Palabras de la Sra. Yuma Sato en la Graduación del Diplomado Mujeres como Agentes de Cambio – Universidad Monteávila

Sra. Yuma Sato

(19 septiembre 2025) Me gustaría compartir con ustedes algunas palabras, en las cuales, quiero hacer énfasis en el cambio de la situación que rodea a la mujer japonesa en estos últimos 40 o 45 años.

Cada vez que sale una nueva versión del “Global Gender Gap Report”, medios de comunicación en Japón se escandalizan ante la mala ubicación de Japón en el ranking mundial. Este año nos sitúa como el centésimo décimo octavo país dentro de 148 países del mundo.

Así que el Japón tiene mucho que hacer hasta conseguir la igualdad de género cabalmente. Sin embargo, la mujer japonesa es muy famosa por estar en la cima de un ranking por muchos años, la esperanza de vida. Vivimos 6 años más que los hombres japoneses, claro en promedio. El 88% de los centenarios que viven en Japón, son mujeres. De aquí que la dificultad de vivir en Japón como mujer no es tanto como la imagen del centésimo décimo octavo país.

Aunque he comenzado mi presentación con números y rankings, no quiero terminar con una enumeración de cifras. Prefiero hablar anécdotas de mi vida personal. Pertenezco a la promoción académica más indicada para tratar el desarrollo de la mujer y la igualdad de género en Japón.

Creo que aquí hace falta explicar dos cosas:

Punto 1. El desarrollo de la participación femenina en la sociedad japonesa está marcado por La Ley de Igualdad de Oportunidades y Trato entre Hombres y Mujeres en el Empleo. Esa ley fue un gran logro para la mujer japonesa y representó un antes y un después en la historia de Japón.

Punto 2. En Japón prácticamente todos los egresados comienzan a ser empleados a partir del 1ro de abril después de recibir sus títulos académicos en marzo.

Esto significa que todos los estudiantes de una promoción buscan trabajo en un mismo período del año y por primera vez en su vida enfrentan la realidad del mundo laboral.

Por eso las chicas que quisieron conseguir un empleo en el año 1987, como yo, por primera vez en la historia de Japón estuvimos protegidas por la Ley de Igualdad de Oportunidades ante la discriminación por género.

Esta ley entró en vigor en el año 1986. Antes de tener esta ley, muchas empresas reclutaban recursos humanos solo entre hombres sin ningún problema legal ni moral. En 1986, para el sector público y las grandes empresas ya era imposible decir “no hay cupo para mujeres.” Por eso digo que estuvimos protegidas. De hecho, no sentía desprecio a la mujer mientras buscaba trabajo.

Se llama “la primera generación con la Ley de Igualdad” las mujeres que entraron en el mundo laboral entre 1987 y 1990 con intención de trabajar hasta su jubilación. Esta generación está representada por un rostro. Su Majestad La Emperatriz Masako entró en el Ministerio de Relaciones Exteriores en el mismo año que yo. Fuimos compañeras de trabajo.

Yo empecé a pensar en ser diplomática en el primer año de bachillerato. Me interesaba trabajar fuera de mi propio país. En esa época las empresas privadas raramente enviaban a sus trabajadoras femeninas al extranjero.

El Ministerio de Relaciones Exteriores enviaba a todos los nuevos diplomáticos, hombres y mujeres.

En Japón la educación obligatoria es 6 años de primaria y 3 años de secundaria. Luego, se puede estudiar la educación media, que dura 3 años.

Durante mi segundo año de educación media, en una clase de historia mundial, el profesor dijo “no hay necesidad de elecciones para nombrar a los ejecutivos del consejo estudiantil. Como en Atenas de antigua Grecia los más ricos podían ser parlamentarios, los estudiantes con los mejores puntajes académicos son adecuados para ocupar los cargos y representar el alumnado.”

Hablaba con un tono de humor y hasta ahí yo una chica de 17 años escuchaba la explicación tranquilamente. Pero él siguió. “Las mujeres no. Su categoría es igual a la de esclavos.”

Me quedé paralizada. Yo era la vicepresidenta del consejo estudiantil.

30 años más tarde, como madre yo estaba acompañando a mi hijo en varios colegios de bachillerato, antes del examen de admisión. Mi hijo quería ir a un colegio mixto, pero yo también le llevé a algunos colegios masculinos.

En una visita pregunté puntos fuertes de los colegios masculinos, el director dijo “Señora, hoy en día, en colegios mixtos las chicas toman el liderazgo. Les quitan oportunidades a los chicos. Mejor enfrentar a esa fuerza femenina después de entrar en la universidad.”

Puedo deducir que los adultos -maestros y profesores- han venido aprendiendo sobre la igualdad de género. Los niños y jóvenes han ido liberándose de los estereotipos obsoletos por sexo. Las cosas que pasan en las escuelas pesan mucho en el cambio de la sociedad en los siguientes años en mi país.

Las escuelas no solo son lugares para estudiar asignaturas. Allí convierten los niños en japoneses. Es lo que dice un documental del 2023 “The Making of a Japanese” y estoy de acuerdo.

Hasta aquí he elogiado la Ley de Igualdad, pero en realidad no fue una ley perfecta para conseguir igualdad de género en la sociedad japonesa. Por ejemplo, tardó hasta 1997 para prohibir los tratos desiguales entre hombres y mujeres. Antes solamente exigía esfuerzos para lograr los tratos iguales. Gracias a los nuevos sistemas y reglas a nivel nacional y en cada empresa particular, cada vez más mujeres trabajan por más años.

Yo dejé mi carrera diplomática en 1998. En vez de quedarme sola trabajando en Chile con mi hijo antes de cumplir su primer año, elegí vivir como ama de casa junto con mi esposo y mi hijo en México.

A partir de 2014 los funcionarios estatales pueden recibir la licencia para acompañar al cónyuge en el extranjero por 3 años. Ahora mismo, la esposa de nuestro cónsul está disfrutando de esta licencia.

El gobierno del Japón, la sociedad japonesa, los hombres y las mujeres de mi país estamos conscientes de que crear un ambiente donde cada mujer pueda brillar desempeñando un rol que elige voluntariamente es beneficioso para todos, no solo para la mujer.

Ese entorno donde la mujer contribuye trae la diversidad de puntos de vista y ayuda a la innovación. Así el país crece económicamente y consigue un gran desarrollo. Es decir, puede mejorar las vidas del pueblo entero. Por eso establecemos nuevas leyes, cambiamos varias estructuras y reformamos muchos sistemas, para facilitar la participación de la mujer en todos los aspectos.

Aquí cabe mencionar “Womenomics” política económica del Gobierno del Sr. Shinzo Abe, Primer Ministro del Japón desde 2012 hasta 2020. Debido a esta política, aumentó la participación de la mujer en el mundo laboral, pero no conseguimos una mayor promoción de la mujer entre ejecutivos de alto rango ni en el mundo político. Últimamente nos sentimos estancados. Nos hemos dado cuenta de que la barrera es la mentalidad.

En mayo, estuve en Japón por vacaciones. Un día en una clínica cerca de mi casa, llegó un hombre, de unos 30 y tantos años y un rato después se presentó en el lugar su esposa con su hijo. El padre y la madre coordinaron quién podía ir antes a la clínica para conseguir un turno para su hijo y quién podía ir a recoger al hijo en la guardería. Luego de 10-15 minutos en la sala de espera todavía no les tocaba. El padre se levanta y dice: “Estaré preparando nuestra cena. Los espero en casa.”

Yo pensé “Qué maravilla el esposo y la esposa en total igualdad cooperando.”

Me da pena decirlo, pero no es usual.

Quiero mostrar un gráfico basado en datos publicados por la OCDE.

Se trata del balance en términos de tiempo, entre el trabajo pagado y trabajo no-pagado. El “Trabajo no- pagado” corresponde prácticamente a tareas de la casa incluyendo el cuidado a los niños u otro miembro de la familia.

Fíjense en la proporción, en Japón la mujer se dedica 5,5 veces más largo tiempo al trabajo no pagado que el hombre. La diferencia entre los dos sexos del Japón es demasiado grande.

No siempre se debe a que los hombres obligan a sus esposas a hacer las tareas del hogar. La mujer japonesa se siente incómoda al pedir a su esposo que prepare comidas, limpien habitaciones y hagan la lavandería.

También incomoda comprar comidas preparadas y pagar a una empleada del hogar. Creo que damos demasiada importancia a las comidas hechas en casa, comer deliciosamente, nutricionalmente y economizar los costes. Es algo cultural. Cuando uno quiere un ascenso en su trabajo pagado, quiere dedicarle más tiempo a ese trabajo.

Hace 15 años, cuando vivía en Miami varias mujeres me dijeron “yo no cocino”. En Japón hoy en día todavía es difícil encontrar a una mujer que lo diga en público, aunque existen esposas y madres que no cocinan todos los días. Nos da vergüenza decir “no cocino”.

El pueblo japonés es muy sentimental, me parece.

Quiero terminar mi intervención con un video que filmé a dos cuadras de mi casa en Tokio.

Desde hace décadas hay una discusión sobre el cambio del año académico en mi país. Comienza en abril y termina en marzo. Para facilitar que los jóvenes vayan a estudiar en el extranjero se ha propuesto cambiar que el inicio sea en septiembre como en otros muchos países. Entre varias razones para no modificarlo siempre aparecen opiniones que dicen “queremos un comienzo del año académico decorado de SAKURA, flores de cerezo.” La lógica no vence fácilmente al sentimiento

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