Venezuela en modo supervivencia
. – La hora cero nos estremece, la certeza de que perdimos horas porque no tuvimos unas maquinarias en el momento que se necesitaban, porque en el país mas rico del mundo en reservas petroleras no había gasolina para mover las maquinas, solo hubo voluntad, manos a quienes no les importo abrir heridas para sacar sus muertos

(30 junio 2026) En la mañana después de las pocas horas que logro dormir en esta vigilia que nos mantiene a todos los venezolanos desde el 24 de junio en que el doble terremoto taladro nuestra conciencia y sentimientos y nos llevó hacia la percepción de nuestra gran fragilidad. Paso de mi cuarto a la sala donde grandes ventanales están vacíos. Me quedé sin ventanas, recogí muchos vidrios, pero no pude apaciguar mi tristeza ante las imágenes de miles de compatriotas que murieron, que perdieron todo y es que la rabia empieza a desplazar al dolor y creo que todos lo sentimos así.
Cinco días después del doble sismo que sacudió el norte de Venezuela, las posibilidades de hallar señales de vida bajo las losas de cemento son mínimas, y los vecinos se sienten abandonados. Agotados e impotentes. Muchos no se han despegado de los edificios donde saben que siguen atrapados sus seres queridos. Ahora, ya, probablemente, muertos. La frustración se dispara entre ellos, contra los rescatistas que no llegan y contra las autoridades.
No ha empezado el luto, no ha habido tiempo
El luto no ha empezado, estamos en modo supervivencia. El alcance de la catástrofe aún es imposible de calcular, pero es enorme. Los dos terremotos son los más destructivos que ha sufrido el país en más de un siglo. La ONU calcula que más de 50.000 personas siguen desaparecidas, pero todos sabemos que hay muchos mas
En la calle decenas de cadáveres hinchados, desnudos, alineados. Una parcela entera. La crisis de salud pública ya es un nuevo reto. En los hospitales, en el suelo entre cartones los heridos crecen día a día. ¿Es que acaso no sabíamos que en nuestros hospitales no hay nada, ni una pastilla para el dolor de cabeza?, nuestros Hospitales hace tiempo que están destartalados sin nada, la crisis asistencial ya estaba., imagina ahora con esta catástrofe
Las maquinas 48 horas después
“¡Máquinas! ¡Queremos máquinas! ¡Estamos cansados! ¡Mi hijo está ahí dentro!”. El hombre, cubierto de polvo, con la mascarilla mugrienta caída en la barbilla, grita afónico con el puño en alto. Está fuera de sí. No solo las torres se cayeron en La Guaira los barrios pobres, donde las torres no tienen vistas al mar ni piscina, sino pisos de protección oficial para familias humildes. ¿De qué hablamos, de las Misiones viviendas donde montan guardia desde hace cinco días los vecinos de la conocida como torre Oppe33, de La Guaira que se cayó como una barajita? Ellos no se duchan, apenas comen. Duermen de noche en un descampado y de día escarban. La historia se repite en varios lugares de La Guaira y en el corazón de Caracas en la avenida Libertador los que recibieron apartamentos en La Campiña nuevamente conocen lo que es ser un damnificado, el sueño se terminó, pero por lo menos tienen la suerte de estar vivos
Las primeras excavadoras llegaron a la zona de desastre el domingo, 48 horas después, hace falta maquinaria capaz de levantar y picar los forjados que han caído unos sobre otros, plegados como un acordeón. En el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo no había combustible para poner las maquinas en marcha. La escasez de gasolina y un apagón que dejó a oscuras buena parte del litoral han lastrado el rescate desde el primer día.
La solidaridad internacional
La ayuda internacional ha llegado a toneladas. Casi 3.000 rescatistas extranjeros —de Turquía, Chile, México, El Salvador, España, Estados Unidos o Qatar— se reparten por los escombros con su tecnología. Los cataríes han traído incluso sus brillantes camiones de bomberos, que contrastan con las ambulancias destartaladas que recorren La Guaira. El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, narra en directo en sus redes cada cuerpo que sus equipos localizan con vida.
Los vídeos de incidentes se multiplican en las redes. Reflejan sobre todo la rabia contra funcionarios paseándose por las calles, pero no picando piedra como los demás; y, en definitiva, contra cualquier autoridad. “¡Aquí hay más fusiles que palas, hermano!”, dice un hombre en un video. Las tensiones crecen también entre los propios vecinos. Una emergencia humanitaria sobre otra en la zona del desastre. Y es que, en mi país, en esta Venezuela que tanto amamos la emergencia ya existía, el dolor ha dado paso a la rabia. Sentimos miedo ante las réplicas, examinamos cada pared, bajamos y subimos escaleras, recordamos aquel chorro que quedo abierto en el momento del terremoto, las fotografías de nuestros seres queridos que se cayeron, la llamada que intentamos hacer y no pudimos, la conciencia de que un desastre muy grande se había producido, el café que ahora recorre esas escaleras para compartir en la mañana, la puerta que no cerramos, la muda de ropa en un bojotico preparada para correr. El dolor ha cedido ante la impotencia y la rabia. No podremos olvidar lo que pasó y nos costará reconstruir estos pedazos rotos, pero lo lograremos.
Por: Ernestina Herrera, Periodista
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