Rompiendo nuestras barreras invisibles| Por: Lourdes Ocampo Coria

¿En qué momento ser humildes se convirtió en un obstáculo para el reconocimiento de nuestras fortalezas?

Lourdes Ocampo Coria

Fuente: Expansión Mujer
8 de marzo 2024

En los últimos años se ha hecho tangible el esfuerzo por rescatar la figura de muchas mujeres que, siendo líderes en sus respectivos campos, fueron olvidadas por la historiografía. Es esencial seguir visibilizando las acciones de tantas mujeres que a lo largo de la historia se han llenado de valor y esforzado por romper barreras cimentadas en estereotipos, prejuicios y sistemas de creencias que descalifican las aportaciones femeninas.

Entre las exigencias a las que se enfrentaban estas líderes invisibilizadas estaba ser humildes, quedarse en espera de que sus talentos fueran reconocidos por alguien más. Probablemente sea un buen momento para replantearnos qué es en realidad la humildad.

Como virtud se refiere a la cualidad de no considerarse más importante que otros, independientemente de los propios logros o estatus. Es el reconocimiento de nuestras limitaciones y errores, y la apertura a aprender y crecer a partir de ellos. La humildad también implica valorar y respetar a los demás, mostrando empatía y comprensión hacia sus experiencias y puntos de vista. En esencia, ser humilde promueve la igualdad, el respeto mutuo, el crecimiento personal y el de los demás; sin embargo, parte de una sana conciencia de uno mismo.

¿En qué momento ser humildes se convirtió en un obstáculo para el reconocimiento de las fortalezas? ¿Por qué la autoconciencia de talentos, habilidades y rasgos positivos de personalidad tendría que ser reprimida –o autorreprimida— si constituye una de las habilidades más importantes de la inteligencia emocional? ¿Cómo podemos romper estos patrones de pensamiento para liberar nuestro potencial y el de quienes nos rodean? Si nos atrevemos a llevar esas fortalezas a la acción, seremos capaces de transformar nuestro entorno de una forma más ágil y efectiva.

Joanna Barsh, directora emérita de McKinsey & Company, define las fortalezas desde la perspectiva de su modelo de liderazgo centrado (Centered Leadership), promoviendo la autorreflexión, el crecimiento y la eficacia profesional. Joanna sugiere que una fortaleza no se limita simplemente a habilidades o competencias técnicas, sino que también abarca la capacidad de una persona para encontrar propósito en su trabajo, ver los desafíos desde una perspectiva positiva, construir relaciones significativas, tomar decisiones y gestionar su energía de manera efectiva.

Trabajar las fortalezas es un ejercicio profundo que demanda atrevernos a enfrentar nuestros miedos más arraigados, el terror a sentir que no somos suficientemente buenas, inteligentes, audaces, ambiciosas, capaces, bellas, agradables… la lista puede crecer y crecer, así como las consecuencias nocivas para la autoestima y seguridad personal, dando lugar al llamado síndrome del impostor. Este trastorno psicológico tiene su base en el sentimiento negativo de enfocarnos en aquello que nos falta, en lugar de valorar las cualidades que se poseen. Es un fenómeno que experimentan muchas personas –hombres y mujeres—, que bajo la máscara de actitudes perfeccionistas, se restan poder y alejan de su mejor versión.

¿Serán todos estos pensamientos y temores realmente invisibles? Si hacemos un ejercicio de aceptar la presencia de estos pensamientos invasivos y reconocer lo irracional de su influencia, podemos entonces analizarlos y recuperar nuestra valía. Te comparto una lista de posibles acciones para lograrlo:

– Tests de autoevaluación: Recomiendo ampliamente el cuestionario de 24 fortalezas de Martin Seligman, que pueden encontrar en el portal Authentic Happiness de la Universidad de Pensilvania.

– Feedback 360 Grados: Recibir retroalimentación de colegas, supervisores, amigos y familiares puede ser revelador. A menudo, los demás pueden ver en nosotras fortalezas que nosotras mismas no reconocemos.

– Mentoría y coaching: Estos procesos pueden ayudarnos a identificar y cultivar fortalezas a través de estrategias personalizadas para superar obstáculos y alcanzar objetivos.

– Talleres de capacitación: Participar en cursos y programas de capacitación enfocados en el liderazgo femenino, la autoconfianza y el desarrollo de habilidades puede proporcionar herramientas prácticas y conocimientos para identificar y aprovechar las propias fortalezas.

– Redes de Apoyo: Unirnos a grupos de apoyo o redes profesionales de mujeres ofrece un espacio seguro para explorar y compartir experiencias, desafíos y éxitos, además de inspirarnos y aprender de las fortalezas de otras.

– Literatura y recursos en línea: La lista delibros, artículos y podcasts es interminable.

– Prácticas de mindfulness y autoconciencia: Técnicas de meditación y ejercicios de conciencia plena pueden ayudar a mejorar la autoconciencia.

– Ejercicios de visualización: Visualiza éxitos pasados o imagina logros futuros pueden ser poderosas para reconocer las propias capacidades y fortalezas.

El camino hacia el reconocimiento de nuestras propias fortalezas no es fácil. Pero ser valientes nos invita a mirar a nuestro interior para descubrir y abrazar las cualidades únicas que nos definen y distinguen. Cada paso hacia el autoconocimiento y la autoafirmación no solo ilumina nuestra vida, sino que también sirve como faro para otros. Al reconocer y celebrar nuestras fortalezas, cultivamos un mundo donde la autenticidad y el coraje florecen, inspirando a la vez a quienes nos rodean a vivir con mayor plenitud y propósito.

Nota del editor: Lourdes Ocampo Coria es líder académica del programa ejecutivo Women Leading Organizations y profesora de cátedra de EGADE Business School Guadalajara. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.


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