«Llevábamos a nuestros hijos a entrenar hasta que pensamos: ¿y si jugamos nosotras también?»

Jugadoras de fútbol en el campo. Fotografía cedida por CDE Dragones de Lavapiés

(7 noviembre 2025) Es una estampa común en las puertas de colegios o centros deportivos. Grupos de madres esperan, «haga frío o haga calor», a que sus hijas e hijos finalicen sus actividades extraescolares. Pero todo es distinto en este club de fútbol, el Dragones de Lavapiés. En este caso, el grupo de madres compuesto por Tania, Carlota, Michelle… se dijo: «¿y si jugamos nosotras también?».

Así explica Tania Santos el proceso de creación de su equipo, que sirvió como empuje de la sección femenina del club, que ahora cuenta con varios conjuntos: el de mujeres adultas conocido como Madres de Dragones, un equipo de mujeres sin hogar que disputa la Homeless Cup; grupos de cantera de categorías cadete y alevín y un equipo queer.

«Las madres de los niños pequeños del barrio, en vez de quedarse de brazos cruzados viendo a sus hijos, se pusieron a jugar. Algunas jugaron por primera vez a los 45 años, vieron que les gustaba, que estaban en un entorno seguro, con gente de su edad y haciendo comunidad en el barrio», relata una de las entrenadoras del club, Sheila Jiménez.

Este proyecto autogestionado tiene sede en el corazón del barrio madrileño de Lavapiés y destaca por ir mucho más allá del fútbol, con unos principios claros de antirracismo, igualdad de género e inclusión de personas LGTBQIA+. También por ser probablemente el club más multicultural de España al contar con más de 50 nacionalidades en sus filas.

Esta mezcla hace que converjan perfiles de todo tipo: «Yo en mi equipo tengo niñas que viven en La Latina y van al Liceo Francés y también tengo a la niña racializada de familia desestructurada, no queremos perder a ninguna pero nuestro must es no perder a la última».

Así, los entrenamientos se centran en aspectos que van más allá de lo deportivo: «Lo primero es que se diviertan, que todas jueguen y que encuentren en este club un lugar seguro», comenta la técnica. Algo que confirma la futbolista Tania, para quien ir a entrenar es «felicidad» y «una terapia».

«Yo había intentado jugar a fútbol, jugaba en el barrio con los amigos, pero nunca había tenido la oportunidad de estar en un equipo, cuando surgió lo de las madres fui una de las primeras en apuntarse»,  añade. 

La Homeless Cup: Cuando el fútbol es para todas 

Una de las patas fundamentales de este proyecto es la participación en la Homeless Cup, la Copa Mundial de Fútbol Calle que pretende reunir a selecciones de todo el mundo compuestas por personas en situación de vulnerabilidad. 

Dragones de Lavapiés acudió al Mundial del pasado agosto con un equipo mixto, pero Dragonas también tuvo la oportunidad de ir a Basilea, el pasado mayo, a participar en la edición femenina. Y para Tania fue una experiencia «maravillosa» en la que sintió que hasta las rivales formaban parte del mismo equipo. 

«No tuve la sensación de estar nerviosa ni sentí la necesidad de ganar, conocimos mucha gente, cada una con sus historias pero todas éramos iguales, fue muy bonito», señala. 

El equipo que presentó el club madrileño estaba compuesto por personas de diferentes realidades: mujeres que reciben el ingreso mínimo vital, víctimas de violencia de género, mujeres que residen en centros de acogida, etc. 

Personas que hasta ahora habían quedado excluidas de este tipo de experiencias: «Salimos en el desfile de inauguración con las banderas, representando a nuestro país…sabiendo todo lo que han sufrido, al final se siente como una pequeña recompensa. Si tu sueño ha sido jugar al fútbol y nunca te han dejado, vivir una experiencia así, es la leche, la verdad». 

Tras su segunda experiencia en la Homeless Cup, lo que Sheila saca en claro es que «se puede vivir el fútbol con la misma pasión desde lugares muy distintos». Y es que tras jugar a nivel federado cree que estas vivencias han estado «al mismo nivel». 

Lavapiés, buque insignia de proyecto 

«Creo que es la primera vez en mi vida que hago vida de barrio», señala Tania. Y esto ha ocurrido gracias al fútbol. «Mi hijo también hace vida en el barrio, lo hace todo con los compañeros del equipo», relata. 

Sheila define a Lavapiés como «el buque insignia» de Dragones: «Se genera un sentimiento de barrio fundamental, un sentimiento de pertenencia a la zona y a un grupo muy reconfortante». 

Lo cierto es que la pasión del barrio por su equipo se hace visible con la presencia de pegatinas en muros y en establecimientos: «Vas por el barrio con la camiseta de Dragonas y la gente te anima».

Para Sheila, residente del barrio desde hace muchos años, este proyecto es una muestra de «supervivencia» por parte de sus habitantes.

Ambas coinciden en que se trata de una experiencia «sanadora». «Se vive felicidad, todo son risas, motivación… A lo mejor un día sólo has dado tres patadas al balón y las cosas no salen pero es una ilusión y un punto de encuentro, hemos hecho una red muy guay», sentencian.

Fuente: EFE
Por: Ivone Palenzuela

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