Las Heroínas de Irán: de la Revolución Islámica a las protestas actuales (1979-2026)| Por: Eduardo Nakayama

(15 enero 2026) La Revolución Islámica de Irán fue uno de los acontecimientos más impredecibles del siglo XX, un vuelco dramático en un mundo que parecía encaminado hacia la secularización y la modernidad. Bajo el reinado del Sha Mohammad Reza Pahlavi (1941-1979), Irán fue un bastión del Medio Oriente en su progreso económico impulsado por el petróleo, con ciudades relucientes y alianzas firmes con Occidente. Sin embargo, en un giro que pocos previeron, líderes religiosos ayatolás, que representaban la rama más extremista del islam chií, lograron derrocar al gobierno del Sha e instalar una teocracia que rechazó la occidentalización acelerada.
La huida del Sha dejó un vacío que fue llenado por el ayatolá Ruhollah Jomeini, quien regresó de su exilio en París y fue recibido por millones en Teherán: sus sermones, distribuidos en casetes clandestinos, movilizaron a las masas a través de las mezquitas, demostrando cómo la tecnología moderna podía servir a causas antiguas. En abril de 1979, un referéndum abrumador aprobó la República Islámica, con Jomeini como Líder Supremo en un sistema que fusionó religión y Estado de manera inédita en la era contemporánea: un retroceso a estructuras teocráticas que el siglo XX parecía haber dejado atrás.
El retroceso fue inmediato y profundo. Las reformas del Sha —como la emancipación femenina y la secularización— habían sido vistas por los chiíes como una traición a la identidad islámica. La revolución prometía justicia social y soberanía, pero trajo represión: la imposición obligatoria del hiyab para las mujeres, la purga de opositores mediante policías morales y la Guardia Revolucionaria Islámica (incluida su Fuerza Quds), entre otras, limitando drásticamente las libertades individuales y rechazando la modernidad a costa de aislamiento internacional, guerras devastadoras en un ciclo de inestabilidad que persiste hasta hoy.
El régimen iraní también jugó un rol central en la creación, financiamiento y fortalecimiento de «proxies» o aliados clave en su «Eje de Resistencia» contra Israel y Occidente: Hezbollah fue fundado en el Líbano en 1982 con intervención directa iraní, incluyendo entrenamiento y cientos de millones de dólares anuales; Hamás (y Yihad Islámica Palestina) en Gaza recibió desde los años 90 fuertes apoyos en financiamiento, entrenamiento y tecnología para cohetes; los hutíes (Ansar Allah) en Yemen han sido respaldados desde al menos 2011-2015 con misiles, drones y entrenamiento, permitiendo proyectar poder en el Mar Rojo.
Asimismo, en 2024, la Corte Suprema Argentina responsabilizó a Irán y Hezbollah por el atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 (29 muertos) y el peor ataque terrorista en la historia de América Latina: la bomba contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), también en Buenos Aires, en 1994 (85 muertos y cientos de heridos), declarados crímenes de lesa humanidad y atribuidos a planificación y financiamiento iraní ejecutados por Hezbollah con participación de elementos desde Paraguay en la Triple Frontera.
En 1997, Mohammad Jatamí, un reformista, ganó la presidencia con promesas de diálogo con Occidente y mayor libertad cultural, pero chocó con los conservadores controlados por Jamenei y dos años después se llevaron a cabo protestas estudiantiles de 1999, las mayores desde la revolución, que fueron aplastadas, revelando la brecha entre la aspiración popular y el establishment teocrático. En 2005, Mahmud Ahmadineyad, un populista de línea dura, asumió, exacerbando tensiones con su retórica antiisraelí y el programa nuclear.
El enriquecimiento de uranio llevó a sanciones de la ONU y Occidente, profundizando el retroceso económico. Las fraudulentas elecciones de 2009 desataron el Movimiento Verde, donde millones de iraníes protestaron por democracia, pero la represión mató decenas y arrestó a miles. Hasan Rohaní, elegido en 2013, negoció el Acuerdo Nuclear (JCPOA) en 2015, un breve respiro que levantó sanciones a cambio de límites al programa atómico, pero en 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, Estados Unidos se retiró del acuerdo, reimponiendo sanciones que colapsaron la economía iraní y generaron una nueva ola de protestas entre 2018 y 2019 por alzas en combustibles y corrupción, sofocadas con cientos de muertos.
El punto de inflexión llegó en 2022 con la muerte de Mahsa Amini, una joven iraní detenida por la policía moral por uso incorrecto del hiyab. Las protestas «Mujer, Vida, Libertad» se extendieron por meses, con mujeres quitándose el velo en desafío y medio millar de muertos. Las actuales protestas estallaron el 28 de diciembre de 2025 en Teherán y se extendieron a más de 100 ciudades. Inicialmente impulsadas por el colapso del rial, la inflación galopante y la escasez, han evolucionado hacia demandas de cambio de régimen.
Las mujeres iraníes juegan un papel protagónico destacado: lideran en las calles, queman hiyabs y retratos del Líder Supremo en público, desafiando a las fuerzas de seguridad de frente y arriesgando sus vidas a cada hora, en medio de un apagón gubernamental de la señal de Internet y con un saldo de muertes cuya cifra se ignora, pero se calculan en más de 2.000 y más de 10.000 detenidos hasta el momento. Este ciclo de resistencia popular subraya el agotamiento del modelo teocrático y el anhelo persistente de cambio en una sociedad que, desde 1979, ha pagado un alto precio por el retroceso impuesto.
Defender la causa de las mujeres iraníes y del pueblo persa es deber de todo ciudadano, sin importar dónde haya nacido, de todo demócrata, independientemente de la inclinación ideológica que tenga, y obligación de toda persona de bien, sea cristiano, judío, musulmán, budista o ateo, porque los crímenes que ha cometido y sigue perpetrando este abominable régimen contra su propia población, han violado todos y cada uno de los Derechos Humanos.
Viva Irán Libre !
Eduardo Nakayama: Historiador y Senador Nacional de Paraguay
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