Luciérnagas inspiradoras / Taide María Mocletón

Hace días, por una situación que se presentó en un grupo al que participo activamente, me hacía las siguientes preguntas sobre nosotros los venezolanos: ¿Qué categoría de personas somos los venezolanos? ¿realmente somos personas solidarias, que estamos dispuestas a luchar por un bien común, dispuestos a salir por un momento de la zona de confort por el bienestar de un colectivo?
El motivo de estas preguntas es por las reiteradas ocasiones en las que compruebo, con inmensa tristeza que, para proponer ideas, proyectos, eventos, y mucho más, somos los primeros, en primera fila nos situamos; pero, al momento de “dar vida al proyecto”, nos pasamos a la segunda, tercera y hasta última fila. Peor aún, en la mayoría de los casos, observo que aquel que ha propuesta tal idea, después desaparece en el más profundo mutismo como si eso fuera algo desconocido para él o ella.
Esto sucede también en otros ámbitos u organizaciones sociales. Si, sucede a menudo, por ejemplo: en el condominio, en el colegio, en la iglesia, en una empresa. Sé que es un tema recurrente, que lo decimos muchas veces; una situación que nos afecta y nos desalienta en muchos casos, nos aísla o aleja para no tener que enfrentarnos y de consecuencia sentir malestar, enfado, tristeza o ira.
¿Por qué quiero escribir sobre esto? Porque lo considero preocupante y porque pienso necesario encontrar la raíz de este comportamiento; para tal vez, ser ayudados por especialistas en la materia, para determinar y diseñar un programa educativo con el objetivo de modificar esta conducta tan alienada como patológica.
¿Se puede realmente construir o reconstruir un país como el nuestro con personas cuya actitud sea esta? Es mi inquietud, esto quisiera entender para ayudar. Sé de personas que piensan como yo, conozco personas que sienten mi sentir; escucho entrevistas de personas que me inspiran y me motivan a seguir pensando y actuando de esta manera. No quiero cambiar, no quiero pensar: ¡Todo está perdido en este país!
No he encontrado las respuestas, tal vez es un problema de larga fecha, o una combinación de genes, un problema genético o una mala impostación cultural. Lo cierto es que mucho daño nos hace.
Ahora bien, encontrar a la Asociación Civil Mujer y Ciudadanía fue como encontrar una luz tenue; y me hizo pensar nuevamente que no todo está perdido, que existen muchas “luciérnagas” titilantes que viajan por la noche oscura llevando un mensaje. Eso, un mensaje: ¡Hay una luz, la noche no es oscura ni eterna! ¡Sigue la luz!
Y aquí me encuentro con muchas otras mujeres que no conozco, metidas todas como en una caja grande de sorpresa con inquietudes, preguntas y expectativas; con deseos de aprender para transformarnos y transformar (donde sea oportuno y posible,) delante de un gran desafío y tal vez pensando si lo lograré o no.
Siendo mi primera clase considero que, al menos por estos tres ejercicios iniciales del módulo 1 y tema 1, valió la pena seguir esta luz llamada Asociación Civil Mujer y Ciudadanía. Y como el curso de Redacción contempla leer y leer mucho, puede ser que encuentre la respuesta a mi persistente e inquieta pregunta. Como dijo Víctor Hugo: “Aprender a leer es encender un fuego; cada sílaba pronunciada es una chispa”.
Mi deseo es que al final del curso cada una de las participantes seamos esa chispa “transformadas y transformadoras” de ese hermoso y entrañable país.
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