonrisa o un abrazo, y al hacerlo, descubriremos que todas y todos ganamos. Su compañía es revitalizante y aunque el tiempo pase y la edad cronológica se eleve, su esencia y su capacidad de amar permanecen intactas.
¡La vida es maravillosa!
Diannaly Muñoz Blanco : Abogada. Egresada del Diplomado Mujeres como Agentes de Cambio (Asociación Civil Mujer y Ciudadanía-Universidad Monteávila), Directora del Centro de Asesoría Legal Padre Olaso. Profesional con un gran sentido de la justicia, alto nivel de experiencia en materia procesal, hidrocarburos, Derechos Humanos de las mujeres y equidad de género y un verdadero interés por asesorar y orientar a particulares para la solución de problemas legales así como su acompañamiento en trámites ante instituciones públicas o privadas, habilidades para redacción de documentos y recopilación de documentación e información.
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Hermoso escrito de la vida dorada y sus pasos para mantener el buen humor y el contacto humano con gente alegre y positiva. Gracias por tan hermoso mensaje.