Mujeres en el Consejo/Carlos A. Dumois/Siglo XXI

Los empresarios ya no se conforman con tener un Consejo de Administración. Ahora quieren tener un buen Consejo, que de verdad les ayude y les aporte valor. Y encuentran que no lo lograrán admitiendo la participación de muchos miembros de su familia, de varios de sus ejecutivos y un par de consejeros externos.
Entonces suelen querer un Consejo más compacto, donde los consejeros externos sean la mitad o la mayoría. Y muchos establecen que quieren al menos que uno de ellos sea mujer. Y encuentran que hay muy pocas mujeres con buenas experiencias como miembros de Consejos de Administración.
Algunos países han legislado el número de mujeres que debe haber como mínimo en el Consejo. El Gobierno alemán acaba de establecer que las grandes empresas deben tener cuando menos un 30% de miembros que sean mujeres en el Consejo.
Hoy en día menos del 20% de esos Consejos están compuestos por mujeres. Ahora tienen un plazo para transformar la composición de sus juntas directivas.
También Bélgica, Italia, Islandia y Holanda han establecido sus cuotas. Noruega, España y Francia han fijado que un porcentaje mínimo del 40% de sus integrantes deben ser mujeres.
En Gran Bretaña no hay cuotas obligatorias, pero hay un movimiento creciente hacia el objetivo de llegar al 30% de integrantes femeninas. En los Estados Unidos también ha habido un incremento en la participación de consejeras, aunque ahora solo llegan a constituir el 17%. En Latinoamérica no ha habido movimientos significativos buscando incrementar la participación femenina en los Consejos.
Es absurda la forma como este movimiento está ocurriendo. El tema es más un asunto político y social que un asunto verdaderamente empresarial. No se está buscando mejorar el funcionamiento de los sistemas de gobierno corporativo; no se trata de mejorar la calidad de las decisiones más trascendentes; no se pretende mejorar el ejercicio de la Dueñez® compartida.
En el fondo es solamente un debate sobre la equidad de género. Como si ser miembro del Consejo fuera solamente un privilegio o un derecho o un asunto de género.
Personalmente he buscado que haya más mujeres en muchos Consejos. He conocido a muchas consejeras extraordinarias que han sido de enorme valor para las empresas que sirven en sus juntas.
No tengo duda de que la mujer aporta valores y talentos en los que tiene clara superioridad sobre el hombre; pero de eso a poner una cuota de mujeres para manejar los Consejos de Administración no significará por sí mismo ningún cambio relevante y efectivo.
Estas leyes vienen a enredar y entorpecer aún más los requisitos del “Compliance corporativo” (cumplimiento de normas) en muchos países. Está demostrado que esa maraña legislativa no propicia que el ejercicio de la Dueñez sea más profesional, serio o efectivo. Ejércitos de consejeros en muchos países nada conocen ni entienden de cómo crean riqueza las empresas donde participan.
El camino no es hacer cumplir normas, aunque eso ayude a la transparencia y a evitar fraudes corporativos. La prioridad es mejorar la calidad de los Consejos y sus consejeros. Canadá lo ha hecho de modo diferente: ha promovido programas de certificación de consejeros liderados por el Instituto de Consejeros Corporativos (ICD por sus siglas en inglés).
Y así, miles de miembros de Consejos canadienses han mejorado la calidad de los consejeros externos de muchas compañías. Esos programas están diseñados para crear un ambiente de pensamiento innovador e independiente en los Consejos de Administración.
Hacen falta esos programas en nuestros países. Nos falta trabajar en el tema de Gobierno Corporativo y de sus integrantes. Ojalá muchas mujeres latinoamericanas se preparen para convertirse en brillantes miembros de Consejo.
Hay que encontrar a los mejores consejeros que podamos tener. Sean hombres o mujeres, lo importante es su capacidad de compromiso, así como sus talentos, experiencias y relaciones. Eso es lo que hará que nuestros Consejos crezcan y nos ayuden a tomar mejores decisiones.
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