Las dos mujeres deportistas que Andy Warhol inmortalizó con su Polaroid
Fuente: elcorreo.com | Puedes leer la noticia original aquí.
La patinadora sobre hielo Dorothy Hamill y la tenista Chris Evert figuran en su serie ‘Atletas’

Andy Warhol, artista plástico y actor estadounidense que desempeñó un papel crucial en el nacimiento y desarrollo del pop art, concebía el deporte como parte de la cultura pop. Por eso fue uno de sus temas recurrentes. No hay nada más cotidiano, pensaba, que un ídolo, ni nada más mundano y genial que un gol, un drive, un crochet, una canasta… Durante los años 70, hizo trabajos a medida para coleccionistas y distintas celebridades.
Del coleccionista de arte y aficionado a los deportes Richard Weisman surgió su proyecto ‘Atletas’, una serie de retratos de estrellas deportivas de finales del siglo XX. Salieron diez pinturas de deportistas famosos, dos de ellos, mujeres: los boxeadores O. J. Simpson y Muhammad Alí, el jinete Willie Shoemaker, Jack Nicklaus (golfista), Tom Seaver (jugador de béisbol), Karem Abdul-Jabbar (jugador de baloncesto), Rod Gilbert (jugador de hockey), el futbolista Pelé, la tenista Chris Evert y la patinadora Dorothy Hamill. Como en el caso del resto, a estas dos últimas las consideraba muy atrevidas para la época, de ahí que las eligiera para retratarlas con su cámara Polaroid.
Chris Evert (1954, Florida, EE UU) fue una de las jugadoras fundamentales durante el período de consolidación del tenis femenino profesional. Posee el segundo palmarés más amplio de todos los tiempos, superado sólo por su eterna rival, Martina Navratilova. Durante toda su carrera se mantuvo entre las tres primeras del mundo, siendo la número uno de 1975 a 1978 y en 1981. Ganó al menos un título de Grand Slam al año desde 1974 hasta 1986, destacando en su palmarés siete Roland Garros, seis Open de Estados Unidos, tres Wimbledon y dos Open de Australia. Su frialdad sobre la cancha le valió el apelativo de la ‘Dama de Hielo’.
Preparada para el tenis desde muy niña bajo la dirección de su padre, Jimmy Evert, fue considerada como la jugadora de fondo de pista más consistente de su generación y la más perfecta aparecida hasta el momento. Su milimétrica precisión y su capacidad de concentración le valieron 157 títulos profesionales, más que ningún otro jugador o jugadora hasta que Martina Navratilova la superó en 1992. Porque Chris Evert y Martina Navratilova fueron dos número 1 históricas del circuito femenino, y durante quince temporadas construyeron un verdadero superclásico del WTA Tour: 80 partidos oficiales, con 43 victorias para Navratilova y 37 para Evert, entre 1973 y 1988.
Es el duelo con más cotejos disputados en la era abierta, tanto en mujeres como en varones, muy por delante de los 55 duelos entre Novak Djokovic y Rafael Nadal, y el doble de los 40 de Federer-Nadal. De los 80 encuentros que hubo entre ambas, 60 fueron finales, y 14 en Grand Slams. Los números le dan casi siempre ventaja a Navratilova, pero Evert conseguía llevar al extremo a la zurda, a partir de un juego sólido y consistente, con una regularidad notable en una deportista de máxima exigencia. Hasta en sus estilos de juego asomaban las distancias entre ambas. «Éramos diferentes: ella sacaba y se iba a la red, era agresiva; yo jugaba desde la línea de fondo y contraatacaba. Martina era muy emotiva, yo era muy fría y estaba siempre en calma. Ella era muy física, con un cuerpo, una fuerza… Físicamente era mejor atleta que yo, mientras que mentalmente yo era más fuerte. Ella venía de un país comunista, yo de los Estados Unidos. No podíamos ser más diferentes… era divertido», explicó Evert en una entrevista con el diario ‘El País’.
Todas esas diferencias no impidieron que conformaran una excelente relación que sobrepasó la rivalidad deportiva. Una camaradería que se acentuó con el transcurso de los años. «Solíamos jugar backgammon o al Boggle antes de entrar en la cancha si había un retraso por la lluvia», ha rememorado en alguna ocasión Navratilova.
La segunda mujer fotografiada por Warhol en su serie ‘Atletas’ es Dorothy Hamill (Illinois, EE UU, 1956), expatinadora sobre hielo estadounidense. Hamill patinó por primera vez a los ocho años en un estanque en el patio trasero de su casa, suele recordar. A los 14 estaba entrenando siete horas al día bajo la supervisión del legendario entrenador de patinaje Carlo Fassi. Hamill fue tres veces campeona nacional de Estados Unidos (1974–76) y campeona mundial de 1976. Fue la última patinadora en ganar una medalla de oro olímpica sin saltos triples.
Su corte de pelo fue muy imitado, como su estilo de patinaje. A Hamill, admirada por su feroz determinación, se le atribuye la invención de nuevos movimientos propios. Como por ejemplo, el que se llamaría ‘Hamill camel’, un giro en camello seguido de un giro sentado. De 1977 a 1984 viajó con el grupo ‘Ice Capades’, que hacía espectáculos con expatinadores artísticos campeones olímpicos y campeones nacionales de EE UU que se habían retirado de la competencia formal. También produjo y protagonizó sus propias producciones, incluyendo ‘Cenicienta’ y ‘El cascanueces’. Ganó un Premio Daytime Emmy por su papel protagonista en la producción de patinaje artístico de 1983 ‘Romeo y Julieta en hielo’ y fue incluida en el Salón de la Fama Olímpico y el Salón de la Fama del Patinaje Artístico y seleccionada para llevar la antorcha al Estadio Olímpico en los Juegos Olímpicos de 2002 en Salt Lake City.
En 2006, debutó como juez en el programa de televisión ‘Patinando con Celebridades’. Al año siguiente, publicó su autobiografía, ‘Una vida de patinaje: mi historia’. Y en 2007 una mamografía de rutina reveló que tenía un tumor en el pecho. Venció a la enfermedad y se ha volcado desde entonces en la campaña ‘BeWiser’, que anima a las personas que han superado un cáncer a mantener un estilo de vida saludable.
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