Soledad Bravo: “Hasta que siga viva, estaré cantando”

Tras acompañar a Natalia Lafourcade en su concierto en Caracas, la artista reflexiona sobre la vida y la muerte

Fuente: El Universal

Por Dulce María Ramos

10 de septiembre 2023

Su último recuerdo cuando abandonó España es el de su abuela paterna Soledad, de quien lleva su nombre, con su figura menuda, el cabello blanco recogido en un moño, vestida de negro y cantando sevillanas con su guitarra. Esa mujer le dijo que sería una celebridad y así lo hizo en Venezuela y en gran parte del mundo.

Días atrás Soledad Bravo se quedó en la memoria de muchos jóvenes gracias a Natalia Lafourcade, quien regresó a Venezuela a dar un concierto en la Concha Acústica de Bello Monte en Caracas, después de diez años. “Ella me dio ese aliento fresco que te inspira”, afirma Bravo. Lo que algunos ignoran es que la venezolana fue amiga de Gastón Lafourcade cuando este se exilió en México por la dictadura de Pinochet, de ahí que para Natalia no solo era conocida la voz de Bravo, también su imagen en los álbumes familiares. “Lo más bonito de ese encuentro es el aprecio de la gente joven. Las canciones permiten esa conexión con los sentimientos, las ideas, la musicalidad, aunque existan diferencias de edad”, agrega.

-Usted habla de su carrera y dice “soy una artista que va de salida”.

-El 13 de noviembre cumpliré ochenta años. Cuando tuve Covid-19 quedé muy sentida, tengo algunas secuelas que aún siento al caminar. Yo ya hice lo que tenía que hacer, aunque siempre hay una ventana abierta a lo novedoso, a la ilusión. Uno nunca pierde la ilusión y siempre tiene proyectos. Quiero celebrar mis ochenta años en las tablas. A mí me encanta cantar, lo disfruto. Hasta que siga viva, estaré cantando.

-¿Está satisfecha con su carrera?
-Ha sido maravillosa, he hecho todo que he querido, siempre con pasión y mucha fe, aunque estuviera equivocada. Cuando empecé era una trovadora y en algún momento determinado quise soltar la guitarra y liberarme un poco, era un escudo, proyectaba una cosa intensa y al mismo tiempo era presa, porque musicalmente todo tiene un techo, más cuando uno es autodidacta, así que busqué otras posibilidades de expresión, otros horizontes y crecer, eso es lo que más me importaba.

-¿Qué ha representado para usted ser una mujer artista?
-Para nadie es un secreto que históricamente la mujer siempre ha estado en segundo plano y que todas las victorias que se han conseguido en el ámbito artístico y político son importantes. Yo no soy feminista a ultranza, pero sí me importa mucho la libertad de las mujeres, nosotras somos distintas a los hombres. Ha sido una lucha fuerte, y hay que seguir.

-Pertenece a una generación con un pensamiento crítico ante la vida.
-Soy una mujer de la posguerra. En la época de los sesenta el mundo estaba muy convulsionado por el conflicto en Vietnam, la revolución cubana, las consecuencias de las guerras mundiales. Mi padre, que era maestro, participó en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil española, estuvo cinco años preso y un año condenado a pena de muerte, esas cosas marcan una manera de pensar.

“Ella me dio ese aliento fresco que te inspira”, afirma la artista sobre Natalia Lafourcade (JENIFER CUSUMANO/ CUSICA)

-¿Qué futuro les dejará a sus nietos?
-Lamentablemente siempre existirá la guerra. Es normal que a todos los seres humanos le preocupe su descendencia, que el futuro no sea tan oscuro. Uno siempre quiere un mundo mejor para las nuevas generaciones. La vida y sus luchas no son solo cuando uno está, también cuando uno no esté.

-Ha sido testigo de muchos exilios, dictaduras, de personas que han tenido que abandonar sus países, ahora lo vive el país.
-Me hace sufrir todos los días, yo hablo de esto y se me quiebra la voz. Conmigo todavía están mi hija y mis nietos, pero gran parte de mi familia y amigos no. También a esta edad pasa otra cosa que es triste: vas viendo cómo van desapareciendo los que te han rodeado, el año pasado nos dejó Pablo Milanés. Lamento que la situación venezolana haya provocado ese éxodo. Uno no puede vivir con ese fardo tan pesado que es la ausencia. Antes éramos un receptor de tantos exilios, de tantas migraciones de españoles, italianos y portugueses que ayudaron a construir el país. La ruptura de raíces es muy difícil volverla a recomponer, ojalá la situación mejore y vuelvan.

-Ante esto que relata, ¿cuál es su relación con la muerte?
-La muerte siempre está acompañándonos, es una sombra detrás de nosotros. Me he pasado toda la vida aprendiendo a vivir, no sé si lo he logrado, pero nunca me han enseñado a morir. Da miedo, sí. Todos le tenemos miedo a la muerte, menos los poetas como Javier Heraud o César Vallejo. En algún momento tenemos que enfrentarla de cerca, yo hace poco con el Covid. La vida es hermosa, pero desgraciadamente tiene su fin.

-¿Una canción que la represente?
-He luchado contra la nostalgia con mis cantos de esperanza. Hay canciones muy bonitas que ya son universales como Gracias a la vida, que la canté con Natalia, es un canto que pone en alto la existencia y al mismo tiempo es una despedida a ella.

-La otra sería Tonada de luna llena, que también cantó con Lafourcade.
-Cuando comencé a viajar, en los años setenta, cantaba esa canción con mi guitarra como un talismán. Era una ensoñación, cerraba mis ojos y veía los llanos, los paseos con mis padres y así lograba conectarme con mi país que estaba lejos y con el público aunque hablaran en otro idioma. Recuerdo también el día que conocí a Susana Baca en el Festival de Agua Dulce (1972), Perú, y ahí ella se aprendió la canción.

-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por donde mira Soledad Bravo?
-A veces está muy cerrada y tengo que hacer grandes esfuerzos por abrirla con esperanza, con un panorama amplio, para ser una mejor persona y comprender a los otros.

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