Mujeres negras, latinas y nativas: las trabajadoras más expuestas a la pobreza por la dependencia de las propinas

Hay cinco millones de trabajadores en Estados Unidos que necesitan de los extras de los clientes para alcanzar el salario mínimo, el 70% mujeres

Una mesera trabaja en un restaurante en Houston (Texas), apenas levantada la cuarentena, en mayo de 2020.CALLAGHAN O’HARE (BLOOMBERG)

Fuente: El País (España)
Por: Patricia Caro
13 de junio 2024

Calcular cuál debe ser el porcentaje de la cuenta que debe añadirse para cubrir el servicio forma parte de la experiencia de cualquier cliente de hostelería en Estados Unidos. Si hace unos años un 10% era adecuado, ahora cualquier cantidad por debajo del 20% parece insuficiente, dejando a muchos consumidores con la sensación de que la cuenta, al final, está por encima de lo que esperaban. Lo cierto es que la propina, justificada por algunos y vilipendiada por otros, es parte fundamental del salario de casi cinco millones de trabajadores en todo el país. O mejor dicho, de muchas trabajadoras, pues 7 de cada 10 empleados dependientes de propinas son mujeres. Y entre ellas, las latinas están sobrerrepresentadas. A pesar de suponer el 7,9% de la fuerza laboral total, el 12,9% necesita este plus para subsistir.

Proporción de trabajadores en la fuerza laboral general y con propinas por grupos demográficos seleccionados

Un informe del Centro Nacional de Derecho de la Mujer, presentado este miércoles, advierte de que la dependencia de las propinas aumenta el riesgo de vivir bajo el umbral de la pobreza, que en 2023 se situó en unos ingresos de 20.000 dólares anuales para una familia de dos adultos y en 30.000 dólares para una familia de dos adultos y dos niños. No obstante, debido al encarecimiento de la compra y la vivienda, incluso aquellos que duplican ese límite viven “casi en la pobreza, donde una emergencia médica, un recorte de horarios o cualquier gasto inesperado puede significar que no tengan dinero para pagar las necesidades básicas como comida, alquiler o el cuidado del los hijos”, apunta el informe.

Tres de cada 10 mujeres que dependen de estos empleos viven en o cerca de la línea de pobreza, y más de un 10% por debajo de ella, casi el doble del total de las mujeres presentes en el mercado laboral. Estos empleos generalmente ofrecen horarios inestables y carecen de beneficios como un seguro médico o la posibilidad de que se cubran días por enfermedad. El problema es mayor aún si las mujeres son nativas, afroamericanas o latinas.

Proporción de trabajadores que reciben propinas y viven en la pobreza o cerca de ella varía significativamente según los grupos demográficos seleccionados.

Las diferencias también se dan por Estados. La situación mejora en aquellos donde el empleador paga el salario mínimo por ley federal, que es de 7,25 dólares por hora desde 2009. Desde hace más de tres décadas, sin embargo, la ley permite que en algunos Estados el empleador pague solo 2,13 dólares por hora, completando el resto hasta el mínimo federal establecido con propinas. En caso de que estas no sean suficientes, el empleador pagaría el resto, aunque en muchos casos es difícil de comprobar y no se cumple. En los Estados de Alaska, California, Minnesota, Montana, Nevada y Oregón, donde el empleador está obligado a pagar un salario justo, cubriendo por completo el mínimo estatal sin incluir las propinas, el índice de pobreza entre las mujeres es un 30% menor que en los que se paga solo 2,13 dólares por hora.

Mayor riesgo de acoso sexual

El hecho de depender de las propinas supone, además, que las mujeres se enfrenten a un mayor riesgo de sufrir acoso sexual, “ya que pueden sentirse obligadas a tolerar comportamientos inapropiados por parte de los clientes” para conseguir un extra mayor, señala el informe. Los tipos de empleos que dependen de la generosidad del usuario están por lo general peor pagados y las mujeres se llevan la peor parte: ganan 84 céntimos por cada dólar obtenido por los hombres. La brecha salarial también se agranda en el caso de las latinas, las nativas y las asiáticas estadounidenses de las islas del Pacífico, en comparación con las mujeres blancas no hispanas.

La precariedad en este sector de la población ha llegado a la campaña electoral y el candidato republicano, Donald Trump, ha querido atraerse su voto prometiendo que eliminará los impuestos de las propinas. “Esta es la primera vez que he dicho esto, y los empleados de hoteles y la gente que recibe propinas van a estar muy felices porque cuando llegue al Gobierno no vamos a cobrar impuestos por las propinas”, dijo el domingo pasado ante miles de seguidores en un mitin de campaña en Las Vegas.

En un comunicado, Ted Pappageorge, el secretario del Sindicato de Trabajadores Culinarios, que reúne a más de 60.000 trabajadores en Nevada, respondió: “Desde hace décadas el Sindicato ha luchado por los derechos de los trabajadores dependientes de propinas y en contra de una imposición injusta. Definitivamente se necesita alivio para los ingresos de las propinas, pero los trabajadores de Nevada son lo suficientemente listos para saber la diferencia entre soluciones reales y las promesas de campaña de un convicto”.

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