Maltrato laboral On-Line, también se reinventa en cuarentena / Karina Oval

Muchos de los análisis de comportamiento social surgidos durante esta cuarentena, han revelado que sin duda la vida nos ha cambiado a todos; la angustia, incertidumbre, presiones económicas y preocupaciones familiares no escapan al ámbito laboral.
Así lo vemos reflejado en las nuevas relaciones laborales ahora trasladadas al ámbito online y sus exigencias. Las empresas también han tenido que adaptarse y esta adaptación como todo cambio imprevisto ha traído alteraciones en el manejo de las emociones de jefes, directivos, gerentes y personal que labora en ellas.
La presión económica obliga tanto a dueños como empleados a buscar formas de seguir operando, pero estas no siempre van de la mano con la realidad de los empleados que deben lidiar con mantener conectividad constante, oportuna y eficiente para dar respuesta a las responsabilidades del cargo, en un país donde el servicio de internet banda ancha es precario, irregular e inexistente en algunos casos.
A ello se le suma la presión psicológica que imprimen dueños, jefes o gerentes sobre sus empleados, a quienes le exigen respuestas operativas muchas veces inmediatas, pasando por alto deficiencias y fallas de conectividad que escapan de su responsabilidad como empleado. Tenemos entonces empleados que por miedo a perder el trabajo, recurren a costear sus propios planes de datos en detrimento de su ya de por sí, mermado ingreso económico.
Y por si esto fuera poco, hemos recibido varios testimonios de adultos mayores, docentes y mujeres, en muchos casos madres que desde el inicio de la cuarentena tuvieron que lidiar con la tarea de aprender a ser maestras de sus hijos o nietos, docentes que fueron maltratadas verbalmente por representantes que les exigían respuestas académicas inmediatas, a la par de las exigencias del hogar, todo ello para intentar cumplir cabalmente con sus responsabilidades, dentro de un entorno laboral que no los preparó para estas nuevas exigencias.
Muchas de estas personas adicionalmente deben vivir las presiones que genera el no contar siempre con las posibilidades de dar respuesta inmediata a las exigencias laborales ahora sincrónicas, es más el tiempo que están sin conectividad a internet que con ella; sin mencionar las constantes fallas eléctricas que limitan todo tipo de trabajo virtual. Esta realidad ajena a su disposición, eficiencia y responsabilidad laboral, hace que en reiteradas oportunidades para poder cumplir con su trabajo tengan que recurrir a sus ingresos para pagar paquetes de datos de telefonía privada que se agotan con rapidez por la nueva dinámica laboral, sin que ello sea reconocido ni compensado económicamente.
De igual forma hemos recibido testimonios de mujeres que han sido víctimas de los nuevos maltratos laborales ahora virtuales, insultos, sarcasmos, comentarios hirientes o doble sentido, humillaciones y amenazas, son al parecer algunas de las variadas formas de exigir cumplimiento de obligaciones ahora vía Online por parte de patronos, jefes o gerentes, los canales para ejercer los mismos son grupos de whatsapp, reuniones en ZOOM, Skype, o correos electrónicos. Algunos ocurren de manera pública ante la nueva virtualidad, otros a modo privado, vía mensajes de texto, whatsapp o correo. Dichos maltratos vienen justificados de supuestas exigencias laborales incumplidas o respondidas de manera extemporáneas.
Me permito citar textualmente uno de los mensajes recibidos por una de estas mujeres que ha sido víctima de las nuevas formas de violencia silenciosa online o virtual: “Que sucede si no tengo computadora, celular, luz, Wi-fi, dispositivo de internet móvil, plan de datos, saldo, megas, etc. ¿Soy un mala empleada por no poder cumplir; ante un escenario que dista mucho de ser mi culpa?…”
Y parafraseando sus palabras seguidas de esta afirmación, la nueva realidad social y mundial que nos ha tocado vivir, exige de todos los sectores, comprensión y respeto al ser humano.
El gremio de empresarios, patronos y jefes, debe empezar a reconocer que tener ya de por si una fuerza laboral activa y comprometida en su nómina, es un activo tan o más importante e invaluable que el mercantil en un país donde los salarios muchas veces representan para los empleados, un aporte y no una garantía de sustento.
En tal sentido, exigimos el cese de los abusos de poder que se esconden ahora tras la virtualidad, esa que ya no tiene que dar la cara, esa que se atreve con ligereza a amenazar con despidos, presionar o acusar a un empleado de incumplimiento cuando este no responde con la celeridad que desea.
Considero necesario brindar a esa fuerza laboral en especial a las mujeres y adultos mayores un mensaje de reconocimiento y valor, a fin de que ellas mismas visualicen su poder dentro de la Organización como empleadas o en el rol que cada quien ocupa, y aprendan a limitar los abusos de poder, exigiendo ante todo valoración de su compromiso y trabajo.
En agradecimiento a todas esas personas que se atrevieron a contarme su historia, hoy me convierto en voz de cada uno de ellos para visibilizar estas nuevas formas de violencia virtual laboral, y exigir para ellos respeto y consideración como ser humano.
Artículo de Opinión:
Lic. Karina Oval. Politóloga. Educadora. Asesora en Programas de Prevención, Certificada por la Oficina Nacional Antidrogas (ONA). Promotora en Derechos de la Mujer y Niños, Niñas, Adolescentes. @serconsultoria.ve
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