Pildoritas para recordar a la ciudadanía / Inés Cecilia Ferrero Kellerhoff

Inés Cecilia Ferrero Kellerhoff

Aunque tal vez muchos lectores tengan esto claro,  no está demás repetirlo, especialmente por formar parte de los temas clave para nuestra formación ciudadana. Vale hasta para la narrativa popular y cotidiana, en vista de lo que a veces se escucha hasta en programas deportivos en donde algunos locutores se confunden al identificar el país de procedencia de algún equipo. ¡A todos los denominan “repúblicas”!  Y también se da la circunstancia de sólo considerar “república” a aquellos países que son demócratas. Dejan por fuera a dictaduras o autocracias,  aunque éstas no tengan a la cabeza de sus gobiernos ningún rey, ni príncipe o gobernante hereditario por leyes sucesorales, sino a un dictador o a un grupo militar opresor. 

Lo opuesto a una República es una Monarquía.   Todas las colonias americanas formaron parte de las monarquías española, inglesa, francesa y portuguesa  durante lo que se conoce como la “Edad Moderna” (300 años aproximadamente).  Paulatinamente fueron dejando las monarquías para ser repúblicas en el siglo XVIII.  Pero muchas continuaron con gobiernos centralizados como lo habían aprendido de sus colonizadores.  Interesante resulta ser la historia de los Estados Unidos de Norteamérica.  Ellos se convirtieron en republicas que luego se confederaron.  Cada una tuvo orígenes distintos y por eso no formaban una sola nación inicialmente. Las  pioneras fueron 13 colonias.  La historia es larga y a ratos sangrienta hasta llegar a la Federación que hoy tienen.  Son Repúblicas Federadas que han preferido la democracia a la autocracia.  No ocurrió igual con las colonias americanas.  A lo largo de su historia se han dado dictaduras muy férreas y democracias perfectibles.  Gobiernos centrales y gobiernos federales. Pero todas son REPÚBLICAS desde el momento que rompieron con sus respectivos gobiernos absolutistas monárquicos.  En la historia de la humanidad hay “repúblicas populares”  que no  respetan para nada los DDHH pero no por ello son “monarquías”.  Son, simplemente,  dictaduras que al llamarse “populares” ya se creen con el derecho a llamarse demócratas,  siendo regímenes opresores y crueles con su población pero repúblicas, al fin, por no contar con reyes o  monarcas.  Y hoy día, siglo XXI, contamos con varias monarquías parlamentarias cuyos principios democráticos las han llevado a ser consideradas de respeto, con sus respectivas diferencias estructurales, como la inglesa y la española.  Los reyes allí no son los déspotas absolutistas que gobernaron durante los siglos XV, XVI y XVII. 

Insistimos, una monarquía puede hoy día gobernar y respetar los principios democráticos, los derechos humanos, etc.,  pero una república no lo es, definitivamente, si tiene a la cabeza del gobierno a un monarca. 

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