“Los derechos de las mujeres tienen un costo político”/Paola Ale/UNO

No es una fantasía paranoica, ni un cliché feminista, es una realidad: a las mujeres nos cuesta más conseguir lo que a los varones les cuesta menos. En materia laboral, en cuestiones salariales, en el hecho de ocupar puestos de decisión y en cuanto a cargos políticos o judiciales. Las mujeres venimos con un retraso de años, de siglos en materia de igualdad de derechos.
Entonces, a veces pasa, muy de vez en cuando, pero pasa. Llega una de nosotras a representarnos, y nos enorgullece. Y se nos infla el pecho, porque por todas las que van por la vida silenciadas, con sus críos a cuestas, amedrentadas por los mandatos de una sociedad patriarcal que nos conmina a ocupar lugares de cuidado, de educación, y que nos confina al interior de nuestros hogares, una llega. Una de nosotras traspasa el techo de cristal con el que nos chocamos sin darnos cuenta cuando intentamos “crecer más de la cuenta”. Una que somos todas.
Esa “una” en este caso es Eleonora Lamm, que tiene un nutridísmo currículum que incluye un máster internacional en Derecho de Familia, investigación en Bioética, y especialización en Derechos Humanos. Esa “una” hoy ocupa un puesto en la justicia mendocina: es subdirectora de la oficina de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Mendoza y nada menos que desde este lugar, puede ser la voz de las que muchas veces no alcanzan a hacerla escuchar.
Es discípula de la doctora Aída Kemelmajer de Carlucci, la última mujer que ocupó un puesto en la Suprema Corte y junto a ella, trabajó intensamente para la elaboración del nuevo Código Civil de la Nación, y aunque entiende que se resignaron algunos derechos importantes –como la sanción del polémico artículo 19, que reconoce la vida desde la concepción- sabe que en otros se han hecho grandes avances.
Eleonora es feminista y es madre de Chloé, una niña de tres años que empezó a asomarse al mundo una hora después de que ella dejara de trabajar. Es evidente que no puede perder el tiempo: necesita estudiar y hacer, para el regocijo de todas las que creemos en la igualdad de derechos.
-¿Cómo fue que te interesaste por especializarte en Derechos Humanos?
-Cuando me recibí de licenciada en Derecho en la UNCuyo, me fui a España, a realizar un máster en Derecho de Familia. Estuve 4 años y realicé también una especialización en Bioética y Derechos. Me fui becada al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
“Luego regresé a Mendoza, y me involucré en la investigación. Empecé a trabajar en el 2010, como becaria e investigadora en el Conicet. Terminé mi doctorado en Bioética y Derecho me especialicé en esta investigación, en el Conicet. Hace dos años se dio esto de trabajar en Derechos Humanos en la Corte, por una iniciativa del doctor Omar Palermo .
-¿Este interés surgió en época universitaria?
-Tuve distintas etapas. Al principio, no quería estudiar, me quería ir de mochilera a conocer el mundo, pero me interesé cada vez más en mi carrera. Cuando cursé Familia con la doctora Kemelmajer, rendí y me invitó a formar parte de su grupo de investigación. Empecé a trabajar con ella, que es además quien me dirige en el Conicet. Conocer a Aída me cambió las perspectivas.
-Al final nunca fuiste mochilera…
-No, finalmente cambié la mochila por los libros. Me gustó mucho estudiar, me recibí con premios y apenas me gradué me fui a especializar a Barcelona.
-A tu criterio, ¿por qué no hay ninguna mujer en la Suprema Corte?
-La verdad es que no lo sé. Porque hay mujeres capaces en situación de llegar a la Corte, no es que no se puedan proponer sus nombres porque no hay. No designar a una mujer es un poco ignorar intencionalmente esta perspectiva.
-¿Habría que tomar alguna medida como impulsar un cupo femenino en la Suprema Corte?
– Hay una propuesta de ley para que exista un cupo femenino en la Corte, pero considero que no debería hacer falta una medida de este tipo, sino que se tendría que respetar la idoneidad de las mujeres.
-¿Crees que es una decisión política que así sea?
-En el caso del último nombramiento, Francisco Pérez ya había propuesto los nombres de dos varones en la Corte, ¿por qué la otra posibilidad no fue para una mujer?. Nosotras estamos acostumbradas a que los espacios de poder que no dependen de nosotras, no sean para nosotras. Pero pienso que fue un atropello al respeto por la idoneidad y capacidad de las mujeres de Mendoza.
-Dada tu experiencia en ámbitos internaciones, ¿en otros países del mundo se dan estas alianzas intrínsecas entre religión y política o religión y ley?
-Pasa en algunos países y no necesariamente es el catolicismo el que influencia. Yo soy agnóstica y creo que la religión muchas veces separa y no une. La religión tiene peso, pero ya no tiene la misma fuerza que antes. La gente está empezando a pensar con racionalidad y no desde lo religioso. No puede ser la religión la que rija los principios en un Estado laico. En nuestro país vivimos la particularidad de tener un Papa argentino ha reavivado este fuego. Antes teníamos separación entre Estado y religión y fue cuando se sancionaron leyes maravillosas sobre igualdad de derechos.
-¿Cuál fue la principal consecuencia de este tipo de alianzas en la sanción del nuevo Código Civil?
-Puntualmente el artículo 19, que determina el comienzo de la persona desde el punto de vista jurídico. En este cambio influenció la iglesia. Por suerte la Corte Interamericana de Derechos Humanos vino a establecer, en base al fallo Artavia-Murillo contra Costa Rica que la concepción comienza desde la implantación del óvulo fecundado. Y que la vida es objeto de protección gradual e incremental. Esto aún en nuestro Derecho no está reglamentado. Sin embargo, no tiene porqué influir en materia de aborto. De todas maneras podría discutirse y reglamentarse el tema. La sanción del artículo 19 del nuevo código fue una clara invasión al Estado laico.
-¿Por qué si se ha avanzado tanto en materia de derechos humanos, los derechos de las mujeres siguen siendo relegados?
-En Argentina se han sancionado leyes paradigmáticas respecto de derechos humanos. De hecho, la Ley de Muerte Digna ( 26.742) y la de Identidad de Género (26743) se sancionaron una detrás de la otra. Y no es que se hayan ampliado derechos, sino que se reconocen los derechos de las personas por el simple hecho de ser personas. Sin embargo, en cuanto a igualdad de derechos entre mujeres y varones, hay una deuda pendiente. Pienso que el cambio no sólo debe venir de lo legislativo, sino que debe de ser cultural. Si desde lo cultural seguimos tolerando violaciones a los derechos de las mujeres, de nada sirve la legislación.
-¿Creés que se va a dar el debate sobre legalización del aborto?
-Yo soy escéptica al respecto. Creo que nos falta mucho todavía. Hay un proyecto de ley presentado por la campaña nacional por el aborto legal, seguro y gratuito, pero lo que no hay es voluntad política de tratarlo. Parecería que los derechos de las mujeres tienen un costo político. Cada vez que se negocia, se negocian los derechos de las mujeres. Creo que si los varones tuvieran que pasar por este tipo de situaciones, el aborto estaría legalizado.
-¿Cómo afrontaste la maternidad entre un trabajo y un cúmulo de mandatos sociales que, aunque tratemos de evitar que nos influencien, nos afectan?
-En un principio no quería ser mamá. Después apareció Chloé (3). La verdad es que es difícil, hay un reproche cultural respecto de las mujeres que trabajamos. Chloé está acostumbrada a que trabaje. Nosotras compartimos muchos momentos del día pero yo tengo un compromiso muy grande con mi trabajo. Cuando participé en la redacción del Código Civil estaba embarazada y siento que Chloé participó conmigo. Tengo muchas fotos de esta etapa y quiero contarle a mi hija cuando sea más grande que allí estuvimos, juntas, que fuimos parte de eso.
-¿Qué es lo que priorizas en su educación?
-Lo que intento es darle una educación más igualitaria, libre y respetuosa de ella. Se cría con una madre que ama lo que hace y creo que es bueno para ella que yo trabaje por un mundo mejor. Es bueno militar y que el trabajo que hacemos sirva para algo.
-Igual te sentís muy exigida como trabajadora y madre de una niña pequeña…
– Es difícil llevar adelante logísticas complicadas de cuidado de un hijo y en medio de un trabajo estresante. Todos estos roles de cuidado están depositados en las mujeres y no sólo están sino que se espera que estén, la sociedad lo espera. Me estresa mucho esto. Asumo menos compromisos por ella. Pero hay procesos históricos que no me quiero perder, y me interesa participar en ellos.
-¿Cuál es tu opinión en materia de avances judiciales sobre los nuevos tipos de familias?
-El derecho tiene que reflejar que ya no es “la familia” sino “las familias”, cada vez con más “eses”. Por lo tanto, tiene que ser respetada y protegida legalmente, hay un debate jurídico detrás de esto. El derecho no puede darle la espalda a la realidad. Lo mejor es que se contemplen las realidades que se traduzcan en términos legales. Hay que priorizar el interés superior del niño. Si la familia son tres personas, que sean tres las que realmente respondan.
“Estos cambios nos vienen a poner en evidencia que el derecho va a detrás de lo que pasa. El derecho llega cuando la situación es manifiesta”.
ale.paola@diariouno.net.ar
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