La Levadura en la Masa: tejer la ciudadanía entre la utopía y la realidad| Por: Norma Serrano

Norma Serrano

(2 junio 2026) La resignación es, en el fondo, una forma silenciosa de rendirse; una renuncia a nuestro papel como ciudadanas y como motor de cambio. Cuando las cosas van mal, es muy fácil caer en la trampa de encogerse de hombros, suspirar y conformarse con ese lamento de que «es lo que nos tocó y nada se puede hacer». Pero quienes trabajamos de cerca con la gente sabemos que no podemos cruzarnos de brazos esperando que el tiempo acomode las cosas. La reconstrucción de un país fracturado va mucho más allá de la coyuntura del momento o de levantar paredes; el verdadero reto es decidir qué valores van a sostener a esa sociedad. No se trata solo de reformar estructuras, sino de devolverle la dignidad a cada persona.

Hace poco, en el foro por el 52° aniversario de CESAP, escuché reflexiones muy profundas, pero hubo una intervención del Padre Luis Ugalde que me tocó especialmente. Él nos invitó a mirarnos hacia adentro con una metáfora muy potente: nos recordó que las organizaciones civiles debemos ser como la levadura en la masa. Esto significa entender que nuestro rol no es trabajar de forma aislada, sino meternos en el cuerpo de las comunidades para, con constancia y desde adentro, generar una transformación real. Ser levadura es impregnar el entorno de principios, poniendo la ética en el centro para que la ciudadanía crezca con bases sólidas.

El Padre Ugalde recordaba cómo en su infancia se horneaba el pan para toda la semana, y ponía el foco en ese puñado de levadura: algo diminuto, casi invisible frente a los kilos de harina, pero con la fuerza necesaria para transformarlo todo. En Mujer y Ciudadanía vivimos ese principio a diario. Históricamente, las mujeres hemos sido esa levadura en la sociedad; una fuerza constante que, muchas veces sin hacer ruido, impulsa los derechos, sostiene los hogares y lidera los cambios en las comunidades. Para nosotras, construir ciudadanía no es teoría; es un trabajo diario que hacemos desde el feminismo positivo. Buscamos el empoderamiento y la autonomía de las mujeres porque estamos convencidas de que, al integrarlas como actoras fundamentales en alianza con todos los sectores, es como realmente avanzamos hacia una sociedad plural e incluyente. No pretendemos ser una masa que se impone a la fuerza, sino esa minoría activa que acompaña, inspira y transforma.

Este camino solo es posible a través de la educación y de una ética viva, que no se quede en los manuales. Hablo de una mirada inclusiva que defienda una vida digna para todos, sin distinción. Esa ética toma forma en las aulas, en los talleres y en cada rincón del país, sin importar la procedencia, la ideología o el género de la gente. Se nota cuando somos capaces de ver el potencial de alguien a quien el entorno —o incluso ella misma— ya daba por perdido. Educar es, en esencia, romper ese techo mental del «yo no sirvo para esto» y ayudar al otro a descubrir de qué es capaz.

Me gustó mucho cómo el Padre Ugalde abordó esa vieja tensión entre la utopía y la realidad, algo que vivimos a diario en el activismo. A veces, la utopía se sube a las nubes y mira con desdén a la realidad por ser imperfecta; mientras tanto, la realidad se burla de la utopía acusándola de ingenua. El gran arte de quienes trabajamos con los pies en el barro está en saber tejer con ambos hilos. Necesitamos la utopía para no conformarnos y empujar el cambio, pero también la realidad para que los sueños tengan piso y no se los lleve el viento.

Frente al pesimismo que a veces nos rodea, la tesis de la levadura nos exige tener fe en la gente. Significa llegar a una comunidad y no ver solamente carencias o vulnerabilidad, sino descubrir el potencial de lo que esas personas pueden lograr si reciben las herramientas adecuadas y alguien cree en ellas. Cuando se siembra esa confianza, la gente termina haciendo cosas que creía imposibles.

En Mujer y Ciudadanía buscamos que esta idea se traduzca en acciones puntuales. Los ejes de articulación, confianza, inteligencia cívica, empoderamiento y protección son nuestro día a día. Es en el terreno donde la levadura hace su trabajo. Con los desafíos tan complejos que tenemos por delante, tengo claro que el camino no es aislarnos, sino seguir tejiendo alianzas estratégicas para fortalecer el tejido social.

Al final, ser levadura implica aceptar que, aunque en las estadísticas parezcamos pocos, tenemos la responsabilidad de mantener encendida una llama que contagie a los demás. En ese equilibrio tan difícil —el de soñar en grande pero manteniendo los pies muy bien puestos sobre la tierra— es donde nos jugamos la oportunidad de sanar al país desde sus bases.
Quiero cerrar dejando un reconocimiento muy sincero a todo el equipo de CESAP. Su verdadero legado es el andamiaje social que han construido en estos 52 años: miles de líderes formados y listos para activar la maquinaria productiva, ética y ciudadana que Venezuela necesita. ¡Felicidades por seguir siendo «La Casa de Todos»!

Norma Serrano: Magíster en Desarrollo Humano, egresada del Diplomado «Mujeres como Agentes de Cambio» organizado por la asociación civil Mujer y Ciudadanía en conjunto con la Universidad Monteávila. Miembro del Equipo de Coordinación de Mujer y Ciudadanía

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