Deporte y género / Ana Patricia Láng

A lo largo de la historia, las mujeres se han enfrentado a múltiples retos para abrirse lugar en el mundo del deporte. La discriminación basada en prejuicios y estándares de género que asocian la actividad física normada con características “naturalmente masculinas”, fuerza física y velocidad; así como los estereotipos de belleza, el cuerpo “ideal femenino”, fueron durante años motivos por los cuales no tenían permitido participar de ninguna forma en este ámbito.
La representación femenina en los Juegos Olímpicos es relativamente reciente, las mujeres empezaron a competir en pruebas de Golf y de Tenis en 1900 en París; en 1904 en San Luis se añadió el Tiro con Arco y más adelante, también participaron en las regatas de vela y Patinaje Artístico en los Juegos de 1908.
Las mujeres han logrado avanzar y conquistar nuevos espacios en este sentido, los Juegos Olímpicos Tokio 2020 marcan un hito importante, siendo las olimpiadas con mayor paridad de género hasta el momento. Según cifras oficiales casi el 49% de atletas que participaron son mujeres, adicionalmente el programa fue diseñado para dar la misma cobertura y visibilidad a los eventos femeninos y masculinos.
Aunque en los últimos años los avances han sido significativos con una tendencia a igualar la participación y acceso de las mujeres en materia deportiva, aún queda mucho camino por recorrer. Entre los grandes desafíos que enfrenta el género se encuentran el acceso a recursos económicos, instalaciones, becas, premios, oportunidades de profesionalización y acceso a puestos de toma de decisión.
Los eventos deportivos son un espacio importante para transmitir mensajes de inclusión, invitar a la reflexión y contribuir al empoderamiento de la mujer. Los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad; pueden fomentar estereotipos de género que desmotiven a niñas y mujeres a participar en espacios deportivos o, por el contrario, utilizar su espacio e influencia para construir la noticia de una manera diferente, con una perspectiva que no se base en el género, que no las describa desde su aspecto físico, ni se les defina por medio de una comparativa con los representantes masculinos.
La familia y la escuela también tienen un rol fundamental, para superar las desigualdades las niñas deben tener el mismo acceso a actividades físicas y deportivas que los niños; se debe evitar encasillar a las niñas en deportes como baile y gimnasia; permitir la libre elección según los gustos e intereses y diseñar espacios deportivos donde la participación sea libre e igualitaria.
El deporte es un elemento universal, se encuentra en todas las culturas, el deporte simboliza y es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad, por tanto, es un aliado en la lucha contra la desigualdad y discriminación basada en género. Es imperativo aprovechar esos espacios para hacer visible lo invisible, contar historias que promuevan la reflexión y el debate.
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